YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE
Buena la ha hecho la Generalitat Valenciana por aplicar el ingenio a la educación. Dispuesto el gobierno del Partido Popular a llevar a cabo su cruzada contra la asignatura de Educación para la ciudadanía, y sin mayores argumentos para oponerse a lo que, a todas luces, es beneficioso para formación de un adolescente, el Govern de Francisco Camps topó con la fórmula magistral de hacer que las clases se dieran en inglés. Peor habría sido elegir la lengua de Shakespeare para la Literatura española, digo yo, pero como esperpento no está nada mal.
Do you speak Spanish?
Tan gran nivel alcanza el disparate que la manera mejor que se les ocurrió a los próceres valencianos para arreglarlo no fue otra que la de poner dos profesores en clase: uno que anima a comportarse como miembros de la polis, pero en inglés, y otro que vierte las lecciones al castellano. Habida cuenta de que el catalán —perdón, el valenciano— es también lengua oficial en esa comunidad, tal vez habría sido mejor subir hasta tres el número de los docentes. En época de mucho paro, cualquier remedio capaz de aliviarlo llega como agua de mayo.
Traducciones para todos
Pero lo más hermoso de la idea del ejecutivo valenciano, capaz de dejar a Marcel Duchamp reducido al papel de aprendiz, es que no tiene por qué limitarse a algo tan manido como la enseñanza en colegios e institutos. Sería magnífico extender la iniciativa, por ejemplo, a la Cortes, ofreciendo traducción simultánea que permitiese a cualquiera entender las soflamas de portavoces y diputados sin más que verter los eufemismos, las paráfrasis, los insultos y los errores sintácticos a un castellano digno de tal consideración. Verdad es que, de tal suerte, un discurso de media hora igual podía reducirse a un simple “hasta luego, Lucas”, pero la concisión es una virtud en sí misma y, en política, un premio inesperado.
Los experimentos, con gaseosa
Voces envidiosas se han levantado condenando a Camps y a sus consejeros por el hallazgo de la traducción simultánea como arma política. Sostienen los críticos que las peleas barriobajeras no han de hacerse usando a los escolares como arma arrojadiza y víctimas, todo a la vez. Pero ya dijo Fidel Castro que no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos. Que lo que se rompa sea en este caso toda una generación de bachilleres importa poco si comparamos esa minucia con la gloria de los padres de la patria.
CON CEDILLA// SEBASTIÀ ALZAMORA
Todo este serial de la memoria histórica, con el último capítulo, de momento, protagonizado por el juez Garzón y su iniciativa de procesar al franquismo (a buenas horas, mangas verdes) me trae a la memoria –disculpen la redundancia–, la obra de Salvador Espriu, uno de los colosos del siglo pasado. En su Primera història d’Esther, Espriu escribió unas palabras célebres: Atorgueu-vos sense defallences, ara i en créixer, de grans i de vells, una almoina recíproca de perdó i tolerancia. Eviteu el màxim crim, el pecat de la guerra entre germans (algo así como Otorgaos sin desfallecer, ahora y cuando crezcáis, de mayores y de ancianos, una limosna recíproca de perdón y tolerancia. Evitad el crimen máximo, el pecado de la guerra entre hermanos, y discúlpenme otra vez por la traducción improvisada).
En la obra de Espriu son frecuentes fragmentos como éste, e incluso libros enteros (los poemas de La pell de brau, por ejemplo), dedicados a difundir la necesidad del perdón mutuo después del gran desastre de la Guerra Civil. Por supuesto, Espriu no hablaba por hablar: él mismo había visto cómo la guerra se llevaba por delante el mundo en el que había crecido, esa Catalunya todavía noucentista, civilizada, industriosa y algo remilgada que poco antes él había caricaturizado con mordacidad en los relatos de Ariadna al laberint grotesc y que de repente se encontraba hundida y destrozada. En los años cuarenta, el poeta expresó su desolación por la hecatombe en un poema de Cementiri de Sinera que empieza diciendo Els meus ulls ja no saben / sinó contemplar dies / i sols perduts (mis ojos ya no saben sino contemplar días y soles perdidos), las palabras que Llorenç Villalonga eligió para abrir su obra mestra, la novela Bearn.
Limosna denegada
Más allá de la constatación del dolor por lo perdido, Espriu comprendió que la única forma de superar las consecuencias de tanta muerte y destrucción era esa limosna de perdón y tolerancia que él reclamaba. Sin embargo, esa dádiva nunca fue concedida. En su lugar, se perpetró el invento llamado Transición, oficialmente modélica porque no murió (casi) nadie, pero que básicamente consistió en que los vencidos (y humillados durante 40 años) se callaran para que los vencedores pudieran cambiarse la camisa y aparecer como demócratas convencidos de toda la vida. La guerra, la dictadura y sus consecuencias nunca fueron superadas por este camino. Como no habitamos las mentes ni los corazones de los genios, se hace imposible conjeturar qué diría Espriu si levantara hoy la cabeza y viera dónde y cómo estamos. Pero lo que es evidente es que su limosna recíproca de perdón y tolerancia no parecía ir, ni mucho menos, por aquí. Y aún menos otras palabras suyas, aún más difíciles e incómodas: Quin delicte no té / cap dret a l’amnistia? (¿Qué delito no tiene ningún derecho a la amnistía?)
DE AQUÍ PARA ALLÁ// MARTÍN CASARIEGO
“A veces es difícil, pero, con esfuerzo, siempre es posible mirar a otro lado”. Frases como ésta van marcando el paso –nunca mejor dicho, pues es, entre otras cosas, una novela sobre la guerra- de Abril (Lengua de Trapo), el último libro de Carlos Eugenio López.
Humor
Que este escritor, que inició con El orador cautivo (1997) una carrera sostenida y brillante, no sea conocido por el gran público, es una cuestión de azar (prefiero ser optimista). En Abril, en primera persona, con un humor inteligente y un estilo sencillo (y por lo tanto, difícil de conseguir), narra la historia de un inocente joven que, en un futuro indeterminado, aunque bastante cercano, y tras ver que con su licenciatura en Ciencias del Medioambiente no tiene posibilidad de encontrar trabajo (“ya entonces empezaba a sospechar que la vida es una carrera en la que todos llegamos los últimos”), se alista en el ejército para obtener el título de fontanero.
Giro
Pero sus planes se complican cuando a quien se le da, también se le exige; cuando le envían al frente; cuando el mal hace su aparición. Tras ver los síntomas de la enfermedad moral del protagonista (que es la nuestra, la de nuestra sociedad), empezaremos a atisbar las consecuencias, y nuestra sonrisa, a transformarse en una mueca. Hacia la mitad de la novela Abril da un giro que, aun siendo de 180º, no resulta brusco, prueba de habilidad en la conducción. Es como si atravesáramos una pared, o (porque se hace menos realista) un espejo deformante. Y mientras todo se derrumba, asistimos a una triste historia de amor que funda sus esperanzas en la huida, y entonces Abril se convierte en una novela sobre la necesidad de los sueños para seguir viviendo.
Un barco de recreo y las cataratas
Leyéndola, he tenido la sensación de subirme a una embarcación de recreo, que empieza a navegar por un río que fluye manso, tranquilo. Los pasajeros sonreímos, la travesía es muy agradable, placentera. Nos dejamos conquistar por ese ambiente, olvidamos que había, desde el principio, aquí y allá, señales que deberían habernos puesto sobre aviso. De pronto, empezamos a oír un ruido, un rumor sordo, en la distancia. La corriente empieza a ir más rápido, hay espuma en el agua. El ruido se va haciendo más fuerte y cercano. Comprendemos que esa embarcación de recreo se dirige hacia unas cataratas. Si el antihéroe de Abril cae por ellas, si las evita, o si Carlos Eugenio López lo deja en el aire, es algo que no revelaré aquí. A quien tenga curiosidad por saberlo, le espera una lectura muy divertida, que hace reflexionar en su engañosa ligereza.
HORÓSCOPO CHINO// JULIO VILLANUEVA CHANG
Un día, mientras caminaba de un lado al otro en su apartamento del Kremlin, Stalin aplastó la cabeza de su loro con una pipa: el dictador no pudo tolerar que un pájaro enjaulado imitara su costumbre de escupir. Desde tiempos bíblicos, todos los inventos del hombre han convivido con sus imitaciones, réplicas, falsificaciones, ecos y herencias.
Jonathan Lethem, el novelista de La fortaleza de la soledad, es de quienes creen que la originalidad es una virtud sobreestimada. Desde adolescente, ha tenido apetito y simpatía por el collage artístico, y el arte que más lo ha entusiasmado es el de un autor endeudado en sus temas y estilos. A Lethem lo desconcierta la reacción policiaca de gente que denuncia apropiaciones y préstamos en lugar de disfrutar de los beneficios de la influencia de un artista sobre otro. Harto de la tiranía del copyright y su avaricia de convertir todo en propiedad privada, escribió el provocador The Ecstasy of Influence, a Plagiarism (traducido como Contra la originalidad por Tumbona Ediciones), un ensayo que Lethem construyó con frases sin comillas, citadas o parafraseadas de otros autores a quienes agradece al final del texto para pagar su deuda.
Desde Shakespeare hasta Dan Brown han sido acusados de plagio, aunque Lethem prefiere usar la palabra “apropiación” y cree que la “colaboración sublimada” es uno de los fundamentos naturales de cualquier creación. Las tijeras y el pegamento son para Lethem instrumentos normales de cualquier escritor, artista plástico o músico. Uno de sus emblemas es Bob Dylan, quien ha saqueado para sus canciones fragmentos de películas de Hollywood, de un poeta estadounidense del siglo XIX, de un médico y escritor japonés y del propio Shakespeare: consecuente de sus originales desmanes, nunca ha llamado a su abogado cuando alguien canta en la ducha o fuera de ella un pedazo de sus canciones. Hemingway hizo famoso a John Donne por rescatar su frase “nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti” para el título de su libro. El collage es según Lethem la mayor forma del arte de los últimos siglos.
“En esencia, todas las ideas son de segunda mano, tomadas consciente o inconscientemente de millones de fuentes externas”. El plagio es para él una semilla inevitable, pero el mal plagio se reconoce apenas se ve por no añadir valor que transforme lo prestado en algo nuevo. En ese sentido, Lethem niega que Nabokov sea un plagiario por haber tomado prestado el argumento del relato Lolita, publicado cuarenta años antes por Heinz Von Lichberg. Como contraejemplo, acusa a Disney de plagiario imperial que ha robado ideas a diestro y siniestro, pero que sobreprotege con un ejército de abogados a sus criaturas compuestas con el método Frankenstein. Lethem lo llama “la hipocresía de las fuentes” y no se traga la falsedad del monopolio.
LETRAS DE CAMBIO// EVA ORÚE
Era la pregunta: ¿Qué hace un profesor de ética en el Planeta?, y el filósofo se había preparado la respuesta: Es un juego, hay que tomarlo como tal, ha servido durante medio siglo para promocionar la literatura.
Limpieza
Voy a la estantería, busco Ética para Amador. “Saber lo que nos conviene, es decir: distinguir entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir –todos sin excepción– por la cuenta que nos trae”. No me quiero poner estupenda, la de que el Planeta ha sido una eficaz arma de fomento de la lectura es una justificación tan buena como cualquier otra. Además, no vamos a remover otra vez las entrañas de este premio, aunque haya quien, inocente o memo, prefiera no verlas. Un premio que se cocina a fuego lento, que no es un antojo (¡Hombre, Fulano, tú por aquí! Precisamente no sabíamos a quién darle estos 600.000 euracos…): la editorial trabaja con el elegido desde mucho antes del verano. Y a pesar de las precauciones, a veces el nombre se filtra, yo misma publiqué a principios del junio que el ganador sería “un filósofo con gafas pintureras”. En cuanto a la farsa de la votación… todo rito tiene sus servidumbres, ¿no?
Premios
Ninguno está libre de sospecha. Ni siquiera los que van de limpios. ¿Por qué Le Clézio ha ganado el Nobel?, no dejan de preguntarse quienes no lo entienden. Porque -sospechan- es francés, y tocaba un francés. ¿Por qué la Academia Sueca desprecia a la literatura estadounidense, quizá la más fecunda e innovadora? Porque -y no hace falta imaginar: lo explicó el secretario permanente de la Academia- es marginal. ¡Como si su elegido 2008 no lo fuera! El común de los lectores, incorregibles, esperamos cada año que los sabios nórdicos nos hagan el regalo de un nombre indiscutible, con influencia y proyección. Pero, a pesar de su calidad, no hay mucho de eso en la obra y la figura del galo errante. Ni en las de tantos otros entronizados, cabría añadir.
¿Entonces?
Conformémonos con pensar que la etiqueta “Nobel” potenciará las ventas de un autor que merece ser conocido, y que con Savater Planeta consolida el viraje iniciado tras la escandalosa designación de Maria de la Pau Janer, escritora sin prestigio ni tirón. Pombo se prestó a ello, y luego Millás, éste con resultados óptimos, puesto que acaba de obtener el Nacional de Narrativa con esa novela que podía haber sido sólo carne de galardón. Ya puestos, al menos que sea buena.
Nota al margen: ¿será verdad que Suma ha pagado 600.000 euros por la trilogía vampírica de Guillermo del Toro? La francesa Presses de la Cité la ha conseguido por “sólo” 400.000…
UNO DE LOS NUESTROS// PEIO H. RIAÑO
Lo aprendí de la publicidad: las apariencias engañan. Con esta precaución uno puede llegar a ver en un cómic en apariencia de lo más amable, una amenaza para el relato narcisista de la belleza. Así, la existencia humana se hace absurda e irónica en los lapiceros del dibujante noruego Jason (Molde, 1965), del que leemos una nueva entrega (siempre breve) de sus trabajos: Yo maté a Adolf Hitler (Astiberri). Vuelven los personajes antropomórficos, los seres patéticos, desatinados y afligidos por su incapacidad para tomar las riendas de su historia. Vuelve el guión redondo, el relato sin gaseosa, los giros hábiles, que arman el cuerpo creativo del autor más silencioso y vehemente.
Tópicos
La máquina del tiempo de Jason es un cliché infalible: una bola redonda metálica con espacio suficiente para una persona agachada, con remaches por todas partes, una puerta como de submarino y un asiento con cinturón de seguridad frente a un botón, que al pulsarlo te manda al año y lugar que necesitas. El salto del tiempo hasta marea. Más tópicos no caben, pero entran con mucho gusto porque se hace a la rica parodia de todo el discurso fantástico de este tipo de chismes. Así es como el científico judío, con bata blanca y laboratorio en el sótano, contrata al asesino a sueldo, con gabardina beis y oficina con ventilador y archivadores metálicos. Le contrata para matar a Adolf Hitler en un viaje sin precedentes. Jason no renuncia a la ironía nunca, la cuela en los detalles más nimios y aparentemente ingenuos: la máquina necesita tanta energía que solo puede utilizarse cada 50 años; Hitler, lleno de curiosidad, se cuela en ella y salta al futuro, donde sobrevive a su asesinato gracias a un ejemplar del Mein Kampf
en su chaqueta (cómo no), que para la bala a su corazón…
Atípicos
Si todavía no le conoces, hay una buena hoguera en la que quemarse: ¡Chhht!, Espera…,
¿Por qué haces esto? y No me dejes nunca, son otros libros para conocer el ritmo de Jason. Mientras nos hace hombres rodeados de amor, soledad, tristeza, alienación y muerte, termina es un ser melancólico. Marionetas en busca de un papel en la vida, propios de Buster Keaton y Jim Jarmusch. Toda esta ruina existencial empieza en una línea clara, fría y evocadora, elegante y minimalista, y acaba complicándose en la trama de estos tipos inexpresivos y solitarios que han asumido que la felicidad no es para ellos. Ni para nadie: la máquina del tiempo prototípica que no para de ir para atrás y para adelante –buscando el hecho perfecto que deje a la Humanidad en su sitio– es una excusa que aviva el relato de una relación imposible entre una pareja que no quiere dejar de serlo. Ahí está todo Jason, en las elipsis, en los silencios que debemos resolver, que creemos haber zanjado y que terminan traicionando lo que uno se había pensado.
DE AQUÍ PARA ALLÁ//MARTÍN CASARIEGO
El primer single del nuevo disco de Bunbury toma como título la frase que acompaña la fotografía de mi hermano Pedro Casariego Córdoba (1955-1993) cuando se abre su página web: Soy el hombre delgado que no flaqueará jamás.
Poeta muerto, poesía viva
Quince años después de su muerte, su poesía sigue viva (en 2003 Seix-Barral publicó Poemas encadenados. 1977-1987, prácticamente su obra poética completa; en estos días Tansonville reeditará uno de sus libros principales, Maquillaje. Letanía de pómulos y pánicos). Aunque jugaba con la idea de hacerlo, y pusiera en duda su autoría, Pedro no copiaba, creaba. Y, de hecho, en lugar de copiar sin citar, hacía lo contrario, atribuyendo versos suyos a escritores imaginarios. Por ejemplo, en una entrevista en Sur Exprés, realizada por escrito, por lo que Pedro la consideraba parte de su obra literaria, decía: “Voy a recitarles un verso del injustamente olvidado poeta finlandés Lasse Vainio.”. El verso del inventado Vainio era de Pedro, del poema Barnízate: “Van Gogh quiere pintarte los labios antes de morir”.
Juntar palabras
“Nuestras palabras / nos impiden hablar. / Parecía imposible. / Nuestras propias palabras”. Así se abre La risa de Dios (1978), otro de sus libros. Evidentemente, Pe Cas Cor no ha sido el primero –ni el último- en abordar el problema de la incomunicación y el de la imposibilidad de atrapar con el lenguaje la complejidad del mundo, pero él encontró esa manera de expresarlo. Eso es lo que hacen los poetas: buscar el modo de juntar las palabras de una forma nueva, original, iluminadora.
Leer, citar, copiar
“Algo huele a podrido en Dinamarca” es una frase tan conocida que no es imprescindible citar a Shakespeare. Pero si se canta “Veo misterios en algunas mujeres y detectives en los hombres de hoy”, lo ético sería citar a quien en 1988 escribió “Veo misterios en algunas mujeres y detectives en algunos hombres”. Si no se hace, uno está pretendiendo hacer pasar por suyas esas palabras. Afortunadamente, es falso que todo el mundo lo haga. Por poner tres ejemplos, la escritora Nuria Amat, el fotógrafo Chema Madoz o el músico Fidel Moreno citaron a Pedro cuando usaron versos suyos. Bunbury no ha mostrado el lado honesto de un cantante. Para ello le habría bastado, sencillamente, con incluir en los créditos de su disco a nuestro hermano, hijo, padre, tío y tantas otras cosas, Pedro Casariego Córdoba. A sus familiares, que jamás hemos hablado de dinero ni de tribunales, sino de decencia, nos habría gustado, y él habría quedado como una persona que lee poesía, y no como alguien que la copia.
¿SOY YO O ES LA GENTE? // ANTONIO OREJUDO
Este periódico ha decidido no incluir suplementos regionales. A mí tampoco me gustan. La prensa regional me deprime. Tiendo a pensar que la noticia que no logra entrar en la sección de nacional carece de importancia. Pero estoy equivocado. Hay asuntos que ya sólo existen ‘regionalmente’. Uno de ellos es la educación pública, cuyo declive se ha acelerado tras el traspaso de sus competencias a las autonomías.
Andalucía bilingüe
Un día Manuel Chaves, presidente de la Junta de Andalucía, se levantó y en vez de estirarse y echarse un pedete, que hubiera sido lo suyo, dijo: hágase la enseñanza bilingüe en Andalucía. Y la enseñanza bilingüe se hizo en Andalucía. Lo que no pudo hacerse tan deprisa como habría querido Chaves fueron los profesores bilingües. Pero ese ya no es un problema del Gran Estadista. Ese es un problema de las delegaciones o de los centros. ¿No hay profesores? Que los hagan. Y efectivamente hubo que habilitar a marchas forzadas, de junio para septiembre, una plantilla de profesores todo lo bilingües que se pudiera. Las entrevistas de trabajo eran bastante rigurosas: ¿Has estado alguna vez en Inglaterra? Sí. Bilingüe. ¿Has estudiado El Inglés con Mil Palabras del Profesor Maurer en CCC? Sí. Bilingüe. Me cuentan que hubo niños que ya sabían inglés de antes, y que iban a clase con algodones en los oídos para que el maestro no les estropeara la pronunciación.
Andalucía igualitaria
Muchos de estos profesores bilingües son reclutados a última hora, poco antes de que empiece el curso, entre los interinos que se han quedado sin plaza. Sensible como es a la calidad de la enseñanza y a la conciliación de la vida familiar y laboral, la Junta de Andalucía no distingue entre provincias andaluzas. Y como todas las provincias son iguales, una maestra interina que acaba de tener trillizos puede ser enviada desde su domicilio en Granada a un colegio de Huelva sin que les tiemble el pulso a las lumbreras de la Consejería de Educación. ¿Qué te tienes que llevar a los trillizos contigo? Te los llevas. ¿Qué los tienes que dejar con la abuela? Pues los dejas; a nosotros qué nos cuentas. Durante ese año la pobre maestra sólo tendrá una cosa en la cabeza: sus trillizos. No creo que le importen mucho los niños a los que supuestamente tiene que formar.
Andalucía socorro.
Parece que la única que se está cargando la enseñanza pública en España es Especulanza Aguirre; pero no es así. Aquí, en el mejor de los mundos posibles, en la Andalucía gestionada por el formidable Manuel Chaves, la enseñanza pública también agoniza entre la desidia y la incompetencia.