Buzón de Voz

Blog de Jesús Maraña

Tengo una pregunta para Alberto Oliart

12 Nov 2009
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Con los mayores respetos para Alberto Oliart, lo más importante de su nombramiento como presidente de RTVE es el hecho de que no sea otro el elegido. Porque ahí radicaba el mayor riesgo que la televisión pública corría a corto plazo tras la renuncia voluntaria de un decepcionado Luis Fernández. Durante los casi tres años de su mandato, consiguió el liderazgo de audiencia para RTVE sin necesidad de utilizar la basura; situó a sus servicios informativos fuera de cualquier debate partidista; profesionalizó la gestión pese a las enormes heridas de un ERE que supuso la salida de 4.150 profesionales (con los que se podrían hacer funcionar tres cadenas privadas); esquivó como pudo a bordo de su Vespa los rejonazos de un consejo de administración con mucho tiempo libre y ganas de enredar; derrochó pasión en la defensa de un modelo público de televisión cuyos fundamentos fueron trastocados desde el propio Gobierno sin siquiera consultarle…

Y cuando ya no soportó más puñaladas, Fernández aceptó el compromiso de aguantar al timón hasta que Zapatero y Rajoy, mano a mano, acordaran un nombre que al menos evitara destrozar de un plumazo la neutralidad conseguida en RTVE. Tengo una pregunta para Oliart: ¿Aportará algo más que el deseado consenso?

Cuando todo vale para recuperar el poder

08 Nov 2009
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Ante una fecha tan redonda como la de hoy, víspera del veinte aniversario de la caída del Muro de Berlín, este buzón de voz pretendía rebotar al aire unas cuantas preguntas sobre el capitalismo, la izquierda y el futuro. Sobre la necesidad de una perestroika en la socialdemocracia o sobre la interesante aportación ideológica de esas fuerzas anticapitalistas que van escalando posiciones en Europa gracias al empeño del socialismo moderado en seguir ejerciendo el papel de camión-escoba del neoliberalismo. Pero resulta que el Partido Popular no da un mínimo margen a la pretensión de discutir sobre aquello que en realidad debería mover cualquier proyecto político: las ideas. No lo permite porque, en un plazo de cuatro días (fagocitado ya ese supermartes en el que Rajoy juró que “no habrá una próxima vez”, al tiempo que esa próxima vez se visualizaba en el desplante de Esperanza Aguirre), el único grupo político con opciones de recuperar el Gobierno ha demostrado por penúltima vez que lo que menos le importa en su estrategia de oposición son las ideas. Confiado en que el paro y la incertidumbre económica serán las dos grúas que sacarán a Zapatero de la Moncloa, el PP se lanza al más simple oportunismo político sin importarle hacer trizas cualquier mimbre de un Estado de Derecho.

Ese “todo vale” con tal de recuperar el poder (pegamento mágico que suele tapar las grietas internas por profundas que sean) ha quedado estos días meridianamente expuesto en dos asuntos de extrema gravedad: la crisis del secuestro del Alakrana y la denuncia del sistema de escuchas Sitel.

Apropiarse de las víctimas

El PP tiene ya mucha práctica en la fea costumbre de ejercer como único y exclusivo defensor de las víctimas, ya sean del terrorismo etarra o del islamista. El pasado jueves, a los pocos minutos de conocerse el ultimátum de los piratas somalíes, que amenazaba con empezar a matar rehenes, los máximos dirigentes del PP lanzaron sus dentaduras sobre el cuello del Gobierno utilizando la legítima y comprensible angustia de las familias de los pescadores secuestrados. Aunque resulte increíble en cualquier otro país que ha sufrido chantajes similares, el principal grupo de la oposición propone que el Gobierno se haga responsable del pago del rescate exigido por los terroristas y que se cumpla también su exigencia de extraditar a los dos piratas encarcelados en Madrid por orden judicial.

El giro copernicano del PP en política antiterrorista no es apto para cardiacos, incluso cuando quien lo argumenta es alguno de sus líderes supuestamente más centrados. El presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, proclamó anteayer en Los Desayunos de TVE que “la justicia e interpretación de normas debe tener en cuenta la situación, el contexto en que se aplica; hay rehenes, y Gobierno y justicia deben trabajar juntos para traerlos a casa”. ¿Es que no recuerdan ni el PP ni Feijóo su posición durante el frustrado proceso de paz con ETA y el caso De Juana Chaos? Pues repasen la hemeroteca, porque el Fiscal General del Estado, Cándido Conde Pumpido, fue injuriado y colgado en la plaza pública por una frase bastante más ambigua.

Lo de Sitel es otro muro que el PP no debería saltar, porque ofende aún más a la inteligencia. Ese sistema de interceptación de comunicaciones que utilizan las fuerzas de seguridad fue encargado y pagado en 2001 con Mariano Rajoy como ministro del Interior. Costó un mínimo de diez millones de euros, pero el Gobierno de Aznar (astro rey de la austeridad en el gasto público) fue incapaz en los tres años siguientes de darle una cobertura legal pese a tener mayoría absoluta. Ahora, el PP se atreve a proclamar que Sitel sirve para realizar escuchas ilegales, entre las que (¡oh, sorpresa!) se incluyen las que sirven como pruebas de la trama Gürtel. Es decir, con tal de boicotear la investigación de la corrupción, al PP no le importa acusar sin evidencia alguna a Gobierno, fiscales y policías de un delito continuado “contra los derechos fundamentales”.

Curiosa coincidencia: en 30 años de democracia, sólo dos grupos políticos han denunciado reiteradamente que en España no existe la separación de poderes: uno (Batasuna) es ilegal. El otro aspira a volver a gobernar.

¡Temblad, malditos!, el Santo Job está harto

31 Oct 2009
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Tiene toda la razón Mariano Rajoy: «Santo Job sólo hay uno en la historia». Es más, el Santo Job, cuya existencia 2.000 años antes de Cristo narra la Biblia, difícilmente pudo encontrar acomodo verídico en la historia real. Porque cuesta mucho creer que alguien de carne y hueso soportara la cantidad de putadas que el diablo (de acuerdo con el mismísimo Dios) hizo al bueno de Job con el fin de poner a prueba su santa paciencia. Primero mataron a sus pastores, sirvientes, bueyes, ovejas y camellos. Luego se cargaron a sus diez hijos y, por último, le endilgaron una enfermedad en la piel que le obligó a vivir sentado junto a un vertedero, despreciado por todo bicho viviente. En un instante de lucidez, se supone que Job se atreve a preguntarse si Dios no habrá exagerado “un poco” en el sufrimiento provocado. Y entonces Dios, que no aguanta una broma, presume de haber creado el universo entero con todos sus animales y bienes: «¿Dónde estabas tú entonces, para que ahora vengas a discutirme lo que yo hago?». Job, absolutamente acojonado, se retracta de sus palabras y pide perdón humildemente.

No hace falta un máster en psicología para intuir lo significativo de la comparación que anteayer hizo Rajoy entre su experiencia como presidente del Partido Popular y la historia bíblica del Santo Job. Rajoy anunció que el próximo martes, ante el Comité Ejecutivo Nacional del partido, dará respuesta a «lo que los militantes y los cargos electos del PP están pensando». O sea que Rajoy (en la hipótesis de que sepa lo que piensan los militantes) anuncia un puñetazo en la mesa, una patada a la silla, un grito ensordecedor… ¡Qué sabe nadie lo que es capaz de soltar un Rajoy harto de tanta puñalada! Pues eso. Nadie lo sabe porque no se conoce otro personaje real con más paciencia que el Santo Rajoy. Con una diferencia no despreciable: a Job las desgracias se las enviaba el diablo con el permiso de un Dios incomprensiblemente cruel, mientras que a Rajoy se las van sembrando sus compañeros de partido y periódicos de cabecera, siempre con la inestimable ayuda del propio Rajoy, quien “personalmente en persona” (como diría el delicioso personaje de Andrea Camilleri) se empeña en seguir «echándole una pensada» a la situación mientras la situación lo arrolla de forma inmisericorde.

Hipótesis sobre el Día D

Hace 48 horas que el presidente del PP anunció solemnemente que dentro de otras tantas (el martes, día 3) se abrirán los cielos en la madrileña calle Génova y la voz de Dios impondrá la autoridad que tanto se le reclama desde los múltiples rincones de la derecha. ¿Y qué dirá esa voz para poner fin a la actuación simultánea de las cinco pistas del Circo Ringling en que se ha convertido el Partido Popular?

Este buzón de voz ha intentado recoger las distintas opciones que manejan los sectores enfrentados y el entorno de la dirección nacional. Y la conclusión más creíble queda atravesada por el escepticismo. Los barones regionales no salpicados por escándalos de corrupción (caben en un taxi) exigen a Rajoy que ponga fin al espectáculo ofrecido por el PP de Madrid y de Valencia, feudos fundamentales en el electorado fiel de la derecha. Los más lanzados se atreven a proponer medidas tajantes, como la de nombrar una gestora provisional en Madrid o la de sustituir a Camps por Rita Barberá y adelantar elecciones en Valencia.

Esta segunda posibilidad es más factible, sobre todo si el presidente de la Generalitat es llamado a filas por el Tribunal Supremo. La primera no resulta imaginable, porque dejaría a Esperanza Aguirre a dos metros bajo tierra, pero capaz de resucitar aquel Partido Liberal del que procede, aunque sólo fuera para evitar un triunfo de su entrañable enemigo Ruiz-Gallardón. El personal de derechas (y buena parte del de izquierdas), el mismo que se tapa la nariz ante la corrupción, no perdona un partido dividido en guerrillas internas.

A Job le fueron devueltas finalmente sus riquezas y una felicidad casi eterna como pago a una paciencia masoquista. Rajoy lo tiene más complicado. Aunque el martes proclame castigos a Cobo o una solución al docudrama de Caja Madrid, no podrá evitar el contagio de esa enfermedad dermatológica llamada Luis Bárcenas, su verdadero talón de Aquiles.

Elogio del optimista (sensato)

17 Oct 2009
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Resulta hoy más difícil encontrar un diagnóstico optimista sobre la situación política y económica que ver a una mujer vestida en la mansión de Berlusconi. El pesimismo azota como una gripe A y a menudo da la impresión de que no se basa tanto en los datos objetivos de la realidad como en el temor a salirse de lo políticamente correcto. Y ya se sabe que, mayormente, lo políticamente correcto lo impone la intelectualidad mediática de la derecha, con la inestimable ayuda de esa tropa formada por los progresistas “equidistantes”.

Dos personalidades históricas del socialismo español representan (entre otros muchos) ese discurso aparentemente “responsable” que daña sin descanso cualquier intento de avance por el carril izquierdo de la política.

Por un lado, el comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, ex ministro, ex secretario general del PSOE y ex candidato a la presidencia del Gobierno después de ser rechazado como cartel electoral por las propias bases socialistas.

Por otro, Enrique Múgica, veterano socialista con más de treinta años de experiencia a bordo de un coche oficial y Defensor del Pueblo con tal capacidad de adaptación que a veces uno sospecha que podría darse el caso de no existir el pueblo pero sí su defensor Enrique Múgica.

Centrémonos en el primero. Poco antes del verano, los pronósticos vaticinaban para España una recesión “larga y profunda”, de modo que nadie se atrevía a imaginar un dato de crecimiento “positivo” antes del año 2012. La realidad visualizada es tan fugaz como el cometa Halley y los medios nos dedicamos a reproducir la declaracionitis incontinente de políticos y expertos de toda lid, así que la memoria colectiva galopa hacia la extinción.

Hoy, la mayoría de los gurús de la economía (los mismos que no olieron siquiera la que se nos venía encima hace un par de años) sostiene que España entrará en vías de recuperación durante el primer semestre de 2010. Lo cual no quiere decir que por esas fechas ya se esté creando nuevo empleo o que el sector de la construcción vuelva a las vacas gordas. Simplemente significa que la economía española no seguirá mermando sino que volverá a crecer.

Incertidumbre y frivolidad

Aunque resulte de una obviedad casi ofensiva, conviene aclarar que uno no aspira a que sus gobernantes le engañen. Dicho en cristiano: el ciudadano no es gilipollas. Si un responsable político tiene datos para afirmar que la economía irá a peor en los próximos seis meses, nadie le exige que mienta, ni que oculte esa realidad. Ahora bien, en el sueldo de los políticos y de las autoridades económicas estatales o globales (que entre todos sufragamos) entra el conocimiento de las bases de la evolución económica. Puede objetarse que ese análisis es multipolar y que nada tienen que ver las tesis de John Maynard Keynes con las de Milton Friedman. Correcto.

Pero ninguna escuela de pensamiento económico puede negar a estas alturas que el factor psicológico condiciona sensiblemente el futuro de la economía. Si se siembra la incertidumbre entre los ciudadanos, estos limitan el gasto e incrementan el ahorro, hasta el punto de que en la suma total pueden incluso paralizar el sistema.

Joaquín Almunia no pierde oportunidad para advertir de todas las calamidades que se ciernen sobre España: tan pronto exige un control estricto del déficit público como pronostica el grave riesgo que a su juicio corren las pensiones. Gracias, comisario. ¿Y no le parece significativa la facilidad con la que se pierden en este país puestos de trabajo en cuanto vienen mal dadas? ¿No considera su obligación insistir en el control del fraude fiscal o en la gravación de los beneficios empresariales o bancarios?

Últimamente, desde el FMI a la OCDE prevén en sus informes una recuperación lenta y segura de la economía española. No se trata de vender un optimismo de crecepelos, pero se agradecería simplemente el silencio de quienes no hacen sino cacarear pesimismo o incertidumbre sin aportar soluciones imaginativas, especialmente cuando estas podrían encabronar a los poderosos: a esos mismos cuyas fortunas han sido salvadas en el último año por la aplicación keynesiana del papel del Estado.

Es la verdad: en el PP la fiesta no se acaba nunca

13 Oct 2009
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Lo clavaba en sus memorias Ben Bradlee, el mítico director de The Washington Post: “Si agarras a alguien muy bien por las pelotas, tendrás su corazón y su cerebro”. No se puede asegurar a ciencia cierta por dónde tiene Ricardo Costa agarrado a Francisco Camps ni por dónde tiene Camps agarrado a Mariano Rajoy. De lo que no cabe duda es de que el caso Gürtel une la suerte de los tres.

Cuesta entender de otra forma la ceremonia de la confusión que entre todos provocaron en el día de ayer. O nadie dice la verdad o todos mienten. Ricardo Costa hizo una sorprendente demostración de fuerza. Anunció públicamente que se negaba a aparecer como “chivo expiatorio” y forzó a su jefe a devolver la pelota a la dirección nacional. Camps proclamó ante el Comité Ejecutivo valenciano su plena confianza en Costa y le permitió poner condiciones (una investigación interna y no ser sustituido por nadie en la secretaría general) antes de dejar “temporalmente” su cargo. Y la dirección nacional (muda todo el día) afirmó por escrito que ese Comité regional había “suspendido” a Costa no sólo como número dos sino también como portavoz en las Cortes valencianas, extremo desmentido de inmediato desde el Turia. El único que dijo una verdad contrastada fue el propio Costa: “En el PP la fiesta no se acaba nunca”.

Gritos y abucheos con premeditación y alevosía

12 Oct 2009
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Los sindicatos y la izquierda no tienen tradición de acudir a celebrar la fiesta nacional. Mamaron en la adolescencia aquello que cantaba Paco Ibáñez: “A mí la música militar, nunca me supo levantar”. De modo que no parece fácil adjudicarles los abucheos que año tras año se producen contra el Gobierno, y muy especialmente contra el presidente Zapatero, al principio, al final e incluso durante el desfile de las fuerzas armadas. Salvo en el año 2003, cuando muchos silbidos procedían de las tribunas reservadas a familiares de militares, desde entonces esos silbidos e insultos surgen de unas filas cercanas a las gradas oficiales. En aquel año se produjo el accidente del Yak- 42, que costó la vida a 62 soldados y demostró la desvergüenza del ministro de Defensa Federico Trillo. Con esa excepción, cabe concluir que son grupos de la derecha más recalcitrante quienes protagonizan todos los 12 de octubre una especie de rito anti-gubernamental.

Hasta ahora, Zapatero se llevaba la peor parte, pero ayer quedó aún más claro que este “movimiento nacional” no es espontáneo. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, que casi siempre gana en las encuestas en valoración a todos sus compañeros de gabinete, fue insultada por llegar la primera a la tribuna oficial. Es decir, apareció un rostro del Gobierno y, pese a ser presuntamente el más “popular”, se llevó las tortas de quienes sólo acudieron al desfile para eso: para dar tortas.

Zapatero restó importancia al asunto. La familia real también, aunque no pudo disimular su malestar en los corrillos del cóctel de palacio. Lo sorprendente es la reacción de Mariano Rajoy. Por más que se le insistiera, fue imposible sacar de sus labios una condena al boicot. Es lo que se viene a llamar “sentido del Estado”.

La ‘berlusconización’ como estrategia

10 Oct 2009
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A menudo los pueblos actúan como esos niños cabrones que, de todo aquello que ven, sólo copian lo malo. Y si los pueblos funcionan así, ¿qué puede esperarse de sus representantes? Generalizar es mentir. No todos son iguales, pero sorprende la semejanza en las reacciones ante coyunturas más o menos similares. Abundan estos días en la prensa y en las tertulias los paralelismos entre la actitud del Partido Popular ante la carcoma de la corrupción y la de Silvio Berlusconi a la hora de afrontar lo que debería ser el principio de su final como político demagogo y populista. Si no fuera por la identidad de los protagonistas, costaría diferenciar los titulares ofrecidos por Il Cavaliere y los mensajes que lanzan Mariano Rajoy, Cospedal, Camps o Javier Arenas.

Anteanoche, Berlusconi se despachó con esta humilde sentencia: “Soy el hombre más perseguido de la Historia, porque soy el primer ministro y represento un dique para la izquierda italiana”. Este individuo ha intentado desmantelar el Estado de Derecho en Italia con una ley que declaraba la inmunidad absoluta para sí mismo y (aunque sólo fuera por disimular) también para los presidentes de Congreso y Senado y para el presidente de la República. Pero resulta que el Tribunal Constitucional le ha parado los pies y ha tumbado esa vergonzosa ley, de modo que Berlusconi tendrá que someterse, como mínimo, a tres procesos judiciales por presunta corrupción, sobornos, competencia desleal y toda una ristra de delitos que en este papel no caben.

Lo que Berlusconi ha hecho para defenderse es simplemente atacar, sin importarle una higa la democracia, la justicia, la ética o el más mínimo respeto a la ciudadanía. Desde su punto de vista, los electores están para ser utilizados como una masa idiotizada que seguirá sus pasos sobre la base de una fe ciega capaz de perdonar los más ruines pecados.

¿Y tú quién eres?

Exactamente la misma estrategia, con modales sólo un poquito más finos, es la que vienen empleando los dirigentes del Partido Popular para esquivar, dilatar o aminorar los daños del escandaloso caso Gürtel. Si Cospedal se inventaba unas escuchas ilegales en agosto para que no se hablara del tesorero Luis Bárcenas, luego Rajoy hablaba de una “persecución política del Gobierno y la Fiscalía”. Ayer mismo, Javier Arenas sacó a pasear de nuevo el caso Filesa, la financiación irregular del PSOE descubierta y condenada en los años noventa, para lanzar ese chulesco “¿quién eres tú para acusarme a mí?”. Arenas juega con la desmemoria colectiva, puesto que, tratándose en ambos casos de delitos de financiación ilegal de idéntica gravedad, los inculpados por Filesa fueron apartados de sus cargos, cumplieron las sentencias y no se hicieron ricos. Los imputados del PP en la trama Gürtel han saqueado las arcas públicas no sólo para su partido sino para forrarse ellos mismos.  En este sentido, Arenas podría utilizar como referencia más bien a Luis Roldán o a Mariano Rubio, y no a los de Filesa. Y Arenas sabe de lo que habla, como íntimo amigo que hasta veraneaba con Jesús Sepúlveda, ex alcalde de Pozuelo, imputado por haber recibido más de 400.000 euros de la Gürtel, actual asesor del propio Rajoy, receptor de un coche a nombre de su entonces esposa Ana Mato… En fin, que Arenas pierde fabulosas ocasiones de mantenerse callado.

Ahora bien, ya puestos a imitar modelos como el italiano, tan denostado por el resto de Europa,  estaría bien no comportarse como niños cabrones y copiar también lo bueno. El Tribunal Constitucional de Roma ha tardado dos días sin sus noches en decidir si era o no constitucional la Ley Alfano. El TC español lleva tres años y medio largos estudiando un Estatut negociado por expertos constitucionalistas, aprobado por dos parlamentos y por el pueblo catalán. Es cierto que primero el PP y después el PSOE han dilatado el debate con sus recusaciones, pero también lo es que la presidenta no ha sabido ejercer la autoridad ni la capacidad negociadora que le correspondía. Y, metidos en la imitación positiva, ¿para cuándo se levantará aquí la inmunidad del Jefe del Estado, que contradice por completo la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley establecida también en la Constitución?

Ojalá algún día Obama merezca el Nobel

09 Oct 2009
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Siempre he sostenido mi asombro ante las enormes coincidencias entre la trama de El Ala Oeste de la Casa Blanca y el fenómeno Obama. Como uno cree cada vez menos en la casualidad, sospecho desde hace tiempo que fueron los inteligentísimos asesores de Barack Obama quienes copiaron a los inteligentísimos guionistas de la mejor serie política de la historia de la televisión. Lo contrario no pudo ser, porque los episodios en los que el fabuloso presidente Bartlet daba paso al primer presidente hispano (en lugar de negro) de Estados Unidos se rodaron antes de que Obama iniciara su carrera por la presidencia.

Se diría que la Fundación Nobel ha querido completar la conexión entre la presunta “revolución Obama” y El Ala Oeste. Lo único que le faltaba a Obama era tener un Premio Nobel. Bartlet, el de la ficción, era ya Nobel de Economía antes de ocupar la Casa Blanca. Obama ya tiene el de la Paz, cuando ni siquiera ha cumplido un año de presidencia.

Decisión disparatada

Más allá de las casualidades y el marketing televisivo e internauta, la concesión de este premio a Obama es disparatada. Uno admira a este individuo, capaz de emocionar e ilusionar a un pueblo en los momentos más graves desde la Segunda Guerra Mundial. Uno admira a Obama aunque sólo fuera por ser capaz de escribir “Los sueños de mi padre” y “La audacia de la esperanza” (siempre confiando, claro, en que no tenga un ‘negro’ que los escriba). Uno admira a Obama por sus discursos, siendo consciente de que el mayor mérito es de su equipo de redacción de discursos (como le ocurre a Bartlet en El Ala Oeste).

Ahora bien, no hay precedente de un Nobel de la Paz adjudicado a nadie por sus discursos. Como mucho, se ha concedido algún Nobel de la Paz por ciertos gestos, a veces dignos de mejor causa (lo recibió Kissinger, uno de los individuos que más golpes de Estado ha sugerido en el mundo). Hasta el momento Obama ha anunciado intenciones que para cualquier progresista resultan fantásticas: desde el desarme nuclear a la salida de Irak, el fomento del multilateralismo, la defensa de los derechos humanos, etc. Pero son anuncios. De hecho, el prometido cierre de la cárcel de Guantánamo aún no se ha producido. Y la instalación de bases militares en Colombia no casa muy bien con los merecimientos de un Nobel de la Paz.

En resumen. Si los Nobel premiaran una labor ejecutada y probada, hay bastantes nombres que merecen el de la Paz muy por delante de Obama. De modo que el único deseo que ahora podemos tener es que Obama, algún día, merezca de verdad el premio que hoy le ha regalado sin mayor fundamento el Comité Nobel noruego.

Señor Rajoy: el dinero de ‘Don Vito’ es de los contribuyentes

07 Oct 2009
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Sostener públicamente que cuatro caraduras montaron una trama para aprovecharse del Partido Popular, sometido ahora a una supuesta persecución política, es un insulto a la inteligencia. Nada menos que 18 cargos del PP han recibido, en dinero blanco o negro o en especie, 6,3 millones de euros, cantidad con la que se pueden comprar 25 Ferraris último modelo o 32 pisos de 200.000 euros, eso depende de las necesidades o caprichos de cada cual. Lo importante de verdad, lo que conviene que nadie olvide, es que ese dinero pertenece a todos los contribuyentes. No sale de la perspicacia financiera de Don Vito Correa ni de un hortera del calibre de El Bigotes. Ni siquiera sale de afortunadas inversiones en arte del ex tesorero y todavía senador Luis Bárcenas o de la aguda visión comercial de consejeros, alcaldes y concejales del PP. Las pruebas de esos sobornos que figuran en el sumario del caso Gürtel son contundentes, como lo son también las que llevan a la conclusión de que el PP se ha financiado ilegalmente al menos en tres comunidades autónomas. Obviamente con mucho más dinero, que también sale de las arcas públicas. Dicho de otro modo: de los impuestos que pagamos entre todos. De esos mismos impuestos cuya subida califica Mariano Rajoy de catástrofe absoluta para el futuro de España.

Los dirigentes del PP tienen perfecto derecho a engañarse a sí mismos con la estrategia de culpar siempre al prójimo de sus propios males. Pero no a ofender al ciudadano al que se ha robado descaradamente.

Hipotésis malévolas pero no imposibles

26 Sep 2009
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Aunque parezca mentira, aún quedan voces independientes en la sede nacional del Partido Popular. Una de ellas trasladaba al mediodía de ayer el siguiente mensaje a este buzón de voz: “Ojalá todo lo que nos está pasando responda a una maquiavélica estrategia de afianzamiento en el poder ideada por Mariano o por alguno de sus asesores”. ¿Ehhh? Al parecer, las últimas charlas telefónicas mantenidas por Rajoy con Francisco Camps han sido de todo menos amigables. Esa misma voz jura sobre el bigote de Aznar que el PP de Valencia había ocultado al presidente del partido la existencia de un informe policial que detalla las pruebas de la presunta financiación ilegal a través de las empresas de la trama Gürtel. ¿Ehhh? Cuesta más creer en esta hipótesis que en la resurrección de Lázaro.

Pero la voz continúa: “Ese informe llegó al Tribunal Superior de Valencia el 31 de julio, cuando su presidente, Juan Luis de la Rúa, ya había decidido anunciar tres días después el archivo del escándalo de los trajes. Las pruebas de una posible red de financiación ilegal del PP valenciano se devolvían a Madrid prácticamente sin desenvolver, como si no existieran”. O sea, se trataba de reenviar a Madrid el muerto de la Gürtel. “Total, por cuatro trajes…”. ¿Qué importaba que en el propio auto de exculpación de Camps quedase claro que el honorable presidente de la Generalitat hubiera mentido en sede parlamentaria y en sede judicial? Eso ya es cosa de la política, que acostumbra a jugar con la desmemoria colectiva. Lo importante era que el escándalo no salpicara a las finanzas del partido. Camps, Ricardo Costa y compañía, con la inestimable ayuda del amigo De la Rúa, situaban el problema de nuevo en el tejado de la mismísima sede nacional de la madrileña calle Génova. Eran Rajoy y su equipo de confianza quienes debían dar explicaciones de las aventuras crematísticas del tesorero del PP, Luis Bárcenas.

Es cierto que Rajoy, contra su costumbre diletante de “echar una pensada” a cada movimiento, no perdió un minuto tras el archivo de la causa de los famosos trajes. Anunció públicamente que Camps, Esperanza Aguirre y Ruiz-Gallardón repetirían como candidatos en sus territorios respectivos en las futuras elecciones autonómicas y municipales. ¡Qué curioso! Los tres nombres más coreados como posibles alternativas al propio Rajoy para encabezar la candidatura a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales de 2012 quedaban amarrados a los mismos sillones que hoy ocupan. Los tres aludidos agradecieron entonces la confianza del líder. ¡Qué remedio!

Candidatos marcados

Por increíble que parezca, la hipótesis no resulta descabellada. Eso sí, siempre que el análisis parta de la base de que al PP le importan un bledo la higiene democrática, la separación de poderes o el respeto al electorado. Hasta el momento, la única rama del caso Gürtel que afecta directa y personalmente a Rajoy es la que protagoniza Luis Bárcenas, nombrado tesorero por el propio presidente del PP. Los otros brazos del pulpo manejado por Francisco Correa y El Bigotes ahogan fundamentalmente a Francisco Camps y al equipo de Esperanza Aguirre. Para tapar lo de Bárcenas, se ideó la surrealista historia del espionaje telefónico al PP, lanzada por De Cospedal sin la menor prueba. Pero ha funcionado durante dos meses. Hasta el punto de que ahora Camps, Costa y todo el califato de Valencia han aplicado la misma medicina: “Ese informe es falso y ha sido instigado por Rubalcaba”. Y anuncian una querella “contra la Policía Nacional”, que equivale a querellarse contra el G-20 o contra los Cien Mil Hijos de San Luis.

Lo cierto es que hace poco más de un año Rajoy salió elegido con alfileres de un congreso del partido que no daba un euro por su liderazgo. Hoy, dos de los tres aspirantes a quitarle la silla están marcados por escándalos de corrupción. Y Gallardón sigue a la espera, como siempre. Presto a ser número dos por si el uno revienta.

La misma voz de la calle Génova insinúa otra maldad: “¿Qué mejor contrincante para Zapatero que un Rajoy incapaz en una sola encuesta de ganar puntos entre su propio electorado?”. Lo cual explicaría esa paciencia infinita del Gobierno ante calumnias del tamaño de la Malvarrosa.