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El cadáver inmaculado

27 ene 2012
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Cual Cid Campeador, Camps ha ganado una última batalla después de muerto. Pero el ex presidente, que siempre ha dado muestras de desconexión con la realidad, sufre dos alucinaciones. La primera: que se cree que ha logrado la reconquista de Valencia, cuando lo que se ha anotado no es más que una escaramuza. Y la segunda, más grave: pese al hedor que desprende su cuerpo en descomposición, él no se ha dado cuenta de que ya está muerto.

En cuanto a lo primero, no cuela que Camps y los suyos quieran vendernos una más que cuestionable absolución de un cohecho como si fuese un veredicto de inocencia universal sobre el ex presidente, su gobierno y su partido. Es cierto que todos hemos contribuido al malentendido, al haber apoyado sobre una causa menor (los famosos “cuatro trajes”) un enorme fardo de corrupción, mala gestión, ruina y escándalo. Tanto que, si hubiese sido condenado, lo tomaríamos como una condena a toda una época delirante.

De ahí que Camps y el PP den ahora la vuelta al argumento y pretendan que la absolución de los trajes sirva para absolver todo lo demás: la Gürtel, la financiación ilegal, los amiguitos del alma, los proyectos disparatados, la ruina de la región, la quiebra de los servicios públicos y hasta su cursilería. Por eso ayer en todas las entrevistas Camps insistió en el mismo mensaje: “queda probado que no hay ninguna mácula sobre el presidente de los valencianos”.

¿Ninguna mácula? Hombre, hombre. Más bien habría que decir que la absolución es el único pedacito de carne sin corromper sobre un cuerpo en avanzado estado de descomposición. Y esa es la segunda parte del problema: que todos, incluidos sus compañeros de partido, saben que Camps es un cadáver político. Todos menos él, que se mira en el espejo y se sigue encontrando guapo, bronceado y presidenciable, mientras los demás vemos los muchos gusanos que se han ido comiendo ya parte del fiambre. De ahí que el juicio, con el desfile de testigos, facturas y conversaciones telefónicas, mereciera terminar con un certificado de defunción. Ese que cinco ciudadanos no han querido firmar.

Pleitos tengas y los pagues

26 ene 2012
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Si alguien pensaba que Gallardón se aburriría en el ministerio sosote que le había tocado, ya ven que no. Si cuando era alcalde sus palabras talismán eran “transformar” y “modernizar” (y ya saben los madrileños en qué consistía), ayer volvió a pronunciarlas, pero esta vez aplicadas a la Justicia.

Gallardón llegó a Justicia, agarró todas las carpetas que encontró sobre la mesa y decidió menearlas con energía. Quién dijo que Justicia es un ministerio aburrido: aborto, cadena perpetua revisable, ley del menor, despolitización en la elección de jueces, y el copago-repago.

El argumento para esta última medida es ya un clásico: al ser gratis, hay abusos. Ya saben: igual que hace falta copago sanitario por tanto jubilado que va al médico por vicio, para echar un rato de charleta con el doctor y hartarse de medicamentos gratis; hace falta cobrar más por los recursos judiciales porque hay gente que va al juzgado por vicio, para echar un rato de charleta con el juez y hartarse de sentencias gratis.

Pleitos tengas y los ganes, suele decirse a modo de maldición, y con toda la razón, como saben quienes han pasado por un juzgado, incluso si ganaron. No conozco a nadie que pleitee por gusto, ni por gratis (entre tasas, abogado, procurador, trámites y tiempo perdido sale caro), ni porque sea una vía fácil y rápida. Más bien acudimos a los jueces por falta de mecanismos de solución de conflictos al margen de la vía judicial. No tenemos cultura de mediación (ni recursos suficientes), de modo que si te divorcias, te despiden, te peleas con los vecinos o te sanciona el ayuntamiento, acabas en el juzgado.

Por supuesto, la medida reducirá la litigiosidad. Si en segunda instancia pierdes, y encima te cuesta más dinero, olvídate de seguir recurriendo. Es cierto que a veces te acaban dando la razón en el Constitucional o en Estrasburgo, pero muy convencido tendrás que estar a partir de ahora. En cambio, quienes más dinero tienen, y que son los que recurren por sistema para retrasar resoluciones en firme y forzar acuerdos, no tendrán problema en seguir de charleta con el juez.

Deuda de quita y pon

25 ene 2012
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Ja, ja, ja, la banca está a punto de morder el polvo en Grecia: por lo visto aceptará una quita voluntaria del 50%. Es decir: que renuncia a que le devuelvan la mitad de lo que prestó. Toma, toma, chincha, rabia…

Un momento, un momento, no canten victoria. ¿Han olvidado lo de “la banca siempre gana”? ¿Acaso ignoran que no es un refrán, sino el artículo primero de los estatutos fundacionales de todo banco? Entonces, si renuncian al 50% de la deuda griega, ¿no pierden por una vez, aunque sea un poco? No está tan claro.

Sobre el papel, puede: si al fin hay acuerdo entre Grecia y sus acreedores, la banca renuncia a cobrar una parte. Sí, cuesta creerlo, y tampoco esperen que siente un precedente, no creo que les sirva para ir a su banco a pedir una quita de su hipoteca. Pero además, habrá que conocer bien los detalles, pues la banca está negociando duro para asegurarse compensaciones.

Como en toda extorsión, en las conversaciones de los bancos con Grecia hay poli bueno y poli malo. La cara amable es la banca europea, que se dice dispuesta a aceptar la quita y sólo aspira a subir el interés de los bonos que reciba a cambio, aunque bajo cuerda ya estará asegurándose otras compensaciones de Europa. El papel del poli malcarado y violento lo juegan los fondos de riesgo, los hedge funds, que compraron deuda con descuentos y a la vez seguros de impago (los famosos CDS), de modo que ahora aprietan para que la quita no sea voluntaria sino impuesta, y así cobrar unos seguros que siempre dan doble ganancia al especular con ellos.

Bancos, hedge funds, CDS… ¿De qué me suena todo? ¿Hemos vuelto al kilómetro cero de la crisis, la misma charca infecta de especuladores donde todo comenzó? Pues parece que sí: Grecia, la que hace unos meses decían salvada, sigue en la picota y rodeada de los mismos buitres que la colocaron allí, al tiempo que Portugal boquea otra vez. Es lo que pasa cuando Europa deja su propia salvación en manos de los mismos que causaron la crisis, dando dinero barato a la banca para que compre deuda a intereses de usura: que al final la banca siempre gana.

¿Vas con el FBI o con Kim Dotcom?

24 ene 2012
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¿Han elegido ya bando en la guerra de Internet, la World War Web? ¿Se alistan en las filas del FBI o se suman a las de Kim Dotcom?

Perdonen, no he formulado la pregunta en términos adecuados. En realidad hay dos formas de hacerla. Si la pregunta viene de un lado, queda así: ¿estás a favor de la cultura libre, o eres un esbirro de la industria cultural y el imperio yanqui? Si en cambio viene de la trinchera opuesta, suena así: ¿estás con los honrados creadores que quieren vivir de su trabajo, o defiendes al millonario mamarracho que se forraba pirateando pelis?

Es decir, una nueva versión del falso enfrentamiento “creadores contra internautas” con el que llevamos años, y que según quien te lo explique puede convertirse en “pobres creadores contra piratas y caraduras”, o “defensores de la libertad en Internet contra Teddy Bautista, seudoartistas millonarios y enemigos de la libertad”. Nos encantan las elecciones de blanco o negro, como bien vemos estos días con el juicio a Garzón.

Ante elecciones tan simplistas como tramposas, el mejor sitio para situarse no es el imposible término medio, sino un lugar exterior, desde donde analizar un tema demasiado complejo y donde hay tanto en juego.

Por lo que sabemos, el tal Kim tiene tanto que ver con la defensa de libertad y la cultura libre como el FBI con la defensa de la justicia. Que hacía negocios con las descargas es obvio, no había necesidad de ‘sadamizarlo’ para presentarlo como el Sadam Hussein o el Gadafi de la piratería, exhibiendo su delirante modo de vida (que por cierto es muy similar al de esos magnates de Hollywood que le persiguen). Por otra parte, también parece evidente que Estados Unidos busca con operaciones así (que tienen tanto de shock como de show) algo más que proteger derechos de autor. Mucho más: usar la piratería como antes usó el terrorismo global, para imponer más vigilancia.

Vista así la guerra, ni como internauta me siento seguro con el FBI apatrullando la Red; ni como creador me gustan los listos que se montan el negocio con el trabajo ajeno. Es mi guerra, pero no está ahí mi bando.

Vuelve, a casa vuelve

23 ene 2012
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La escena ya la conocemos, es un clásico navideño que un anuncio de turrón actualiza año tras año: en el hogar familiar, la madre prepara la mesa para la cena de nochebuena. Entonces aparece el hijo que hace años marchó de casa, entra sin llamar, llega por la espalda y le tapa los ojos a la madre para darle la sorpresa, bajo la sintonía ñoña del “vuelve, a casa vuelve…”

Vale, límpiense la lagrimilla, porque el anuncio sigue: pasó la navidad y el muchacho no se ha ido, sino que ha trasladado sus cosas y ha vuelto a tomar posesión del dormitorio infantil convertido desde su marcha en el cuarto de la plancha. Ya no hay nostalgia navideña, ni turrón ni cancioncilla, sino la realidad pura y dura que cada vez más jóvenes viven.

Según el Observatorio de la Juventud, medio millón de jóvenes que ya le habían dado a sus padres el disgusto (o la alegría, según los casos) de emanciparse, han vuelto a casa desde 2008. Medio millón de hogares donde el anuncio del turrón suena a recochineo cuando lo ven. Y la previsión es que siga creciendo el número, por la recesión que no escampa, y por la supresión de ayudas como la renta básica de emancipación.

Jóvenes, y no tan jóvenes: conozco varios que no son ya veinteañeros, y alguno ni treintañero siquiera. Ahí está, según los sociólogos, la explicación a la paz social que aún vivimos: el colchón familiar, en el que vuelven a dormir muchos miembros de esa condenada “generación perdida”.

El problema es que en muchas casas ese colchón cada vez está más desgastado, le asoman los muelles, está lleno de parches y son demasiados los que duermen apretados en él. Pero el problema es también de futuro: si nuestros padres pudieron construir ese colchón para los malos tiempos, muchos están quemando ahora su oportunidad de construir un colchón para ellos mismos, y no digamos ya para sus hijos en el incierto futuro.

Aquel viejo chiste del joven que aspiraba a vivir de los padres hasta que pudiese vivir de sus hijos va camino de hacerse realidad, y tal vez dé mucho juego para los guionistas de telecomedias. Pero no tiene ninguna gracia.

Canciones desde la calle

22 ene 2012
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Cuando por la calle se nos acerca una persona de las miles que viven en ella, sin techo, solemos llevar a mano una respuesta preparada para sacárnoslo de encima cuanto antes y con el mínimo daño sobre nuestra (mala) conciencia: mirar a otro lado, al suelo o al móvil; murmurar un “lo siento”; apretar el paso o buscar una moneda, cualquier cosa menos escuchar lo que pueda decirnos.

¿Y si en vez de hablar nos lo dicen cantando? Algo así debió de preguntarse Rafa Sánchez, un músico siempre lleno de buenas ideas y con un entusiasmo contagioso, que un día se embarcó en La Fábrica de Canciones, un taller de la Fundación Rais (que lleva años trabajando para integrar a los excluidos) por donde han pasado varias decenas de personas sin hogar.

Sus historias siguen un patrón similar: gente que no nació excluida, que llevaba una vida como la tuya o la mía hasta que un día algo se torció y, tras varios tropiezos e intentos de levantarse, acabó en la calle. Algunos son víctimas directas de esta crisis, del paro, los desahucios y las ruinas familiares; otros llevan muchos más años en crisis, en la suya que también es nuestra.

En el taller empezaron contando sus historias, y no sólo sus historias, sino todo aquello para lo que nunca encuentran oídos; y a partir de esos encuentros decidieron convertir sus vidas, y sus formas de ver el mundo (el injusto mundo que les ha tocado), en canciones. El resultado es un disco donde colaboran varios artistas conocidos. Pero lo de menos es el resultado, lo importante es cómo medio centenar de personas han encontrado un espacio donde sentirse precisamente eso, personas, a través de la música.

Este miércoles se presenta el proyecto en Madrid (Café La Palma). Habrá quien lo vea como algo minúsculo, una gota insignificante en un océano de exclusión social, y que apenas alivia a unos pocos. Pero en estos tiempos de desesperanza y catastrofismo, cuando parece que todo se viene abajo y cada uno corre a su refugio privado para que no le alcancen los cascotes, nos da fuerzas saber que algunos, como Rafa, no han salido corriendo. Suerte.

Dos años tras dos años

21 ene 2012
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Parece que el milagro Rajoy se va a hacer esperar todavía un poco: dos años al menos. Las previsiones del FMI anuncian para España dos años más en el pozo, dos años de fuerte recesión. El pesimismo del FMI, décima arriba, décima abajo, coincide con otros organismos, y con el escenario que maneja el propio gobierno para elaborar los presupuestos.

Vale, dos años, eso no es nada, se pasa en un suspiro. Fíjense que ya casi nos hemos comido un mes de 2012, cuando nos queramos dar cuenta llegará el verano, y a tiro de piedra otra vez las navidades, y luego un año más y ya. Pero, ¿de qué me suena a mí eso de los “dos años”? Ah, ya sé. Es el mismo plazo que nos dieron hace… dos años.

Pues sí, allá por 2009, cuando todo se venía abajo tras el colapso financiero de 2008, nos aseguraron que serían dos años malos, pero que luego levantaríamos cabeza. Dos añitos de nada. Así, 2009 y 2010 los pasamos de susto en susto y cuesta abajo, destruyendo empleos de cien mil en cien mil y aguantando reformas y recortes, pero al final del túnel se adivinaba una lucecilla, y por todas partes aparecían brotecillos verdes, pequeños pero verdes. Llegó 2011 y la economía levantó un poquito, pero fue sólo asomar la cabeza para tomar aire, y vuelta abajo.

Miren la gráfica del PIB español, y verán el dibujo que resulta: una cuesta abajo hasta hundirse bajo la línea del crecimiento cero, una tímida recuperación en 2011 equivalente a asomar la cabeza sobre esa línea del cero para tomar aire un momento, y vuelta a las profundidades.

Dos años de contracción son también dos años de más paro (no menos de medio millón de nuevos parados calculan para 2012), dos años de empresas cerrando, dos años al ritmo actual de 175 desahucios diarios o incluso más.

Terminemos con un trabalenguas: ahora que hace dos años que faltaban dos años para salir de la crisis, y que nos quedan otros dos años, cabe preguntarse cuantos “dos años” más necesitan para reconocer el fracaso de la política económica europea, que a base de ajustes, recortes y reformas nos puede tener de dos años en dos años por muchos años más.

Tanques contra el déficit

20 ene 2012
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Déficit malo. Déficit inconstitucional. Déficit delito. Déficit caca. ¿Cuál será la próxima propuesta en la guerra contra el déficit público? ¿Mandar tanques a las comunidades que gasten más de la cuenta? No tardaremos en oírlo, a poco que le dé otro calentón al ministro de Hacienda.

En la calle, unanimidad: que los políticos paguen el déficit de su bolsillo, que los metan en la cárcel, que les corten un dedo por cada punto porcentual desviado. Al hablar del asunto todos tenemos en mente el consabido aeropuerto de Castellón o la imagen de Camps y Barberá paseando en Ferrari mientras ahora los estudiantes se llevan el edredón al instituto sin calefacción.

Sí, muy bien: pero estamos hablando de despilfarro, corrupción incluso. Sin embargo, el gobierno habla de déficit, sin matices. Y no es lo mismo, no todo el déficit público tiene por qué ser fruto de despilfarros faraónicos o trincones que se lo llevan crudo. Si por ejemplo uno pretende acabar con otro déficit que nadie castiga, el déficit social (y ahí seguimos a la cola de Europa), o acometer grandes inversiones de interés social, debe hacer un esfuerzo de gasto que seguramente le haga aumentar el déficit público.

De hecho, aunque ahora el déficit nos parezca una monstruosidad a la altura de la pederastia, todos hemos sido delincuentes del déficit público hasta hoy. Toda Europa ha vivido décadas con niveles de déficit muy por encima del que hoy se considera sagrado.

Así que lo que nos están colando es ortodoxia neoliberal: no hablan del despilfarro o la corrupción que tanto nos cabrea; hablan de déficit sin distinción, y no todos son iguales. Sin ir tan lejos, cada vez más economistas piensan que un poco de déficit ayudaría hoy a recuperar el crecimiento, asfixiado por la obsesión de austeridad, ya que el déficit siempre ha sido un instrumento de la política económica ante ciclos depresivos.

Pues eso: contra el déficit, cárcel, ostracismo, y si hace falta mandamos tropas. Ya podían poner la misma contundencia contra los gobernantes que dejan que aumente el paro, la desigualdad o la pobreza. Pero no.

Pan y circo (judicial)

19 ene 2012
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Ya que el fútbol puede estar perdiendo sus propiedades narcóticas por saturación (un partido del siglo al mes aburre al más forofo), otro entretenimiento se abre paso entre nosotros, y puede convertirse pronto en la primera distracción nacional: la actividad judicial.

Miren qué arranque de año hemos tenido, con tal concentración que nos obliga a un continuo zapping informativo para no perdernos nada: en el primer canal tenemos a Camps escuchando otra vez la grabación de sus conversaciones amorosas (“cuelga tú, churri”; “no, tú primero”; “no, tú, que te quiero un huevo”). Si cambiamos de canal nos encontramos a Matas sentado junto a su pelota favorito. Otro zapeo y aparece Garzón despojándose de la toga y declarando con voz rota. Y en próximos días incorporaremos nuevas series a la parrilla, con José Blanco declarando en el Supremo, y Urdangarin impartiendo ante el juez de Palma una conferencia sobre aplicación de valores deportivos en la gestión empresarial, una de ésas con power point y micrófono de corbata que se le daban tan bien.

Como en todos los encuentros en juego hay momentos de interés, y no nos queremos perder nada, se impone que alguna emisora de radio organice un carrusel deportivo judicial y nos vaya radiando las mejores jugadas, porque verlas en diferido le quita parte de la gracia.

Como entretenimiento nacional, el deporte de las togas está pensado para toda la familia, la oferta es variada: mientras unos disfrutan viendo cómo Camps se va empequeñeciendo dentro del traje, otros aplaudirán cada patada en las espinillas que reciba Garzón, mientras que los enemigos de Blanco tendrán la cámara preparada para inmortalizar su llegada al Supremo, y los republicanos creerán más cerca el fin de la monarquía cuando el yernísimo pise el juzgado.

El espectáculo de la justicia (que no es lo mismo que la administración de justicia, aunque lo parezca) llena portadas, minutos de televisión y radio, tertulias (periodísticas y de bar) y columnas de prensa (ésta, sin ir más lejos). Si el fútbol flojea en su función de cohesión social, ya tenemos relevo.

¿Titanic, nosotros? ¡Costa Concordia!

18 ene 2012
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Se ve que andamos lentos de reflejos, o es que ya estamos empachados de metáforas: de lo contrario no se entiende que cinco días después del aparatoso naufragio del Costa Concordia no estemos todos usándolo como metáfora de la economía europea y mundial. Después de años viendo por todas partes representaciones figuradas de la crisis, lo mismo un terremoto que una gripe, lo mismo un partido de fútbol que un tren en marcha, nos ponen a huevo un barco gigante volcado y lo dejamos pasar.

¿Y qué tiene que ver el chapucero accidente del Costa Concordia con la madre de todas las crisis?, preguntarán. Ah, perdonen: lo nuestro merece un referente más épico. El Titanic, qué menos: la economía mundial como un elegante y sólido buque que navega feliz hasta que un malhadado iceberg se cruza en su camino y desata la tragedia mientras la orquesta toca hasta el final… ¿Cuántas veces hemos oído en los últimos años a gobernantes y expertos comparar el hundimiento del Titanic con el sector financiero, la economía global o la zona euro?

Sin embargo, el espejo donde mirarnos no es el legendario hundimiento del transatlántico inmortalizado por el cine y la cultura popular; sino el drama cutre del barco italiano.

Frente a las heroicas horas finales del Titanic, con su valiente capitán, pasajeros elegantes que no pierden la compostura, músicos amenizando la muerte y las heladas aguas del océano (todo lo mitificado que quieran, vale), ahí están los ingredientes del Costa Concordia, para que ustedes mismos comparen y digan si se parece o no al naufragio económico: un barco gigante y hortera, lleno de piscinas, casinos y escayolas imitando mármol, que encalla a pocos metros de la costa por el capricho de acercarse más; un capitán cobarde que huye dejando al pasaje; una tripulación sin preparación suficiente; gente arrojándose a la desesperada; una treintena de muertos y desaparecidos y hasta una amenaza de desastre ecológico, y todo por una maniobra idiota para saludar a la familia al pasar.

Ni iceberg, ni heroísmo, ni orquesta ni enigmas. ¿No se parece más a nuestra tragedia?