9 May 2012

Más daños y perjuicios

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 Tal y como está el panorama televisivo-judicial últimamente, este tipo de titulares puede dar lugar a más de una confusión, así que céntrense: vamos a hablar del estreno de la tercera temporada de Damages, no del gabinete jurídico de Telecinco. Que debería formar parte, por sí mismo, del IBEX 35.

Como bien saben, Damages está protagonizada por una señora más bien mayor, fría, calculadora y manipuladora y teñida de rubio que… ay, callen. Que acabo de entender por qué la ponen ahora en Telemadrid.

Pues eso: serie de abogados con asesinatos, conspiraciones y mucho doble juego. Reparto de lujo encabezado por Glenn Close y pizpiretos recursos narrativos como empezar la historia con flashbacks  más o menos tramposos que nos ponen en guardia de que la aparente tranquilidad con la que arranca el relato acabará despedazada. Algo que ya hizo el tomate, no nos engañemos.

Y la cabecera también me gusta, hay que decirlo

Tras dos temporadas brillantes, sobre todo la primera, han decidido darle al reset y hacer una especie de reboot, como llaman ahora los gringos a hacer tabula rasa y volver a empezar. Existe la lógica referencia al pasado común de los personajes, pero parece que FX ha optado por hacer un “procedimental por temporadas” y dar la opción a los espectadores para subirse en marcha. Me encanta inventarme conceptos así, como si fuera el director de comunicación de una cadena en una rueda de prensa.

Como en cada temporada, hay un malo de la “América corporativa” al que Patty Hewes está dispuesta a montarle un buen pollo. Lo admirable es que se han metido en un terreno tan pantanoso como recrear en la ficción a una especie de Bernie Madoff. Con dos… capítulos queda claro que esa será la trama principal de esta temporada. Ejem.

Sigue habiendo grandes aciertos en el reparto, como la incorporación de Martin Short, gran compañero de viajes de autobús (hasta tres veces seguidas me han puesto la peli esa en la que sale con Nick Nolte y una niña). Minipunto para él que pasa de un histrionismo a lo Jim Carrey para hacer un personaje muy inquietante a base de un ejercicio de contención más inspirado que el de José Coronado antes de hincharse a yogures.

Aunque mantiene puntadas de genialidad, el guión tiene menos fuerza que en otras ocasiones. Quizá porque confían en una base de fieles y cuentan con tiempo para poder desarrollar las tramas, sin tener que quemar cartuchos de efectismo en las primeras andanadas. O quizá es que a mí Madoff me da menos miedo que si hubieran puesto de malos a algunos surferos del tsunami bipartidista.

Lo que sí llama la atención y mucho es el recorte de presupuesto que le han dado a la serie y que nos recuerda que todos somos mortales. ¿Me fijo más o es que los chromas son mucho más cantantes ahora? ¿Cómo pueden permitirse fallos de raccord tan garrafales como que una señora apoye la barbilla en la mano en un plano y en el siguiente, sin transición, no? Y en el siguiente otra vez sí. Menos mal que esto no es Perdidos, o ya habría varias teorías esotéricas al respecto circulando por la Red.

Sigue mereciendo la pena, pero más les vale ponerse las pilas. Porque no nos pueden pedir que confiemos en ellos mientras nos recuerdan en pantalla la historia de Bernie Madoff.

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3 May 2012

El inevitable post de Lost

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Anoche me acosté temprano. Puse el despertador prontito y para cuando me levanté ya había varios sitios para descargar la premiere de la sexta temporada de Perdidos. ¿Impresionante? En absoluto. Lo que me sigue dejando sin palabras es que ya había varias versiones de los subtítulos, alguna incluso había sido saboteada y recuperada. Una vez constatado este hecho, sintonicé la ABC a las ocho de la noche hora local con mi parabólica mágica, que ya saben ustedes que yo estoy muy en contra de las descargas y soy muy de irme de cañas con Ramoncín y todo eso.

Me vi el capítulo resumen de la serie previo al estreno, genial ejercicio de síntesis con el que llegas a dos conclusiones: que los guionistas de Lost son la gente más loca de la tele y no sé cómo nos estamos tragando todo esto que nos cuentan y que Nikki y Paolo realmente no eran personajes importantes. Lástima. Sería genial que su capítulo diera la clave para el final de la serie.

A partir de aquí voy a hacer putadas (spoilers), así que sigan leyendo bajo su propia responsabilidad.

El arranque de la temporada definitiva no podía empezar de otra forma que no fuera planteando nuevas preguntas. De nuevo abordo del Oceanic 815, justo antes del accidente que… ¡nunca llega a producirse! ¿O sí? Porque junto al Jack, Locke, Kate, Sawyer, Charlie y demás pasajeros que aterrizan en Los Ángeles, tenemos a los otros (con perdón de la polisemia) a los que hemos acompañado durante cinco temporadas. Suponemos que el juego de esta temporada no es el salto en el tiempo ni el flashback ni el flashforward, sino la teoría de los muchos mundos a la que también se ha apuntado Fringe: la explosión de Jughead no ha alterado el pasado, sino que ha dado lugar a un nuevo universo paralelo. Lo mismo que hacía Hormigas blancas.

Los del Untangled nos lo van explicando todo. Aprox.

Por supuesto, sigo enganchado, quizá más, por esa mitología creciente de Perdidos en la que cada puerta abierta da lugar a otras quince cerradas. Pero, piruetas ciencia-ficcioneras aparte, si la serie se mantiene arriba es por sus personajes. Lo que ahora nos proponen es coger a esos tipos que ya conocemos en un contexto y bajo unas circunstancias concretas y ponerlas en otro lugar, a ver cómo reaccionan. Una apuesta que sólo puede funcionar con unos personajes muy bien construidos, capaces de soportar el trasplante. Pruebe usted a hacer una revisión de la primera temporada de 24 en la que nadie amenace a David Palmer, a ver cuánto rato tarda en querer matar usted a Jack Bauer.

Resumiendo: un primer capítulo confuso como pocos, que vuelve a generarnos esa sensación en la boca del estómago que ya hemos sentido tantas veces y que nos engancha de nuevo, quizá porque predica entre conversos. A veces pienso en lo poco que nos distancia a los losties de los fans de DEC.

¡Y por fin sabemos qué (o quién) es el humo negro! Madre mía, que todavía queda una semana para la siguiente entrega.

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1 May 2012

Linkin’ Lunes

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El juego en las redes sociales de Internet consiste en coger la inicial de un día de la semana y proponer algo que empiece por la misma letra. Así tenemos en inglés los Music Mondays y los Follow Friday de Twitter. Se está intentando instaurar el sábado sexo, pero parece tener el mismo éxito que el que tenemos en el mundo real.

Hoy propongo hacer Linking Lunes para ser más molones que nadie y para quitarme rápido un post que no tengo tiempo de hacer. ¿Cómo lo ven? Vanguardia en la Red y holgazanería de toda la vida. Perdonen la redundancia.

Empiezo con un textaco del bueno de Roberto Enríquez, incisivo crítico televisivo de la contra de Público y mejor recomendador de pizzerías. Se titula La nueva vida del corazón muerto. Se ve que Roberto también intenta pescar lectores despistados con titulares engañosos. Sólo que el, por lo que sea, tira sus redes en el caladero de fans de Eduard Punset. Un fragmentito, abran  boca:

Sin embargo, hay algo más en esa fascinación, más allá de nuestro natural cotilla y de nuestro gusto por el morbo, de la imposición del espectáculo y la diversión por encima de la reflexión o el criterio. Más allá de todo eso se encuentra la eterna búsqueda de la verdad, el vértigo que nos produce balancearnos en el delgado filo que separa la realidad de la ficción, la vida de su imitación. Independientemente del fondo de los asuntos tratados, la tensión que mantiene el interés en los programas de este nuevo género es la constante lucha entre mentira y verdad, la confrontación de los personajes que se construyen ante las cámaras y la obsesión de los inquisidores en plantilla de los programas por desenmascararlos, en público, ante millones de espectadores que esperan con ansia a que se derrumbe el personaje para así poder atisbar la miseria que subyace en el fondo de unas vidas envueltas en fama, amor y lujo, en vidas de apariencia envidiable y que los espectadores confían en descubrir sórdidas, tristes, desconchadas. Las vidas de los otros a través del espejo.

Segundo link, este en forma de vídeo. Nos lo pasan los amigos de Salvemos Telemadrid a través de su Twitter. Atentos:

Menos mal que hoy es Linkin’ Lunes o tendría que recurrir al léxico natural del PP para calificar este vídeo. Pero como es Linkin’ Lunes, me limito a recordarles que a veces se demanda al titular del blog por los insultos de los comentarios.

Oh, ¿por qué habré dicho eso?

Y acabo con un enlace y una advertencia. La advertencia es que untaré de tomate y chorizo y dejaré a la puerta de la casa de Julián Muñoz a todo aquel que ose hacer putadas (spoilers) de la sexta temporada de Perdidos. El enlace servirá para hacer boca y es un fantástico gráfico interactivo con la línea temporal de todo Lost (hasta ahora) que se han currado los amiguetes de diseño de esta bella web.

Oh, ¿por qué habré dicho lo del tomate y el chorizo?

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22 May 2012

Los huevazos de los guionistas

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Esta vez no es un título trampa, amigos, siento decepcionarles. O no. En las últimas horas he decidido cambiar de ídolo en lo que a cuestiones de valentía y arrojo se refiere. El lugar que hasta ahora ocupaba el novio de la duquesa de Alba lo ocuparán desde ya mismo los guionistas de Globomedia. Les espero mientras dicen algo de Globomedia, La Sexta y Público, me llaman vendido un ratito y se unen a nosotros para continuar.

¿Ya? Se preguntarán ustedes que por qué son mis héroes unos tipos a los que varios cuerpos de seguridad deberían perseguir por crear Los hombres de Paco y Médico de familia, formatos que, no olvidemos, se han exportado a varios países. En la ONU todavía no han creado un tribunal adecuado.

Pues les admiro porque son una gente que, como decía Small Blue Thing en un Twitter, trabajan al compás del “¿a que no hay güevos?”. Y vaya si los hay. El final de Los Serrano prueba que los tienen más grandes no ya que una cabeza de recién nacido, sino que  la cabeza de Pepe Navarro (toma referentes fresquitos que les traigo). Y, sobre todo, Águila Roja.

Aún si consideramos que lo de meter canciones contemporáneas puede no ser atribuible al guión, los escritores cascaron en el último capítulo un momento glorioso en el que el protagonista se cuela en un lugar de máxima seguridad para robar unos documentos. Lo hace descolgándose con unas cuerdas desde el techo. ¿Les recuerda a alguna película de Tom Cruise? Pues el criado del ninja cañí cierra la secuencia anterior con un: “¿pero cómo vamos a robarlo de ahí? ¡Eso es Misión imposible!“. Olé sus gónadas toreras y del tamaño de helipuertos.

Detrás de estos gestos puede estar la chulería o una increíble complicidad con el espectador, una forma libérrima de decirle: “te la estamos colando con toda la serie. Tú sabes que te la estamos colando. Nosotros sabemos que tú sabes que te la estamos colando” y así ad infinitum.  Me inclino a pensar por esta segunda opción, la del profesional que sabe que está jugando. Que se ríe a la cara de los que achacan a la serie “falta de rigor” y le guiña el ojo a su público para que se unan a su risa. Es algo tan parecido a un mitin político…

Hay más guionistas “suicidas” en el mundo. Hay unos que están haciendo una serie llamada a decepcionar a la mayoría de sus fans. Porque hagan lo que hagan, sólo los más acérrimos van a perdonarles que el desenlace no se ajuste a la perfección a lo que ellos sueñan. Desde Mi televisión y otros animales queremos permitirnos la osadía de sugerirles a los guionistas de Perdidos un final. Total, uno coherente tampoco les va a gustar:

Porque, amigos, a veces, sólo a veces, es sólo televisión. Y haríamos bien en recordarlo.

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19 May 2012

Por mis Globos de Oro

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Mi televisión y otros animales se adecua por una vez al ritmo de publicación de sus primos de papel para comentar con ustedes un evento de hace dos noches. Menos mal que no estoy en la redacción para recibir casual-collejas.

Quizá recuerden (y quizá no), que hace unas semanas hice mi propia quiniela de los famosos Globos de Oro, que como bien sabrán, son la antesala de los Oscar. Una expresión que al mundillo televisivo le deja con la misma cara que se le queda a Punset viendo las Matrimoniadas. Aproximadamente.

Ahora vamos a comparar mi quiniela con los resultados reales. Les recuerdo que, como soy un listo, propuse quién debía de ganar (apuesta) y quién creía que se llevaría la estatuilla en realidad (elección). Si Ana Rosa puede tener un programa de cotilleo en cada una de las grandes cadenas, yo también puedo hacer eso. Comentemos las categorías más importantes, va:

Mejor actriz secundaria


Elección de Anómalo: Jane Lynch, Glee, Fox

Apuesta de Anómalo: Jane Adams, Hung, HBO

Ganadora: Chloë Sevigny, Big Love, HBO

Nada que decir a esta categoría, puesto que no sigo Big Love. Con el bombo mediático que está teniendo Jane Lynch, parecía una apuesta segura. Como Afinsa, en su momento.

Mejor actor secundario


Elección de Anómalo: Neil Patrick Harris, How I Met Your Mother, CBS

Apuesta de Anómalo: John Lithgow, Dexter, Showtime

Ganador: John Lithgow, Dexter, Showtime

Algo parecido me ocurrió con el arrollador Neil Patrick Harris, que últimamente parece estar en todas partes. A lo mejor a los críticos les pareció poco coherente llamar secundario al personaje que sostiene toda la serie. John Lithgow, al que mi mente retiene como el atolondrado alienígena de 30 Rock, está brutal en la cuarta temporada de Dexter. Literalmente. Inquietante, con aristas… Un papelón compuesto con brillantez. Para que se hagan una idea: un tipo que habitualmente da risa y de repetente provoque tanto miedo es lo mismo que cuando uno ve las encuestas de intención de voto.

Mejor actor de comedia


Elección de y apuesta de Anómalo: Alec Baldwin, 30 Rock, NBC

Ganador: Alec Baldwin, 30 Rock, NBC

Indiscutible. Para un Baldwin que hace algo bien en el mundo de la interpretación, ¿cómo no reconocérselo? Además, nos ha dado penica que este año ha dicho que se siente un fracasado como actor y que en un par de años se retira. La penica es mucho más rentable que cualquier escuela de interpretación, créannos a mí y a Liberto Rabal.

Mejor Actriz de comedia


Elección de y apuesta de Anómalo: Toni Collette, The United States of Tara, HBO

Ganadora: Toni Collette, The United States of Tara, HBO

Los continuos cambios de registro de la protagonista son, de largo, lo mejor de la serie. Un premio justo, nada más que añadir.

Mejor actriz en drama

Apuesta de Anómalo: Glenn Close, Damages, FX

Elección de Anómalo: January Jones, Mad Men, AMC

Ganadora: Julianna Margulies, The good wife, CBS

Sorpresón. Confirmado: tengo que enchufarme The good wife. No tengan en cuenta lo mal que ha sonado eso. Ya les contaré.

Mejor actor de drama

Apuesta de Anómalo: Michael C. Hall, Dexter, Showtime

Elección de Anómalo: Hugh Laurie, House, Fox

Ganador: Michael C. Hall, Dexter, Showtime

¡Qué rabia me da este premio! La interpretación de Michael C. Hall en la cuarta temporada de virtuosismo es posible que haya hecho llorar a Javier Bardem como un niño pequeño (o como Alec Baldwin). Está tremendo. Pero unos días antes de la entrega de premios se supo que padecía un cáncer y, sabiendo lo moñas que puede llegar a ser la gente que vota estas cosas, huele un poco a factor penica. Si no ha sido así, las circunstancias han empañado esta elección igualmente. Una lástima.

Mejor Drama

Apuesta de Anómalo: Dexter, Showtime

Elección de Anómalo: Mad Men, AMC

Ganadora: Mad Men, AMC

Deberían haber propuesto para este galardón a la NBC como cadena, por el lío con Jay Leno y Conan O’Brian y por unos datos de audiencias que desatarían los nervios hasta en La Sexta (no). Repitan conmigo: Mad Men es la sucesora de Los Soprano. Con este mantra bien gestionado, lo ganas todo.

Mejor comedia o musical

Elección de y apuesta de Anómalo: Glee, Fox

Ganadora: Glee, Fox

Si te hueles que un premio puede ser polémico, pones a Jack Bauer a entregarlo

Si el género musical les provoca arcadas y no son capaces de ver más allá de la lógica absurda de gente que se pone a cantar sin que venga a cuento, aborrecerán Glee. Pero si les divierte, más allá del karaoke es una serie muy interesante que trata con bastante poca conmiseración temas como la salida del armario en el instituto, los embarazos adolescentes y la vida de mierda a la que se han visto abocados muchos de los personajes sin comerlo ni beberlo. Está envuelta de caramelo, pero rellena de ácido (en más de un sentido). Los guionistas se han metido en tales jardines que no sólo nos tienen en ascuas, sino que en cualquier momento se encuentran por ahí a Tarzán. La resolución de Perdidos va a ser una mierda comparada con el momento paritorio que se espera a final de temporada.

Hum… Perdidos, ¿eh?

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5 May 2012

Me río yo de la familia

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Algún día me cansaré de poner estos titulares-trampa para Rouco y sus amigos. Por cierto qué título más bueno para una serie que nadie se atrevería a comprar. Y ahora vamos a hablar de una familia moderna con inmigrantes, matrimonios homosexuales, divorcios, adopciones de parejas del mismo sexo… hum… no era un titular trampa, después de todo.

Lo cierto es que este no es el típico post de recomendarles una serie nueva. Necesito su ayuda para entender todo este asunto sobre Modern family. ¿Ven? Otra vez Rouco. Decidí dejar de ver la serie a la vez que Hank, la nueva sitcom de Kelsey Grammer. Literalmente, porque dediqué el piloto de la serie del ex Frasier a pensar en cualquier cosa que me alejara de aquello.

La retomé por culpa de gente como Ken Levine y todos los pesados que han estado taladrándome con que es el mejor estreno del año. Claro, que es el año de FlashForward, así que igual es verdad. Me he puesto al día y sigo sin entender por qué tanto alboroto: miro Modern family y lo único que veo es un The office familiar. Hay un personaje al que sólo le falta llamarse Michael Scott para ser Michael Scott. El parecido es tan aterrador como el que hay entre dos personajes cualesquiera interpretados por Antonio Resines. Un amigo creemos que la técnica actoral de Resines se explica por la teoría de los muchos mundos: todos sus papeles son el mismo señor, pero en universos paralelos.

Si quitamos la “innovadora” técnica del falso documental, es una sitcom familiar bastante normalita. Divertida, con algunos personajes muy pasados de rosca que dan lugar a situaciones bastante graciosas, pero nada que no hayamos visto millones de veces. De hecho, con la descripción que acabo de hacer, es bastante difícil distinguirla de una retransmisión del pleno del Congreso.

Encuentro normal que haya impactado más en Estados Unidos por el tema de la pareja gay que adopta a una niña asiática, pero en España ya tuvimos a Mauri y Fernando en Aquí no hay quien viva. Una serie, por cierto, bastante más ácida e innovadora. Y lo que me cuesta decir esto de algo producido por José Luis Moreno. Incluso era mucho más corrosiva Matrimonio con hijos (que comparte al reverenciable Ed O’Neill con esta nueva), a pesar de que allí sí que se mantenía el esquema tradicional de la familia: mujer, marido, niños, mascota y mal rollo.

En el fondo, todo lo escandaloso de Modern family me recuerda a aquello de El gatopardo de “cambiar algo para que nada cambie”. Y, Rouco, este es el orden correcto de los términos de la cita.

Les dejo los comentarios para que me convenzan de que soy el tipo más obtuso de cuanto televidente anda suelto por ahí. Y no se me quejen, que les he dejado a Cameron, Gloria y Manny como argumentos de peso. Con perdón.

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30 May 2012

La jodida ala oeste

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En esta casa somos muy de El ala oeste (de la Casa Blanca), entre otras cosas porque tiene un genial diálogo entre los personajes ficticios menos realistas de la televisión: el abnegado e idealista presidente de los Estados Unidos Bartlett imprecando en latín a Dios. Aquí no podríamos hacer creíble ni una bronca entre sus subalternos, Zapatero y Rouco.

Pues si El ala oeste nos atrapa por todo lo que tiene de idealismo y de políticos desviviéndose por salvar el mundo y de latín, The thick of it engancha por todo lo contrario. En esta serie los políticos son torpes, egoístas y sólo se preocupan por conservar el poder y quedar bien en las fotos. Por supuesto, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

En realidad, The thick of it es una especie de crossover entre El ala oeste y The office, pero la original, la de Ricky Gervais. De ésta hereda el formato de falso documental y el retrato descarnado y cáustico de sus personajes. De la Casa Blanca según Aaron Sorkin se trae unos diálogos  frenéticos en los que las agudezas y el ingenio se convierten en las más desternillantes piruetas verbales en cuestión de tacos y juramentos. Ambos aspectos se juntaron en unas grabaciones con bastante espacio para las improvisaciones. Cuanto más escribo sobre esta serie, más me parece que soy un fan de Salvamé reprimido.

A veces los personajes parecen demasiado pasados de rosca en su desapego por los deberes propios de sus cargos y quizá el exceso de caricaturización puede restar efectividad al humor. Pero luego se redimen con los gestos más humanos, como ese ministro que reconoce que el único momento en el que se relaja es cuando consigue escaparse a actuar con el método de José Coronado. Lo que mi abuela llamaba “obrar” y alguno de ustedes conocerá como “liberar a Willy”.

El gran acierto de la serie es el personaje de Malcolm Tucker, director de comunicaciones del Gobierno y pesadilla de todo el mundo por debajo del Primer Ministro. Basado en Alastair Campbell, director de comunicaciones y estrategia de Tony Blair, parece el tipo capaz de hacer llorar a Risto Mejide, Gregory House y Condoleezza Rice. Seguramente Pepe Blanco se le resistiría un poco.

Uno es Tucker, el que controla a los medios de comunicación y el otro un ministro. Adivinen quién es quién

Por cierto que llegué a The thick of it gracias a In the loop, un curioso experimento que consiste en coger el espíritu y alguno de los personajes de la serie y ponerlos en una película sobre cómo se gestó la invasión de Irak. Se supone que es una comedia sobre unos cuantos patanes vestidos con trajes y uniformes, pero lo cierto es que da mucho miedo cuando sales pensando: “fue exactamente así”. Aunque sólo salen americanos e ingleses porque el tercero de la foto hubiera sido llevar la caricatura demasiado lejos.

Hay personajes que son, sencillamente, increíbles.

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29 May 2012

Los héroes de Chonilandia

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Por si alguno hay que no vaya del título a los comentarios directamente para insultarme, aclaro: hola, me llamo Anómalo y vivo en Chonilandia. “Hola, Anómalo”, contestan a coro. En este barrio hay locales especializados en hacer murales sobre uñas postizas (o no), más tiendas de chinos que, probablemente, chinos y en el supermercado le piden por megafonía al señor Johnny que acuda a caja tres. Aquí vemos Aída como quien mira un documental y Gran Hermano sí es un experimento sociológico, aunque no el que pretende Meredes Milá.

En un barrio en el que para un joven es más fácil meterse en líos que cualquier otra cosa, imagínense lo que sería un grupo de chavales con superpoderes. Y si no, no lo imaginen, que ya se han encargado de pensar por nosotros los ingleses. Qué momento más bello para los nostálgicos de la era Aznar.

Esta es básicamente la historia de Misfits, una serie de seis episodios que ha podido verse estas semanas en el E4 inglés y que ya promete volver el año que viene. Una pequeña joyita que por momentos recuerda a lo mejor de la edad de bronce del cómic americano. Estoy pensando en la Patrulla-X de Chris Claremont, para los frikis del lugar. Que por eso mismo, dirán que no tengo ni idea.

Para quién las haya visto, el comentario generalizado es que se trata de una especie de cruce entre Skins y Smallville. En el fondo, los superpoderes sirven para poco más que poner en marcha las historias, pero quedan muy lejos de ser el conflicto principal de los personajes. Por eso Misfits puede ser una serie redonda y Heroes se queda por el camino. Aunque unos se gasten una millonada en efectos especiales y otros nos convenzan de que un personaje es invisible porque se pone delante de otro y éste hace como que no lo ve. Superpoderes de barrio, oiga.

En la serie inglesa, nos pasamos el primer capítulo esperando que hagan saltar rayos o que levanten coches con el pulgar. Pero a medida que avanza la serie, nos va a interesar más por qué los protagonistas tienen una condena de trabajos comunitarios. Preferimos ver cómo se enfrentan a las drogas, el sexo o la soledad antes que una ensalada de mamporros o biorrayos lanzados contra un villano que no se ha enterado de que el mundo ya lo conquistó Google.

El drama de estos chavales tan descolocados y enfrentados a enemigos tan terribles como una especie de trasunto de HazteOir (y esta frase es exclusivamente para hincharme a visitas y comentarios bien razonados) está muy bien matizado por un sentido del humor ácido como Sacha Baron Cohen chupando un cesto de limones. Haciendo equilibrios entre estos dos aspectos, los guionistas encajan pequeñas tramas de misterio que enganchan mejor que cualquier giro sorprendente de último segundo. Y eso que menudo cliffhanger dejan al final de la temporada.

De todos los capítulos, presten especial atención a los pares. El segundo tiene momentos desternillantes para explicar un trasfondo bastante más serio. El cuarto recuerda por momentos a lo mejor de Corre, Lola, corre y el sexto hace auténticos malabares con todos los elementos que tienen los guionistas a su disposición.

Mientras alguien se decide a emitir aquí esta pequeña gran serie, les recuerdo que lo más parecido que tenemos nosotros a los adolescentes con poderes de Misfits es a Blanca Romero “volando” al final de Física o química. Las comparaciones se las dejo a ustedes.

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22 May 2012

Alice, ¿quién coño es Alice?

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Rápido, háganme un favor, vean este trailer:

Esto, mis queridos amigos o, cuando menos lectores, es una actualización del relato de Alicia en el País de las Maravillas. Esto otro, sin embargo, es un pastiche:

SyFy estrenó esta “puesta al día” de la novela de Lewis Carroll (sin relación con Pepe) y yo, que podía verla o desarrollar la fusión fría en un rato tonto, opté por verla. ¿Por qué? Porque conseguir la fusión fría con la que está cayendo no tiene mérito.

En la nueva versión televisiva, Alice deja de ser una niña inocente para convertirse en una profesora a tiempo parcial de artes marciales, obsesionada por la desaparición de su padre, años atrás. ¡Toma ya! Al País de las Maravillas llega en persecución de los secuestradores de su novio, lo que deja claro que esta chica tiene más peligro que Jessyca Fletcher en temporada de comuniones.

Después de atravesar el espejo (ejemnoshemosequivocadodenovelaejem) cae en un mundo muy distinto al que visitara Alice Liddell hace ya casi un par de siglos. Oh, porque en este relato, los personajes son conscientes de los cuentos de Carroll. Y es en la composición de este universo donde el pastiche se desmadra. Alicia en el País de las Maravillas deja de ser un referente para convertirse en una excusa y un tema recurrente para los escasos guiños a los conocedores de la obra original.

Más allá de eso, tenemos elementos de Matrix, con lo que sería un juego de influencias de ida y vuelta, de The Prisoner, de cierta canción de Gompie y, sobre todo, de La guerra de las galaxias. Uno diría que el guionista se cayó en la marmita de Star Wars cuando era pequeño. Tenemos a un contrabandista caradura, pero en el fondo majete, persecuciones en motos voladoras por los bosques, antiguos caballeros ocultos en la espesura, batalla final a dos niveles con ejércitos enfrentados en un exterior y combate psicológico en el interior… y más cosas que no comento por no hacer putadas (traducción libre de Berto Romero para el término spoiler).

¿Hacía falta la referencia de Alicia para la historia que nos proponen? La misma que poner aquellos cartelitos de “anunciado en TV” que estampaban antes en algunos productos. Con ese intento de hacer una historia “realista” se pierde la esencia de locura que tiene el relato original y se renuncia a crear una mitología propia a cambio de cuatro referencias mal dosificadas.

Así con todo, los frikis de Star Wars o de la literatura inglesa del siglo XIX seguro que le sacan rédito a las casi tres horas que suman los dos capítulos. Porque, como diría el mono de Ono: es un pastiche bonito. Pero es un pastiche. Ideal para la resaca de carbohidratos y grasas de toda índole que se nos viene encima.

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18 May 2012

El concord aterrizó por última vez (otra vez)

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Llevo una semana escuchando sin parar en Spotify la discografía completa de Flight of the Conchords. Entre frases como esta y el mac que me acabo de comprar, soy el tío que más asco da de mi manzana. Y eso que el vecino tiene síndrome de Diógenes.

La situación es harto más dramática si tenemos en cuenta que los Conchords sólo tienen dos discos y alguna cosita grabada en directo. El motivo de este arranque musical es el anuncio de que no habrá tercera temporada de la serie. Dato que me chafó aún más toda vez que no sabía que estaba prevista. El final de la segunda tanda es redondo y se habla de una posible película, así que no todo está perdido.

Cuando les hablé de la serie en esta humilde bitácora, todavía iban por la primera temporada, que acabó con The doggy bounce prediciendo el éxito de Pitbull. Para que luego me vengan dieciendo que el preboste del género de anticipación es Julio Verne. Esto significa que todavía no sabíamos nada del primer ministro de Nueva Zelanda, presentado en un capítulo que optó al Emmy por su guión y que debería estar en todas las antologías del humor. Menos en las de Arévalo que venden en las gasolineras.

El tono de la serie tiene mucho de la The office inglesa. Murray, el manager del dúo musical protagonista, es una especie de David Brent de las antípodas. Pero pasado por el tamiz surrealista de que Bret, Jemaine y Murray vengan de un país que no existe: Nueva Zelanda.

  • Bret: Tengo una novia, pero ella no sabe que existo.
  • Dave: Pero tú existes, ¿no? (dándole un golpecito a Bret)
  • Bret: Sí, existo.
  • Dave: Bueno, pues ¿por qué decís que venís de Nunca Nunca Jamás?
  • Bret y Jemaine: Nueva Zelanda.
  • Dave: ¡Pero dijisteis que llegasteis volando!
  • Jemaine: En avión, Dave.

Por otra parte, las canciones de la parte musical de la serie tiene bastante más calidad que en de Paco y Veva y las canciones no son un karaoke, como en Glee. Además está muy bien integrada, dentro de la locura que es el guión, sin dejar de ser pequeños videoclips tan chulos como este:

 

Les he puesto este ejemplo porque está dentro del quinto capítulo de la segunda temporada, el que dirigió Michel Gondry. Y porque me encanta cuando repasa los motivos de ruptura de sus ex novias y dice: “Mona, me dijiste que estabas en coma”. Otros grandes momentos de las letras, escritas como los guiones y la música por los mismos protagonistas son (pausa para que Sabina vaya a por un lapiz y un papel):

- Eres tan bella que podrías ser  modelo a tiempo parcial (pero no deberías dejar tu trabajo de día)

- La gente dice que los raperos no tenemos sentimientos. ¡Tenemos sentimientos! La gente dice que no somos raperos. ¡Somos raperos! Y eso daña nuestros sentimientos.

- Ella es como un río de París. ¿Sucia?

- Me gustaría decirle lo buena que está, pero pensará que soy sexista. Está tan buena que me hace ser sexista. Zorra.

Llegados a estas alturas, ustedes se preguntarán a qué viene que Anómalo haga este elogio funerario. ¿Será que el parón de series americanas le tiene aburrido y añorando los buenos no-tan-viejos tiempos mientras llegan la Navidad y los regalos? Eeehm… sí. Será eso.

Ejem.

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