Isabel Coixet, (directora de cine y de publicidad), me cuenta que uno de sus primeros anuncios fue de una conocidísima marca de detergentes y que, estando en el set diciendo cosas que dicen los directores, como “¡corten!” o “¡acción!”, llegó el presidente de la empresa contratante. Ella continuó con lo suyo hasta que una mano le tocó en el hombro. Era el superpresi en persona que dijo: “Oye, nena, ¿dónde está el director?” Y la nena contestó: “Supongo que soy yo” y siguió como si nada. El superhombre no se disculpó nunca e Isabel le recuerda con un cariño insignificante.
Y, si la publicidad, hace sólo unos años, estaba así de mal, ¿cómo estaría la moda? Según Antonia dell’Atte ese mundillo estaba montado para que los play-boys “se tirasen” a las modelos. Ella no iba a determinadas reuniones y recomendaba a sus compañeras que tampoco asistieran. Los de la agencia, cual proxenetas, la extorsionaban por desobedecer y por malmeter a las demás.
Si esta fuente parece poco fiable tengo otra: Verónica Blume, que, además de gran modelo es mujer discreta. Declara que se ha quedado, por accidente, con los senos al aire en pleno desfile un montón de veces. Y que siempre que ha ocurrido, impepinablemente, ésa y no otra ha sido la foto de portada. En la profesión esto es vox pópuli; cuando a una le tocan transparencias o vestidos peligrosos el comentario del resto es: “¡Qué! ¡Vas a por la portada! ¿Eh?”
Otra de la que se han publicado cosas que no le gustan nada es la cantante Chenoa que, cuando fue novia de David Bisbal, se hartó de leer que el piso que pagaba con el sudor de sus cuerdas vocales se lo había puesto el famoso cantante. Una vez, acompañó a su ex novio a recoger el Grammy Latino en Miami y al día siguiente se hartó de leer “la mujer de” cuando en realidad había ido a Miami a grabar su segundo disco.
Llum Barrera (periodista, actriz y humorista) consiguió una beca en el Abc, allá por el 90, cuando estudiaba periodismo en Barcelona. El jefe de redacción era Francisco Marhuenda, hoy director de La Razón. De lo primero que se acuerda es de esta conversación con él:
“–¿Qué sección quieres?–Deportes.–¡Ni hablar! Ya tenemos para eso hombres”.
También recuerda las visitas del director, Luis María Ansón. Al cual había que recibir en minifalda. Ella se rebeló, argumentando que 16.000 pesetas al mes no le llegaban para un traje de chaqueta que enseñara la rodilla (el uniforme idóneo para ocasiones tan señaladas) y se salvó. Pero, desde entonces, sufre la maldición de la escueta falda. Como actriz ha sido seleccionada en muchas ocasiones para personajes que, de repente, alguien decidía que tuvieran 25 años, estuvieran bien buenas y siempre tuvieran tanto calor como para, ni en invierno en plena ventisca, dejar de ser minifalderas.
Sobre el público español dice que en 2001, trabajando en el programa de televisión Nada Personal, que presentaba en Telecinco Nuria Roca, se dio cuenta de que todavía no está preparado para que las mujeres digamos las mismas burradas que ellos. Su papel era el de “una liberal a lo Loles León, pero sin ser de Almodóvar”. Recibió cartas con lindezas como: “Tú lo que necesitas es un buen rabo” o “No entiendo tu humor ni por qué te dejan salir en televisión siendo así de chabacana”… Con todo este material didáctico, Llum llegó a la conclusión de que las cosas que las mujeres seguimos sin poder decir por televisión son: “Me tiré un pedete”, “me daría un revolcón” o “me tengo que cambiar de bragas”. Parece que el televidente prefiere seguir pensando que las mujeres no defecamos, no deseamos mantener relaciones sexuales y tampoco olemos mal cuando no nos pasamos por agua.
Soledad Mallol, una de las dos Virtudes que todos hemos visto en Matrimoniadas en Telecinco (de nada sirve negarlo; esa audiencia no surge por generación espontánea) me ha contado que en los ochenta en los pueblos de Madrid eran muy brutos. Tanto, que en más de una ocasión tuvieron que abandonar el escenario entre gritos como: “¡Bolleras!”. Según ella, provocaban esas reacciones sólo por tener un discurso feminista llevando minifalda.Una vez, después de que las echaran, el que las había contratado las tranquilizó diciendo: “Tranquilas chicas que es que aquí lo que gusta es la suelta de vaquilla en la disco y el boxeo femenino en top-less”. No muy distinto a lo que este mismo año han organizado en San Pedro de la Viña (Zamora) por las fiestas patronales en horario infantil y en plena calle: “Chica lava tractor” y “Lucha en chocolate”. Así que, de aquellos polvos estos lodos; eso sí, mucho más dulces.
A las archiconocidas Supremas de Móstoles –si las has visto una vez, te has quedado con su rollo y, si no, seguro que has oído hablar de ellas–, no hace tanto, las abuchearon por llevar minishorts en el cartel y actuar con pantalones largos, “que también se llevaban”, subraya una de ellas (Vicky). Susi, además, apunta con el dedo al articulista Antonio Burgos por haber escrito en Abc que eran unas “gordas calentonas” y añade: “Yo no me he acostado con ese señor. Así que no sabe si soy calentorra o no”.
Carolina Noriega, una monologuista cómica y guionista que no tiene nada que ver con el que enseñó el culo en el anuncio de una fanta (ya le gustaría a ella), me contó que el dueño de un local en el que actuó, a la hora de cobrar le dijo: “Tengo la mitad del cuerpo de hombre y la otra de anaconda ¿con cuál quieres hablar?” A lo que debió contestar algo parecido a: “Si no fuera porque me debes dinero,con ninguna”
Paz Vega estudió en un colegio de monjas y, como era antiuniforme, acortaba la falda remangándosela en la cintura –que, digo yo, que qué tendrá que ver estar en contra de ir uniformada con enseñar más cacha–. El caso es que un día, la hermana Josefina, le descosió en medio de la clase todo el bajo. A pesar de las continuas quejas de Paz: “Mire hermana. Si la falda está doblada por la cintura”. La monja se limitó a ordenarla: “Y ahora te vas a tu casa y que tu madre te la cosa”. O sea, que o estaba sorda y ciega o, además de pretender humillarla, quiso castigar a su progenitora con una sesión de aguja, hilo y dedal por permitir que su hija fuera tan fresca (sinónimo de guarra de la época).
Las del cole de Mariví Bilbao (Aquí no hay quien viva…) tampoco parece que fueran de las que se ganaron el cielo. Eran unas “hijas de puta y unas asquerosas”, según Mariví. Supongo que esta definición está teñida por el odio que aún profesa a la que le quitó una cajita de Heno de Pravia en la que guardaba sus fotos de Clark Gable. La monja justificó así la incautación: “Por esto no estudias. Vas a ser peor que bailarina”. Y la verdad es que, como actuar estaba por debajo de bailar en el ranking de la época, monja buena no parece que fuera pero, desde luego, sí que era buena pitonisa.
Rosa María Sardá era oficinista y, cuando dejó lo fijo para dedicarse de lleno a la interpretación, una tía suya publicó a los cuatro vientos: “¿Sabéis que Rosa ya no trabaja? ¡Ahora es actriz!”. Pero no fue sólo con las mujeres de la familia con las que tuvo encontronazos. También recuerda que, estando de gira, se le acercó un gerifalte con su esposa. La señorona, ni corta ni perezosa, le mangó las gafas que llevaba. La Sardá, con la misma soltura, le quitó las bragas, allí mismo, ante la perplejidad de los presentes. Con un par (hoy capicúa).
En 1997, don Guillermo Quintana (un catedrático de Psicología de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid) fue apartado de la docencia porque se le ocurrió convertir en libro toda su doctrina, y el papel, como el algodón, no engaña. Nada tiene de sorprendente ni de denunciable que un profesor obligue a sus alumnos a aumentar las ventas de sus libros. Lo que sus alumnos denunciaron fue lo que contenía su obra maestra La psicología y sus trastornos: “Las mujeres son conformistas, pasivas, débiles, inestables, coquetas y refinadas en el odio y el rencor”. Pero hay para más gente: los negros “inferiores a los blancos”; los orientales “lentos, torpes y carentes de imaginación” y Felipe González, Jordi Pujol y Xavier Arzalluz, “paranoicos”.¿Para qué metió estás enseñanzas en el plan de estudios de la especialidad de Música? Ni idea. Lo que sí sé es lo que logró: un revuelo mediático que le cambió la vida… Mientras el rector le mantenía apartado de las aulas, él presentaba una baja por enfermedad detrás de otra y tuvo que pedir a su editorial, Central Catequística Salesiana (CCS), la retirada del mercado de las polémicas 463 páginas. Mis fuentes no han podido confirmar si, en este caso, la editorial sabía lo que publicaba.También en 2002, otra pluma suelta pagó las consecuencias. Santiago López Castillo, director y presentador del programa Parlamento de TVE, desde hacía cinco años, fue destituido por el escándalo que generó lo que escribió en el periódico Guadalajara Dos Mil bajo el título El país más progre del mundo: “Leire Pajín, la joven socialista, ‘morritos Jagger’, que exhibe algunos atributos respetables pero insuficientes para compensar su cacumen o inteligencia”. Gobernaba el PP y fue ella misma quien me contó orgullosa el final de esta historia.
En 2002 se denunció al autor del libro La mujer en el Islam (con una tirada de 2.800 ejemplares). El imán de Fuengirola, Mohamed Kamal Mostafa escribió:“Algunas de las limitaciones a la hora de recurrir al castigo físico son: nunca se debe pegar en una situación de furia exacerbada y ciega para evitar males mayores”. O sea pégale pero no la mates.“Los golpes se han de administrar a unas partes concretas del cuerpo, como los pies y las manos, debiendo utilizarse una vara no demasiado gruesa, es decir, ha de ser fina y ligera para que no deje cicatrices o hematomas”. O sea pégale pero que no se note. “Los golpes no han de ser fuertes y duros, porque la finalidad es hacer sufrir psicológicamente”. O sea pégale pero sólo para torturarla.El revuelo fue enorme, las consecuencias no tanto.En el juicio alegó que sólo había traducido El Corán. La fiscalía lo negó. Jadicha Candela, portavoz del Congreso de Mujeres Islámicas, declaró: “Ese señor calumnia al profeta. Le paga Arabia Saudí y es un sicario de la ideología ultraintegrista wahabí, imperante en ese país”. (En Arabia Saudí, el 1 de abril de ese año, la Corte de Casación de Emiratos Árabes Unidos, el máximo órgano judicial, dictaminó que “un marido tiene derecho a pegar a su mujer con el objeto de disciplinarla, mientras los golpes no sean tan severos que lleguen a dañar sus huesos o deformar su cuerpo”).
Al final sólo estuvo en prisión tres semanas. El juez decidió excarcelarle a cambio de que hiciera un curso sobre derechos humanos y la Constitución española –seguro que con eso cambió de opinión–. La Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas lo aplaudió porque “la actitud más noble es el perdón”. Eso: ¡cerremos las cárceles!
En 2006, en la hoja parroquial titulada Aleluya del Arzobispado de Valencia, el catedrático de Teología Gonzalo Gironés publicó un artículo que decía: “El varón no pierde los estribos por dominio, sino por debilidad: no aguanta más y
reacciona descargando su fuerza, que aplasta a la provocadora. (…) Que no digan que el sexo femenino es la víctima y que todos los varones somos unos bestias porque las mujeres son las que practican el aborto y eso es más grave”.
La prensa nacional se hizo eco de este escrito y al final, en este caso, por la pluma (me refiero a la de escribir, claro) fue pescado este besugo.
Las cosas fueron así: primero el arzobispo Agustín García Gasco y el director de la revista alegaron que esta publicación era oficiosa pero no oficial. En concreto el dire afirmó: “Es una publicación del Arzobispado, pero no es el boletín oficial” y concluyó: “En cualquier caso la única responsabilidad es del que lo ha escrito”; tirando balones fuera al más puro estilo Pilatos. Después, cuando la Plataforma Feminista de Valencia (que agrupa a una veintena de asociaciones) pidió que la Fiscalía tomara cartas en el asunto, el mismísimo prelado firmó una carta, bajo el título “Perdón por la insensibilidad con las mujeres que sufren”, en la que se disculpaba por si alguien había confundido las opiniones particulares del autor con las de la Iglesia y “por las injustas, lamentables y erróneas palabras vertidas en una hoja parroquial por un sacerdote jubilado y sin servicio pastoral”. Este, más que lavarse las manos se duchó, se frotó bien y nadó unos largos para terminar secándose apartando a Gironés de la revista y pidiendo la renuncia a su director.
PD: No era la primera vez que los escritos de este sacerdote resultaban polémicos. También había escrito defendiendo el franquismo y nadie se disculpó.
Mercedes Sánchez, directora general de Servicios Penitenciarios y de Rehabilitación de la Generalitat de Catalunya, en 2002 prologó un libro de versos escrito por reclusos: “La poesía contenida en este libro rebosa humanidad y sensibilidad (…) merece mi reconocimiento y felicitación”. Uno de los poemas (Romance de la Silla) lo escribió un condenado a 30 años por matar a su esposa y decía: “La maté porque era una pelma (…) Debí atizarle antes (…) Era aburrida, asquerosa, mal vestida, glotona, gorda y sudorosa y andaba como burra herida, pese a que se creía hermosa”.
Hubo escándalo y el conseller de Justícia, Delfí Guardia, zanjó la cuestión con esta declaración: “Es lamentable que haya alguien que pueda pensar eso (…) y que lo escriba. Me duele el error, no la mala voluntad de no saber discernir lo que era publicable de lo que no lo era.”
¿No hubiera bastado con leerlo para discernirlo? ¿O es que insinúa que alguien les hizo la cama? En cualquier caso, con la cama hecha o sin hacer, la directora no dimitió porque no era culpable de defender los malos tratos sino de no leer, y en eso, claro, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Otra que se cubrió de gloria en 2002 fue la delegada del Gobierno en Castilla- La Mancha, Encarnación Naharro, en la revista Ecos Toledo: “Los hombres conducen en general mejor que las mujeres. Siempre que ves a alguien por la carretera dudando y tal, es una mujer”.
Esta tesis fue ratificada por Carmen Riolobos, diputada popular que añadió: “Las mujeres tenemos dificultades para orientarnos espacialmente, y es algo demostrado científicamente. Eso hace que nos perdamos en las ciudades cuando conducimos, cosa que a mí me pasa habitualmente”.
Seguro que las pocas conductoras de transporte público y montañeras que hay les están agradecidísimas…
Ya avisé en el primer artículo de esta saga que los ejemplos femeninos no los iba a obviar. Hoy son los protagonistas.
Empecemos con unas madres. Begoña Aranguren (conocida más por ser sobrina del filósofo o por haber estado casada con José Luis de Vilallonga, que por ser periodista y escritora) es la decimotercera de 14 hijos y su progenitora les decía: “Vete a por una manta que tu hermano se acaba de echar en el sofá, después de comer, y va a coger frío” o “niña, tu hermano quiere un güisqui”. Ella lo enmarca en el matriarcado del País Vasco que define así: “Los asuntos importantes los llevan las mujeres, desde siempre, y se trata a los hombres como si fueran tontos, pero haciéndoles creer que son los que mandan”.
En Brasil no sé si el matriarcado llega a tanto, lo que sí sé es que a Milene Domínguez (la futbolista ex mujer de Ronaldo) ni su madre ni sus seis hermanos le dejaban jugar al fútbol. Ella, a escondidas, le sacaba la cabeza a la única muñeca que tenía y la pateaba futbolísticamente. A la hora de volver a casa, la volvía a enroscar (algo más deteriorada) y disimulaba meciéndola cariñosamente a ojos de mamãe.
Ahora que para femichismo el de la abuela de Begoña Maestre. Esta actriz, (Compañeros, Amar en Tiempos Revueltos…) contó que una vez se fue a la casa del pueblo de su abuela a pasar el fin de semana con su novio y otras dos parejas. Antes de tiempo, cuando estaban recogiendo y limpiando, regresó la dueña y, de repente, se escuchó: “¡Hijas de putaaaaaaa!”. Begoña debió pensar de todo: Ha pillado a dos, no precisamente jugando a las casitas, en su cama o, desalmados, ¿por qué habéis cogido sus relicarios? Cualquier cosa menos la realidad. ¿Cómo iba a imaginar que se pusiera así porque uno de los varones del grupo estaba barriendo (labor no propia de su sexo) habiendo mujeres en el rebaño?
Érase una chica de quince, de cuyo nombre no voy a acordarme, hija de un concejal del PP y amigo del alcalde de Toques (A Coruña). El alcalde, de cuyo nombre sí que me acuerdo (Jesús Ares), abusa de nuestra protagonista. Ella y su familia denuncian y muchos les dan la espalda (incluidos los compañeros de partido del padre, que también lo eran del abusador). Tres años después, en 2004, fue condenado por esto a indemnizarles con 6.000 euros y a una multa diaria durante 24 meses.
Don Manuel Fraga (presidente de La Xunta) dijo: “No creo que haya un motivo de acción inmediata contra el alcalde de Toques. Otra cosa es que en su día, en consideración de su edad, pueda volver a ser candidato”. Setenta años tenía Jesús Ares cuando, viniendo de quien venía, se contó este chiste sobre jubilación tan gracioso.
Fraga le defendió hasta el final. Tardó quince días más que todos los demás en condenar su comportamiento cuando el Parlamento gallego se lo solicitó por unanimidad. Y lo hizo en estos términos: “Hago lo que me pide el Parlamento. Mi rectificación va en el sentido parlamentario de la palabra”.
Dos días después, cuando el Parlamento gallego pidió la dimisión del alcalde, a las puertas de la cámara miles de mujeres (que declararon haber recibido llamadas de vecinas del municipio que afirmaban haber sufrido abusos también) cantaban: “O alcalde de Toques tócalle ás nenas/e para Fraga son menudencias/ Que lle toquen a Fraga nas pertenencias”. A pesar de la serenata, un mes después, Jesús Ares se volvía a negar a abandonar su cargo aunque la Audiencia Provincial de A Coruña ratificó la sentencia condenatoria. Para entonces él y cinco de sus ediles habían sido expulsados del PP.
En las municipales de 2007 con nuevas siglas, por esas paradojas de la democracia, volvió a ganar las elecciones pero sin mayoría absoluta.