Qué vamos a hacer con los parados

01 May 2009
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Más de cuatro millones de parados deberían ser argumento suficiente para poner fin al despiadado debate que se produce en España. El Gobierno, acorralado parlamentariamente por la conjunción del PP y los partidos nacionalistas de derechas, promete resultados inmediatos de sus políticas y asegura que no va a ceder a la presión para recortar la protección a los desempleados. La oposición y la patronal suman sus discursos para defender la urgencia de abaratar el despido como fórmula infalible para volver a generar empleo. A ellos se unen las voces de una institución del Estado tan respetable e independiente como el Banco de España y de algunos ex miembros de las filas del Gobierno, hoy al otro lado de la barrera. Lo que la sociedad española anhela es salir cuanto antes del túnel de la crisis, pero lo más
importante no es cuándo, sino en qué condiciones afrontaremos el futuro si superamos este desastre social y económico. Desde esta perspectiva, se trata de una polémica interesada que afecta a la raíz de la propia democracia.

Los asalariados aportan el 80% del impuesto sobre la renta, y esta proporción es aun mayor en la aportación del consumo de las familias al IVA y a los impuestos especiales. Con este dinero de los contribuyentes, el Estado sufraga las ayudas concedidas al sector financiero, a muchos sectores industriales y a la liquidez de las empresas. Aunque algunos se oponen a que estas subvenciones se estén concediendo sin contrapartidas, como se exige, por ejemplo, en Estados Unidos, las medidas de salvamento se están aprobando en España sin que nadie haya puesto un grito en el cielo. Pero desde hace poco más de un año, dos millones de trabajadores se han convertido en nuevos parados, y son ellos los que pagan doblemente la crisis. Y esta situación especialmente dramática, la que suscita los principales desencuentros, es a la vez la gran asignatura pendiente de la cohesión social en España.

Ingreso en Europa

El ingreso en Europa consolidó la naciente democracia española y la rescató de los peligros históricos que han hecho fracasar la convivencia. Con dinero europeo, bancos y empresas españoles que salían de la autarquía franquista pudieron convertirse en multinacionales. El boom de la construcción fundamentado en el crédito fácil contribuyó decisivamente a instaurar el falso mito de que nos estábamos convirtiendo en ricos. España construía al año más viviendas que Alemania, Francia y Gran Bretaña juntos. Sin embargo, un 30% de la financiación provenía de bancos europeos –canal ya cegado– y al calentamiento de la demanda contribuyó el hecho de que casi cuatro millones de viviendas construidas en España sean propiedad de extranjeros. El milagro de la economía española se basaba en que el ciudadano medio estaba convencido de que antes de pagar el primer plazo de hipoteca ya había ganado dinero. Aquel sueño de riqueza se producía con dos millones de parados, un déficit estructural que en cualquier otro país europeo habría hecho saltar todas las alarmas y habría alimentado el descontento. La quiebra de la economía del
pelotazo ha liquidado el gran filón de empleo.

Los que defienden el despido barato tienen razón al argumentar que la crisis produce en España exponencialmente más paro, pero olvidan mencionar la precariedad de nuestro mercado de trabajo, insostenible en el estándar de las socialdemocracias europeas, aunque lleven años de progresiva decadencia, infectada Europa por el virus letal del neoliberalismo. Un tercio de nuestros trabajadores tiene contratos temporales y la masa de emigrantes que tanto ha contribuido a nuestros años de expansión económica trabaja mayoritariamente en precario. Ellos sufrieron en primer lugar el impacto y a nadie pareció preocuparle. Actuaron como un colchón de seguridad hasta que el drama golpeó “a los nuestros”, en un alarde de irresponsabilidad y cinismo, sin que casi nadie analizara en profundidad las graves consecuencias para el futuro.

El modelo alemán

Quienes ponen de ejemplo a Alemania, que como Francia y otros socios de la UE resisten mejor sólo en el campo del empleo, se olvidan de contemplar que la representación sindical no es simplemente allí un cauce para la defensa de los derechos y para el cauce de la protesta. Los sindicatos tienen en ese país también voz y voto en la dirección de las empresas: el conocido sistema de cogestión que explican hasta los libros de texto. La sociedad española valora la convivencia y ha renunciado a la confrontación como recurso. Así que, aunque la situación es más grave, no se da aquí la circunstancia de que el 55% de los franceses justifiquen en las encuestas a los trabajadores que secuestran a empresarios que anuncian recortes de empleo. La frustración social no ha desembocado aún en violencia, lo cual dice algo a favor del temple de nuestros sindicatos. La expansión económica de años pasados permitió renunciar en parte a la promesa del Estado de bienestar que traía el PSOE bajo el brazo en 1982. Se construyó un esbozo de modelo, ahora bloqueado, en el cual el crecimiento constante permitiría superar la fosa inmensa que en nuestro país ha separado históricamente a los ricos de los pobres. Se creó la idea de una conquista lenta de derechos que permitiría acabar con un país tan desestructurado socialmente.

El imperio neoliberal iniciado en Estados Unidos por Reagan y llevado al estertor por Bush minó decisivamente el modelo de la Unión Europea, sometida al vasallaje. La necesidad de financiar la guerra de Irak llevó a acabar con todo control del sistema financiero. La avaricia empujó a alimentar la burbuja y los bancos estadounidenses, en lugar de la gestión prudente del dinero de otros, se dedicaron a practicar la estafa. Los resultados los estamos sufriendo. Cuando estalló el esquema, muchos dijeron que el modelo del capitalismo salvaje había fracasado y todos coincidieron en que había que imponer controles. Ahora la política que decide el G-20 y administra el Fondo Monetario Internacional es la de poner parches que se componen de billones de dólares pagados a los culpables y a los que sufren las consecuencias con el dinero de los ciudadanos. La sociedad afronta la crisis asumiendo deuda para el futuro.

Reformas

Y en medio de ese cruce de ideas se suscitó también la necesidad de un nuevo sistema o de reformas profundas, en lo económico y en lo social, para dejar de ser tan vulnerables a los ciclos negativos. Ya no se habla de eso. Ahora el debate se ha concentrado interesadamente en España en la conveniencia de recortar aún más los derechos, de modo que la protección de lo que ahora existe, si el Gobierno logra defenderla, será el mal menor. Los periodos de crisis son el mejor caldo de cultivo de la demagogia, cuyos frutos son siempre una amenaza para el progreso. Naturalmente todos pueden defender libremente sus ideas, aunque sería aconsejable hacerlo sin recurso a la mentira. Por ejemplo, el ex presidente José María Aznar debería sentarse de nuevo con George Bush antes de decir eso de que con él no habría crisis. Tampoco es aceptable separar la condición de asalariado y ciudadano, porque no es legítimo ni asumible que el factor trabajador sea reducido al criterio contable que se aplica a las mercancías.

Corrupción de poderes

02 Mar 2009
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Con virulencia creciente, asistimos a una guerra de empujones a los pilares del Estado de Derecho que amenaza con medina.jpgconvertir la división de poderes en que se asienta la democracia en un enredo. El colectivo de jueces ha decidido actuar como si fuera un partido político, utilizando además las técnicas de movilización de los sindicatos. En su protesta plantean reformas necesarias, pero la mecha que encendió su cólera es el corporativismo.

Las voces autorizadas de los jueces vienen a decir por pasiva que son un poder irresponsable, que nadie puede exigirles cuentas por sus actos y que las mismas leyes que aplican no siempre rigen para ellos. Frente al sentimiento dominante en la sociedad de que juzgan con doble rasero, los jueces eligieron como trampolín de su inaceptable blindaje el caso de su colega Tirado. Los ciudadanos que les pagamos el sueldo y sustentamos la independencia de su poder no tenemos derecho –eso creen– a pedir cuentas por la escandalosa negligencia del juez que no ejecutó la sentencia a quien luego asesinó a la niña Mari
luz. Todo el mundo es responsable de sus actos salvo si es magistrado. Dejaron clara su posición con una huelga, la primera en la historia de un poder del Estado, aunque ¿quién les va a juzgar por ello?

Más grave aún es la connivencia que a veces rige dentro de este club de privilegiados. Hace pocos días el Consejo General del Poder Judicial se reunió para debatir las declaraciones contra el juez Garzón realizadas por Fernando de Rosa, vicepresidente de este organismo dedicado a velar por la independencia judicial. La conclusión fue que era poco acertado decir que la investigación de Garzón sobre una presunta corrupción que toca al PP por varias partes “rozaba la prevaricación”. Pues el excelentísimo señor de Rosa se reunió en el mismísimo Palau de la Generalitat con el presidente de Valencia, Francisco Camps, y otros dirigentes del PP para debatir sobre un caso que parece implicar al propio Camps, su antiguo jefe en el Gobierno regional y el hombre que le promovió al cargo que tan mal ocupa. Declaraciones y reunión se produjeron el mismo día, el pasado 20 de febrero. ¿Habrá que recordarle al Poder Judicial que la ley que rige su funcionamiento y el propio Código Penal prohíben hasta una simple tarea de asesoramiento? No sólo las leyes, también el sentido común dicta que no pueden mezclarse justicia y política, máxime si hay posibles delitos por medio.

A la alteración de la serenidad de los jueces se suma la cruzada del Partido Popular. Ha llamado a rebato a sus filas para convertir en ataque general en su contra lo que es una investigación fiscal y judicial contra una supuesta trama de corruptelas que implica a algunos cargos del partido. Lo curioso es que la primera reacción de Mariano Rajoy y de otros dirigentes, entre ellos Federico Trillo, fue admitir que era una cosa del pasado y forzar la dimisión de varios responsables a modo de cortafuegos. Pero, al escupir hacia atrás, se mojaron los pies. Bastaron una llamada de teléfono y la intervención de Ana Botella en el máximo órgano de dirección del PP en defensa del legado de Aznar para alzar la nueva estrategia de derribar la instrucción judicial. La foto de todos los líderes juntos en el anuncio de la decisión parece la instantánea de un motín del que tendrán que irse bajando uno a uno.

Todos a una 

El objetivo es claro: invalidar la investigación logrando hacer prevalecer cualquier fallo en la instrucción. No se sabe todavía si a ello van a contribuir algunos jueces, para que no decaiga la ley del doble rasero. Pero el interrogante que deja el PP en pleno es por qué salen todos a una a defender a un grupo de supuestos corruptos. En esta batalla diputados populares utilizan el Parlamento para atacar la independencia de los jueces, en otra plástica muestra de respeto a la división de poderes. Y al rechazar al juez instructor, sin explicar en base a qué privilegio natural, el PP parece situarse por encima de la justicia.

Rajoy tiene todo el derecho de defender a su partido, siempre que respete las reglas que nos obligan a todos. En la campaña de agitación, entremezclada estos días pasados con la petición del voto, puede anotarse el tanto de haberse cobrado la cabeza del ministro de Justicia. Es una buena victoria de la estética sobre la ética, porque de lo que menos se habla y escribe ya es de que aquí se investiga a unos supuestos amigos del partido que ejercieron su influencia para conseguir contratos que se financian con el dinero de todos. También está en tela de juicio la corrupción de altos cargos del partido.

En lugar de imponer el guión, lo que debería preguntarse el PP es si emplear toda su influencia y gran parte de su crédito democrático para intentar tapar algo sucio es compatible con su legítima aspiración de volver a gobernar. Rajoy no debería olvidar que el partido que preside llegó al poder denunciando la corrupción de la última etapa en el Gobierno de Felipe González. Y tampoco debería seguir ahondando esta peligrosa política de confusión o corrupción de poderes.

Entre la campaña militar y la electoral

12 Ene 2009
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MAGDA BANDERA

La única frase que ayer arrancó algunas sonrisas en el centro de Madrid fue “No están, no se ven, los obispos del PP”. Por desgracia, es tan facilona como las declaraciones de Zapatero, que aprovechó un mitin en Galicia para exigir el alto el fuego y, sobre todo, para pedir a Rajoy que se pronuncie sobre la situación en Palestina y “se comprometa”.

Se abrió la veda. Estamos en campaña electoral, como casi siempre en este país, y ayer también se notó en las inmediaciones de Cibeles. Algún despistado que pasara por allí podría sentir que se había equivocado de manifestación. Demasiadas banderas del PSOE estratégicamente colocadas justo al lado de la pancarta VIP, la de los artistas. Lástima que sólo exhibieran sus logos, a secas, sin más compromiso. Ni una frase de repulsa al Gobierno de su partido por autorizar la venta a Israel de armas por valor de 1.551.933 euros durante el primer semestre de 2008, algunas muy útiles para la invasión de Gaza.

Ni siquiera le pidieron al presidente que hablara claro al amigo israelí, como exigían muchos de los manifestantes que ayer salieron a título personal sin más objetivo que denunciar la matanza de civiles, la ocupación y la impunidad del Ejército israelí. Se le llama así. No es tan difícil. No debería serlo ni siquiera para Zapatero, pero a sus seguidores les basta con saber que es el más duro de todos los blandos que se sientan en la ONU a hacer el paripé.

Las ciencias retroceden que es una barbaridad

05 Ene 2009
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ANTONIO AVENDAÑO

Entre la ciencia y la naturaleza, como entre el periodismo y la realidad, hay una misteriosa enemistad. Sin naturaleza no podría haber ciencia, pero sin ciencia la naturaleza ya nos habría devorado a todos. Ahora de lo que se trata es de que el exceso de ciencia no acabe devorando a la propia naturaleza.

Si el don Hilarión de Carlos Arniches nos enseñó con desahogo castizo que hoy las ciencias avanzan que es una barbaridad, ahora algunas reflexiones y comportamientos parecen indicar todo lo contrario, que retroceden que es una barbaridad. Que retroceden en el buen sentido de la palabra, claro está. Sostienen bastantes mujeres, muchos ginecólogos y casi todas las matronas que a la ciencia se le ha ido un poco la mano con la medicalización del parto, de manera que hoy en día una mujer pariendo se parece, más que a una mujer pariendo, a un coche averiado al que amarran sobre el foso del taller para que el mecánico doctorado en obstetricia le examine las entrañas, le suprima las vibraciones y le extraiga sin ruido el bebé como si fuera una pieza que amenazara con ahogar el motor.

Hoy muchas de ellas piensan que una mujer embarazada es sólo una mujer embarazada, y no un maldito coche averiado. Por eso ven bien que las ciencias retrocedan un poco y reembolsen a la naturaleza algo de lo que le habían arrebatado. La ciencia ha hecho los partos más seguros y menos dolorosos, y eso es bueno, pero el exceso de ciencia puede acabar desnaturalizándolos, y eso ya no es tan bueno. Precisemos: que supongo yo que ya no es tan bueno, porque saberlo, lo que es propiamente saberlo, más bien no lo sé, pues en materia de partos uno habla estrictamente de oídas. Valga en mi descargo que escribir artículos es una cosa que suele hacerse de oídas. No como parir niños, que es una cosa que siempre se hace de verdad.

¿Quién paga los experimentos políticos?

16 Dic 2008
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SALOMÉ GARCÍA

Denuncia UGT que el invento de Camps para fastidiar al Gobierno va a costar entre 8 y 15 millones de euros no previstos en el gasto educativo valenciano. La Conselleria no reconoce las cifras, pero sí admite un sobrecoste por la contratación de profesorado en inglés para impartir Ciudadanía. A esos profesores/traductores, cuatro meses después de iniciado el curso, ya no se les puede despedir aunque se renuncie al experimento de impartir la asignatura en el idioma de Shakespeare. Para más despropósito, ni siquiera se puede reciclar a esos docentes de secundaria en profesores de infantil y primaria, donde el déficit del aprendizaje del idioma extranjero está asumido incluso por Camps.

Lo que es más difícil de cuantificar es el tiempo perdido estos meses, el descoloque de los docentes y el deplorable mensaje trasladado al alumnado. Por contra, las protestas han forzado a Camps a rectificar. Ahí sí hay una lección de control ciudadano al poder de la que los chavales pueden sacar una enseñanza provechosa.

Distintas varas de medir

12 Dic 2008
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SALOMÉ GARCÍA

Si arrearle una bofetada a un hijo de 10 años que te acaba de lanzar una zapatilla está penado con cárcel y más de un año separada del menor, poco me parecen los 19 años de condena que solicita el fiscal para la madre de Alba. La niña catalana fue reiteradamente torturada por el novio de su madre mientras ésta participaba, al menos, por omisión. Alba continúa hoy en día un vía crucis de intervenciones quirúrgicas para intentar que vuelva a caminar y a articular palabra.

El caso, cuyo juicio se inició ayer, es repulsivo y cualquier condena parecerá escasa para castigar tanto daño causado a la menor. La proporción ahí es imposible. Pero el asunto de la bofetada es justo al revés. La jueza está infligiendo al menor un daño muy superior al que le causó su madre. Por mucho que le doliera la torta y la lesión que sufrió al caer en el lavabo, no es comparable con estar más de un año sin ver a su madre. Es lo que quiere expresar hoy el pueblo de Pozo Alcón, que se concentrará en apoyo de la familia y contra la sentencia.

Y es que la desproporción es habitual en el ámbito judicial. A un juez que ocultó 200 casos sin resolver para pasar por un tipo eficiente ante su sustituto, le han puesto 300 euros de multa. A saber cuánto mal ha provocado. Al magistrado que no encarceló al asesino de Mari Luz, su error le costó 1.500. Sobre los efectos de su conducta, se han gastado ya ríos de tinta. Sin embargo, contra ninguno de estos dos consta orden de alejamiento de los ciudadanos a los que han dañado.
La madre del tortazo no pega habitualmente a sus hijos y su niño mayor es muy díscolo. Ambos son hechos probados que recoge la jueza. La bofetada ocurrió dos años antes de la sentencia y en este tiempo no se ha repetido violencia alguna en esa familia. Son hechos que deberá sopesar el juez que decida sobre el recurso si quiere dictar un auto proporcionado.

¿Sabemos valorar las cosas sin precio?

09 Dic 2008
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DAVID MIRÓ

Cuando el ser humano pasó del intercambio al comercio con dinero inventó una nueva manera de valorar las cosas: según su precio. En todos los sistemas económicos que ha habido desde entonces –comunismo incluido– las cosas han tenido precio, en unos casos fijado por el Estado, pero en la mayoría al albur de la ley de la oferta y la demanda (la variable más sofisticada de la cual sería el regateo: una cosa vale lo que una persona está dispuesta a pagar en un momento determinado). Gracias a los precios, las personas podemos hacernos una idea del valor que damos a las cosas. Por la misma razón, cuando nos ofrecen algo gratis y perdemos esa referencia corremos el riesgo de no valorarlo lo suficiente. Puede que algo de eso esté pasando con la sanidad pública.

Todos conocemos a alguien que, al mínimo síntoma, se planta en urgencias para que le hagan una placa. Pero, ¿cuántos sabemos lo que cuesta una radiografía? ¿Y un análisis de sangre?

Durante décadas, en España el agua fue casi gratis, se consideraba un bien casi inagotable, hasta que el crecimiento demográfico y un cierto descontrol en su uso impusieron un incremento significativo de su precio. Hoy, todo el mundo está de acuerdo en que fue una medida necesaria. Tampoco casi nadie discute que la gasolina en Europa esté gravada con impuestos y sea mucho más cara que en Estados Unidos porque consideramos que hay que apostar por una movilidad sostenible.

Y luego hay otra cuestión. ¿Y si a cambio de un cierto copago sanitario podemos financiar un año de baja maternal? ¿Qué preferimos?

En mi opinión existen argumentos suficientes para que se pueda generar un debate sereno. Sin perder de vista el objetivo último: asegurar el futuro de un sistema sanitario público que es la envidia de medio mundo. Y no lo valoramos.

Reflexión aristotélica a propósito de Enrique Múgica

29 Nov 2008
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ANTONIO AVENDAÑO A Enrique Múgica le gustan los toros, pero no le gustan los tontos. La razón de que le gusten los toros no está clara ni tiene por qué estarlo. Ni tiene él por qué explicársela a nadie, porque intentar explicar cosas de tanta hondura y sentimiento como las corridas de toros es de tontos. Sí está clara, en cambio, la razón por la cual al defensor del Pueblo, del Pueblo Listo, se entiende, no del Pueblo Tonto, que a ese no tiene por qué defenderlo nadie porque con los tontos es perder el tiempo; la razón, digo, de que a Múgica no le gusten los tontos es diáfana, dado que si a alguien no le gustan los toros es porque es tonto, cualquier buen conocedor de la Lógica de Aristóteles, como sin duda lo es Múgica, infiere sin dificultad que si a uno le gustan los toros, por fuerza no han de gustarle los tontos, pues si le gustaran los tontos él mismo sería tonto y eso es imposible puesto que él es un tipo listo, como se demuestra por el hecho de gustarle los toros. Se entiende, ¿no?

Con esta controversia el defensor se ha metido en un lío. En un lío tonto. Múgica pide explicaciones a los antitaurinos, sin advertir que las cosas son justamente al revés, que quienes deben dar explicaciones son los taurinos. Si alguien maltrata a un animal o levita mientras otros lo hacen, es él quien debe dar las explicaciones y no quien se opone a esa tortura. Si uno va por la calle y ve a otro darle una patada a un perro, está en su derecho de preguntarle por qué le da esa patada. De preguntárselo incluso aunque el agresor lleve bajo el brazo una edición anotada de la Lógica de Aristóteles. Lo raro sería que quien acaba de patear al perro le preguntara al pacífico ciudadano que lo observa que por qué no patea él también al animal. El interpelado no sabría qué contestar, naturalmente. Seguramente pensaría: ¡Vaya pregunta! Este tipo leerá mucho a Aristóteles, pero debe ser tonto.

La felicidad de no ser encuestado

24 Nov 2008
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JUAN GÓMEZ

El dato, de entrada, asusta. Si conocer a un sólo analfabeto activa emociones, impresiona saber que en España hay en la actualidad casi un millón de ellos, o bien el 2,4% de nosotros.

Menudo ejército formarían si les diera por movilizarse todos a una, vaya usted a saber con qué propósito. Pero como en todas las estadísticas, falta lo fundamental, saber cómo vive su propia condición cada una de las personas que, por la gracia del INE, engrosan esas filas.

A golpe de titular, alistamos a todos los analfabetos en un problema nacional, sin que ellos lo sepan ni tengan por qué sentirse así. La inmensa mayoría de los españoles somos, por ejemplo, incapaces de descifrar una partitura musical, y aunque eso no nos impide gozar con Miles Davis, fingir que lo pasamos bien con Béla Bartók o no soportar a Van Morrison, para cualquier melómano ciudadano educado en el centro de Europa somos un guarismo preocupante.

Se conocen pocas ventajas de no saber leer ni escribir, salvo ahorrarse tonterías como este punto de vista. Es muy grave que tanta gente no haya tenido acceso a esa especie de sexto sentido, tan básico para sobrevivir en la jungla social. Pero frente a las apabullantes encuestas, alimento del miedo, imagina uno la vida particular de cualquiera de esas personas y no encuentra motivos para, sólo por ser analfabetas, condenarlas a la infelicidad, o a lo contrario.

Los golpes «flojos» y el legado de Wilson

22 Nov 2008
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LUZ SANCHIS. Periodista

Desde la prisión de Brians, Antonio Fernando Quincoces dijo que no se arrepentía de nada, que nunca había tenido antecedentes penales y que a él lo que le ilusionaba era ponerse un uniforme para trabajar porque su padre era guardia civil y su hermano, teniente del Ejército del Aire.
No tenía antecedentes hasta que un jurado lo encontró culpable de homicidio y fue condenado a 13 años. Era vigilante del Maremàgnum, en Barcelona, y junto a Mariano Romero, portero del pub Caipirinha, y James Anglada, del Mojito, propinaron una paliza a Wilson Pacheco porque se puso chulo cuando no lo dejaron entrar.
Quincoces dijo que sólo le había atizado con su porra “dos veces y en las nalgas”. Romero, que le dio golpes “flojos y disuasorios”. Anglada arrojó a Pacheco al mar, a 25 metros de la pasarela del puerto. Estaba bebido y calzaba deportivas. Aunque intentó quitarse las zapatillas y la ropa, murió ahogado ante la mirada de un grupo de personas que le vieron moverse en el agua hasta que se hundió. Luego, se dispersaron.
Para lo único que sirvió su muerte fue para que la Generalitat se decidiera a regular el sector. Los candidatos a controlar las puertas de discotecas y pubs pasan ahora por un curso de 40 horas donde aprenden algo de leyes, primeros auxilios y psicología. Los que tienen antecedentes por agresiones o delitos contra el patrimonio están vetados.
Ante la comprobación de que muchos pueden haber superado el curso y después repartir somantas de palos al primero que les plante cara, la patronal del sector pide ahora que se mejoren los controles. Que se crucen los antecedentes penales con más frecuencia para detectar a los gorilas violentos pero licenciados en buenas maneras. Pero si los agentes no dan muchas vueltas para detectar a los que no tienen el título, no servirá de nada.