Taxi

15 Nov 2009
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Nunca sabes lo que puede ocurrir cuando penetras en el territorio privado de un taxi, territorio, en potencia, de alto riesgo. Desde el punto de vista de las ideas o de los prejuicios, hay taxistas para todos los gustos. Y por lo que respecta a la conducción, también. Por ello es siempre un alivio constatar que a uno le ha caído en suerte –en general es el caso– un profesional tranquilo.

Cuando hay sintonía, el efímero encuentro puede ser enriquecedor para el cliente. El taxista escucha cada día a gente diversa. Suele tener las opiniones claras, como el que me llevó el otro día en Alicante. Nunca quedó tan malparada España. Aquí la corrupción es endémica, los políticos no piensan sino en medrar. Aquí solo cuenta el pelotazo, el dinero fácil, el vivir de las apariencias. ¡Y mira el resultado! Da igual el partido: Matas, Camps, el alcalde tal, de acuerdo, pero también Roldán y demás ralea del último Felipe. Todos forrándose a costo nuestro, todos chorizos que nos han dejado el litoral patrio destrozado, por ejemplo, sin apenas una playa virgen. Y luego, los niños incapaces de leer un libro, que no saben nada de nada y que piensan que todo en la vida se puede conseguir sin esfuerzo…

Le trato de calmar. Le digo que tres décadas son poco tiempo, que la cosa no va tan mal, que el potencial del país es enorme, que vendrán tiempos mejores. Nada, me contesta, aquí nadie quiere asumir la responsabilidad de nada. ¡Somos un desastre!
Sólo han sido veinte minutos. Subo al tren alicaído tras tanta jeremiada. Y con infinitas ganas de ver el lado bueno de algo.

Attenborough

08 Nov 2009
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David Attenborough se merece con creces el Premio Príncipe de Asturias que le han dado aquí… y muchos más. Si alguien lo duda, le recomiendo encarecidamente que vea la serie Planeta Tierra, de la BBC, que está ofreciendo Público cada domingo con el diario. Ya van cinco entregas –De polo a polo, Agua dulce, Desiertos, Montañas y Cuevas– y puedo decir que, en toda mi larga experiencia de disfrutar programas de naturaleza en la televisión, tanto aquí como fuera, no he visto nada tan extraordinario, tan absolutamente cautivador.

Admirábamos al gran comunicador que es Attenborough por numerosos trabajos anteriores, pero en Planeta Tierra se supera, apoyado por un equipo de fotógrafos geniales que nos deslumbran con escenas, pormenores y atisbos, a menudo casi inimaginables, de pájaros, animales, peces e insectos, además de introducirnos en los lugares agrestes más insólitos del mundo.
¿Cómo olvidar, por ejemplo, después de esta serie, los inmensos cocodrilos semihundidos que se van aproximando poco a poco a los incautos impalas que beben en la orilla? ¿Los lagartos saltarines multicoloreados que bajan dando brincos al río? ¿Las pequeñas criaturas ciegas que habitan las profundidades del océano? ¿Los murciélagos atacados por rapaces? Y hay un valor añadido porque, si el comentario de Attenborough –fruto de décadas de experiencia– resulta incomparable por su información, también, como sabrán apreciar sin duda los estudiosos del inglés, es muy hermosa y matizada su voz. He aquí, en fin, una maravilla que por nada del mundo hay que perderse, y que reconcilia con la televisión.

Basura

01 Nov 2009
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El otro día una indignada lectora de Público se quejaba de la falta de limpieza que se observa en el barrio madrileño de Lavapiés, donde nunca hacen acto de presencia los ingeniosos aparatos municipales que con tanta eficacia se encargan de engullir los desperdicios dejados por quienes viven en, o transitan por, las zonas de la ciudad más ideológicamente cercanas a nuestro alcalde. Y es verdad que dicho barrio, sobre todo los días en que, por la razón que sea, tampoco lo atienden sus sufridos barrenderos tradicionales, es capaz de ofrecer un aspecto digno del Londres del siglo XVII, cuando el llamado Gran Incendio, provocado por las tan largamente amontonadas inmundicias de los habitantes, casi acabó con la ciudad.

Pero no se trata sólo de Lavapiés. Ningún foráneo puede visitar la capital española sin darse cuenta de la tendencia de los madrileños a tirarlo todo al suelo, en bares y fuera. Se trata de un hábito secular, atribuible, según mantiene un arquitecto amigo mío, a la herencia oriental evidente en tantas peculiaridades de la vida nacional. En este caso en mantener impecable la vivienda particular mientras se demuestra una notable falta de responsabilidad cívica en relación con el estado de la vía pública, la vía de todos. En mi propia casa –casa sin portero– a ningún propietario, y por supuesto a ningún inquilino, se le ha ocurrido nunca limpiar, ni cuando su condición es atroz, la acera delante de la puerta de la calle. Y uno se pregunta, ¿cómo podían imaginar personas tan poco respetuosas con su propia ciudad que les iban a dar los Juegos Olímpicos?

Automejora

25 Oct 2009
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“Auto” es uno de los prefijos bisilábicos más útiles que tenemos en el idioma y, como tantas cosas más, se lo debemos a los griegos. “Propio o por uno mismo”: así lo define el diccionario de la Real Academia de la Lengua, que aduce el vocablo autosugestión para ejemplarizar su función “como elemento compositivo que entra en la formación de algunas voces españolas”. Un término más cotidiano habría sido –elijo al azar– autobombo, autonomía, autocensura o autodefensa. Quienquiera es libre de inventar las voces que se le antojen utilizando la misma fórmula. Como la que se propone en el título de este apunte, calcado del inglés self improvement y que me imagino se le ha ocurrido a alguien antes que a mí. Se trata, desde luego, de una aspiración más modesta que el autoperfeccionamiento, imposible en este valle de lágrimas donde toda perfección, menos la de la muerte, es una quimera.

Desde hace años el self improvement está muy de moda en el mundo anglosajón, dando lugar a una multitiplicidad de libros del tipo Cómo perder peso sin dejar de beber alcohol o Cómo aprender alemán en un mes. Con la crisis actual no sólo se han disparado en un 25% los nuevos títulos sino que se van reeditando algunos clásicos del género, entre ellos el más célebre de todos, Cómo ser popular e influir en la gente (1936) del norteamericano Dale Carnegie, con su programa basado en el positive thinking (el pensar positivamente). No hay mal que por bien no venga, como se sabe, y en esta España malparada también se va notando una creciente afición a tales manuales. Ojalá no todos defrauden.

‘Ric’ y César Augusto

18 Oct 2009
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El pobre Ric asegura que se ha sentido avergonzado al ver la transcripción pública de lo que dice en privado. Pero ¿por qué tanto rubor si realmente se expresa así cuando está entre los suyos? Somos como hablamos y no le demos más vueltas. Él habla así… y es así.

¿Y qué pensar de César Augusto Asencio Adsuar, que ahora le toma el relevo como secretario general del partido por aquellos pagos? Iniciativa del Poble Valencià acaba de sacar a luz un artículo antisemita publicado por este señor en 1979, cuando tenía 17 años, artículo que ha reproducido fotográficamente Público. Asencio no parece sentir vergüenza alguna por aquel escrito, y se ha disculpado diciendo que se trataba de “un error de adolescencia”, nada más, cometido cuando era “menor de edad”. ¡Vaya error de adolescencia! El judío, afirma allí, dedica toda su vida “a vivir a costa de los demás con la usura y la finanza”.

Actúa siempre de “intermediario-parásito y nunca como elemento productivo”. Mina el Estado en que vive gracias al dinero que maneja. ¿Y el Holocausto? No hubo tal. La Cruz Roja, nada menos, investigó los campos de concentración y no encontró indicio alguno de matanzas. Se trata de un mito inventado por los judíos para poder seguir quejándose de su mala suerte, atacando el nacionalsocialismo (¡!) y… cobrando indemnizaciones a los alemanes. Sobre todo lo último. Así son ellos.
En 1995 Asencio accedió a la alcaldía de Crevillent con el apoyo de la Falange. Vaya elemento democrático. Si tuviera que elegir entre Ric o él –¡Dios me libre!–, me quedaría con quien se confiesa avergonzado.

Los irlandeses y Europa

11 Oct 2009
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Fueron de los primeros en ingresar –el referéndum de 1972 arrojó una inmensa mayoría a favor–, y la verdad es que la apuesta les fue estupendamente. Pertenecer al club europeo suponía muchas ventajas para un pequeño y hasta entonces aislado país agrícola (mar adentro, próxima parada Nueva York). Eran extremadamente atractivas las posibilidades que ofrecía la nueva coyuntura para las inversiones extranjeras, y se explotaron a fondo. Pero había una razón de otro orden, y muy honda, para entrar en Europa: la superación de la secular dependencia económica de Gran Bretaña. Recuerdo perfectamente la euforia que se apoderó del país al despertarse plenamente europeo. Era algo así como poder llegar a París directamente, prescindiendo de la ex imperial isla vecina.

Recuerdo también cómo, en pleno boom, las conversaciones en Dublín giraban en torno a un solo tema: el astronómico incremento que registraban los precios de la vivienda. Para quienes tenían entonces en propiedad una casa, era una auténtica fiebre del oro. Y –la máxima obscenidad– se oía a la gente quejarse de tener sólo una. Porque con dos ya estaría su futuro resuelto, siempre que, como en el caso de las especulaciones bursátiles, vendiesen a tiempo. Muchos no lo hicieron, por codicia. Y vino el inevitable crash.

La codicia, dicen, es pecado mortal. Y otro tal la soberbia. El autodenominado Tigre Celta, repleto de esta, decidió un día que podía prescindir de la Europa que le había enriquecido. Ahora, en crisis y atemorizado, ha vuelto al redil. No ha sido,
digamos, un espectáculo muy edificante.

«Selling Out Today» (Renfe)

04 Oct 2009
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Leo que, según Eurostat –órgano europeo de estadística–, casi la mitad de los españoles no habla ningún idioma extranjero. Supongo que será así si tal ente lo dice, aunque habría que recordar que millones de ciudadanos de este país, sobre todo los catalanoparlantes, tienen la suerte de ser bilingües. Bilingües de verdad que van de un idioma patrio a otro sin pensárselo dos veces, con absoluta
naturalidad.

Quienes no vienen al mundo con tal ventaja, que facilita nuevos aprendizajes, deben hacer un gran esfuerzo si quieren
adquirir una lengua foránea. No les será nada fácil.
Según la misma fuente, el 35% de la población española asegura conocer otro idioma. Inglés, mayormente. Hay que señalar, sin embargo, que el “conocimiento” del mismo aquí deja mucho que desear. Se nota no sólo en el bajo nivel de las traducciones en buenos restaurantes, hoteles y establecimientos comerciales, sino en destacados lugares públicos.
En Barajas durante años una voz británica digitalizada advertía a los viajeros (no sé si lo hace todavía) que había llegado el momento de embarcar. “Please passengers proceed” (a tal o cual puerta) recomendaba, en vez de “passengers please proceed”. Una auténtica monstruosidad. En cuanto a “Selling Out Today”, lo proclaman siete rótulos de la oficina de billetes en Atocha. Con inusitado optimismo, porque la frase significa “Hoy vamos a venderlos todos”, no, como dice el español arriba, “Venta salida hoy”. Sin o con Juegos Olímpicos es importante ser profesionales y evitar la incredulidad –o la risa– de quienes nos visitan.

Lorca y su familia

27 Sep 2009
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Los herederos de los escritores famosos suelen ser la leche. Los de Lorca, con la asesoría del intransigente abogado neoyorquino que desde Londres vela por sus intereses (y de cuyo nombre, etc.), no han sido ni son excepción a la regla. Se podrían documentar decenas, tal vez cientos de casos, en que su dureza a la hora de imponer condiciones ha impedido que proyectos de interés saliesen adelante. Quizás algún día lo cuente. Sí, quizás lo haga. Me apetecería. En 2016, de todas maneras, la obra lorquiana entrará por fin en el dominio público y se les acabará el chollo. ¡Albricias!

La homofobia de Francisco García Lorca y su hermana Isabel hizo imposible, a lo largo de décadas, que los críticos españoles deseosos de seguir acudiendo al archivo familiar pudiesen abordar en sus escritos el aspecto gay del poeta, fundamental para entender de modo cabal su vida y su obra. Como han pasado a mejor vida dichos hermanos del genio, el tema ya no constituye un problema para sus seis herederos. Pero sí, a todas luces, la fosa de Alfacar.

Seis herederos. Un solo varón, Manuel Fernández Montesinos –hijo de Concha García Lorca y ex diputado del PSOE– y sus dos hermanas. Más las tres hijas de Francisco García Lorca. Hechos todos una piña, hasta ahora, para impedir, si pueden, que se localicen e identifiquen los restos del poeta español más llorado de todos los tiempos, víctima de los fascistas de “su Granada”. Dentro de unos días conoceremos la resolución definitiva al respecto del dos veces “triunvirato” familiar. Resolución para la historia, sea cual sea su contenido.

Nueva Penélope, ¿todavía?

20 Sep 2009
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Viendo cómo está el patio he sentido la necesidad de volver durante algunas horas al lado del gran Mariano José de Larra, sobre cuya tumba dejó unas tiernas violetas, en 1937, Luis Cernuda. El poema del sevillano, compuesto en Valencia cuando el país se había convertido ya en inmenso cementerio, rezuma amargura y desesperación (“Escribir en España no es llorar, es morir…”), pero también constituye un canto a la misión redentora de la palabra literaria.

“Nueva Penélope, la España no hace sino tejer y destejer”, había estampado Larra cien años antes. Tropo certero, genial. La esposa del ausente Ulises promete a sus múltiples pretendientes, como se sabe, que elegirá a uno de ellos una vez terminado el tapiz. Tapiz que luego deshace cada noche mientras duermen estos. Muchos de los “curiosos impertinentes” que vinieron aquí durante el siglo XIX habrían suscrito aquella comparación. En primer lugar Richard Ford, el más “curioso” de todos ellos, que creía percibir al sur de los Pirineos un fatalismo que hacía imposible el progreso.

Acabo de releer tres de los artículos más famosos de Larra –“Vuelva usted mañana”, “El castellano viejo” y “La Nochebuena de 1836”–, y me he reído con ellos de nuevo. Y, también, casi llorado. España ha progresado enormemente desde entonces, como es obvio, pero persisten secuelas de anteriores obcecaciones. Para no seguir tejiendo y destejiendo hace falta, sobre todo, consenso en torno a la educación pública. Veremos si finalmente el PP resulta capaz de propiciarlo en vez de seguir mareando, como siempre, la perdiz.

Pena negra

13 Sep 2009
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Fue la otra noche en Cuatro, en el nuevo espacio de Iñaki Gabilondo (que a mí, entre paréntesis, me gusta menos que el formato anterior, con el cotidiano e imprescindible comentario del gran periodista al principio). No retuve su nombre, pero su cara dolorida y sus palabras apesadumbradas se me quedarán grabadas en la memoria. Esta mujer de pelo albo y vestido oscuro (“¡Oh blanco muro de España! / ¡Oh, negro toro de pena!”) lleva 30 años visitando cada día la cuneta donde yace su ser querido en las afueras del pueblo.

Y 30 pidiendo sin éxito a las autoridades de la España pretendidamente democrática que por Dios y por su Santa Madre le permitan exhumar aquellos restos y darles el entierro digno que se merecen. Yo he mirado los ojos de esta mujer, que tanto han llorado, y he despreciado, una vez más, a quienes todavía se oponen a que las familias de los vencidos tengan los mismos derechos que disfrutaron bajo la brutal dictadura franquista las de los vencedores. Vencedores que todavía se niegan a perdonar, que rechazan la misericordia, pese a la religión de amor que dicen profesar y que, en realidad, traicionan.

La imagen ha coincidido en el tiempo con la de Garzón entrando a declarar ante un Tribunal Supremo capaz de admitir a trámite la querella que ha puesto contra él, por supuesto delito de prevaricación, un grupo ultraderechista autodenominado, para más inri, Manos Limpias. El juez ha actuado impelido por el deseo de ayudar a las víctimas, personas como la pobre enlutada que hemos visto en Cuatro. Estemos atentos a lo que diga ahora el instructor del caso.