Dos textos sobre la enfermedad
(20/diciembre/2011)
Tapones para Sara
En ocasiones una se entera de ciertas cosas que le hacen seguir “creyendo” en el ser humano. Mientras los periódicos se dedican a seguir mostrando lo corruptos que son los ricos y lo malos que son los que ya sabíamos que eran los malos pero ahhhh!, no se puede decir nada, aquí nadie puede meterse con Ellos porque nos Salvaron el País y Bueno, Aunque Sean Corruptos…. que más da.
Decía que aún queda un poco de esperanza cuando una vuelve por navidad a su pueblito y ve cómo muchísima gente se involucra con el caso de una niña enferma, Sara, quien a pesar de la ayuda que desde aquí y desde algunos otros puntos de Madrid se le está dando… no creen que sobreviva. Sin embargo la gente sigue contribuyendo. La de Sara es una enfermedad muy extraña y ayudándola a ella ayudaremos también a futuros enfermos.
Pero para contribuir no hace falta dar dinero, que es lo que parece que todos nos echa para atrás en estos casos. Sólo hace falta enviar monedas de plástico, esto es, tapones de botellas. Esos tapones (se necesitan toneladas pero según me dijeron en uno de los colegios de recogida, la cosa va por buen camino) irán a una fábrica de reciclaje que necesita ese tipo de pieza y con el dinero recaudado, además de estar ayudando al medioambiente, ayudarás a curar a personas que quizá aún no hayan nacido, pero que ya te necesitan.
Los puntos de recogida están en algunos colegios del corredor del Henares y algunas empresas grandes, como Aena, que tiene miles de trabajadores, contribuye a la causa y dona a la semana casi cinco cajas de cuatro kilos cada una. No sé. Me pregunto quién quiere reyes teniendo tan ejemplares ciudadanos.
(13/diciembre/2011)
Sicko, sicko, sicko
El sábado pasado vi un documental de Michael Moore. A pesar de lo sensacionalista que es a veces y de ciertas cosas de su humor que nunca han terminado de convencerme, lo considero uno de los grandes autores de este siglo, por su compromiso y su manera de descubrirnos la sociedad norteamericana. Me gusta casi tanto como Sacha Baron Cohen. Sé que a primera vista no tienen demasiado en común, pero realmente son dos de los cineastas que más se atreven a indagar y a provocarnos de la manera más bruta posible, y, creo, más efectiva. Si con Sacha Baron Cohen la vía de escape es la risa (a carcajada), con Michael Moore es el llanto. A eso me refería cuando hablé de su sensacionalismo, o quizá de su extrema sentimentalidad. La bofetada de Moore no es tan cómica como la de Sacha, con éste ríes de incredulidad y con el primero te atragantas de impotencia. Quizá porque uno actúa sobre los tópicos que ya conocemos y porque el otro nos muestra relatos desconocidos, que, efectivamente, confirman el tópico, y que al demostrarnos que son tan reales acaban haciéndonos mucho más daño.
El nombre del documental que vi este sábado es Sicko, un retrato del terrible estado de la sanidad en Estados Unidos y de su relación con las aún más terribles aseguradoras, farmacéuticas y el propio gobierno corrupto. Si España tuviera un sistema de sanidad parecido al de Estados Unidos la mitad de las personas que conozco estaríamos muertas o endeudadas. Aquí tendemos a quejarnos, y con razón, de muchísimas irregularidades en nuestro sistema, sin embargo, por una vez, pensé que éramos afortunados en algo. La salud del pueblo es la fuerza del pueblo, concluye Moore. Así que, por favor, no dejemos que nadie venga a enfermarnos a nosotros también.
@MASAENFURECIDA: la solidaridad no ha fracasado
No sé cuánto tiempo tengo. Ni cuánto espacio. No sé cuánto le queda al mundo tal y como lo conocemos. Ni a la vida tal y como la conocemos. No sé cuántos días antes de desaparecer, de evaporarnos, de ser Otros… sin embargo, cierta felicidad recorre mi espalda cuando me hago esta pregunta: ¿quién está detrás de esa masaenfurecida que no es un Twitter, sino una voz cabrona, generacional y certera? Quién, ¿o da igual? Ni idea, pero, eso sí, el domingo quedó demostrado: sin ellos no seríamos nadie. Sin el humor, el pasotismo, la puntitahijadep que siempre meten-bien metida, esos héroes de la red social y esos héroes de ESPAÑA. Ellos han puesto de moda escribir EN MAYÚSCULAS PARA HACER MÁS RUIDO, ellos han puesto de moda, cada vez más, lo de no tener pelos en la lengua para decir las cosas claras, las burradas claras, el humor alto y claro.
Será que me he levantado optimista, pero al despertarme esta mañana y leer los tuits o estados de Facebook de esta masaenfurecida, de Camilo de Ory, de Juan Soto Ivars, de otros tantos tuiteros anónimos o de páginas como Love will tear us Aznar again (y su ya célebre imagen de Rajoy Dimission), decía que, al ver todo esto me he sentido “bien” por un momento. Me he dicho: oye, qué divertidos somos. O bien: oye, qué bien nos sienta la mierda, qué bien la afrontamos, qué graciosos van a ser estos ¿cuatro? ¿ocho? ¿cien? próximos años con una derecha tontorrona a la cabeza si aún quedan líderes de opinión, héroes anónimos y comentaristas con dos dedos de frente que nos hagan olvidar el terror de ahí arriba.
No sé, esa es la cosa, ¿no? Que la solidaridad (hoy) no ha fracasado.
Domingo por la mañana
El mundo se acaba. O no. El mundo empieza para muchos. El mundo empieza para los curas y los profes enchufados. El mundo se acaba para los homosexuales que se aman y que se quieren casar. El mundo empieza para los enfermos que tienen que aguantar en listas y listas y listas de espera. El mundo se acaba para los inmigrantes: más odio, más odio para ellos. El mundo empieza para los bebés que nunca debieron nacer pero que nacieron y sufrirán. El mundo se acaba para los jóvenes, los que no tenían futuro, los que seguiremos sin tenerlo, los que se hunden. El mundo empieza para lo privado. El mundo se acaba para lo público. El mundo empieza para los crucifijos. El mundo acaba para la memoria. El mundo empieza para el analfabetismo. El mundo acaba para esos, há, vagos de la enseñanza. El mundo empieza para el azul. El mundo acaba para la política.
Pero el mundo no se sostiene sin los que acaban. No se sostiene sin los que damos nuestro voto a un Reino Nulo. Porque eso no se ve en las encuestas. No se ve la calle, ni la voz no-dormida de quienes creemos que desde abajo –el asfalto, o el infierno si hace falta- podemos boicotear, ignorar y estar muy por encima de ese cielo lleno de gaviotas carroñeras.
Por eso he decidido no preocuparme por este domingo. De hecho, el 20-N será un día como otro cualquiera. Me despertaré tarde, haré el amor a mediodía, tomaré té en la cocina con Él y charlaremos de cosas anodinas. Mi voto en el aire o en la urna: no pensaré en él. Será un domingo por la mañana cualquiera. Y un domingo por la noche cualquiera. Y un país cualquiera con un gobierno cualquiera. Pero serán nuestras las armas. Desde abajo. Por el mundo que queremos.
Being Mariano Rajoy
Llevaba todo el puente intentando decidir de qué disfrazarme para esa fiesta de Halloween de la facultad de filología de una amiga cuando de pronto Twitter se puso una de las caretas más escalofriantes -no sé si por lo ridículo del rostro o lo amenazante del gesto- que pueden existir en este mundo. Las hay más feas, seguro, pensé, pero esta da tanto miedo, me dije, qué asco, me dije, es peor que el rostro muerto de Gadafi, que el rostro cómico de Aznar, que el rostro de un payaso de esos de las pelis de miedo, me dije, qué impresión ver su rostro cual carátula de la película Being John Malkovich, una y otra vez, como si mi pantalla de ordenador se hubiera vuelto loca: esa sonrisa inquietante (que me recordó al macro-cartel de Esperanza Aguirre de hace unos meses y me volvió a recordar el desastre azul, azul e inevitable). Pero, como decía, estaba intentando decidir mi disfraz de Halloween cuando de pronto Twitter superó todas mis ideas. La careta de Mariano Rajoy pobló perfiles y corazones ociosos: al final tenía razón mi colega Odile L’Autremonde, de Juventud Sin Futuro, cuando nos propuso salir vestidos de políticos a la calle ¿qué da más miedo?, nos preguntó. Nada sería más tremendo y propio de esta fecha, lo podría jurar, que una fiesta de disfraces llena de cerveza, humo y MDMA cuyos integrantes sean imitaciones de políticos celestiales bailando raro, restregándose mal.
Admiro mucho a El Puto Amo y a todos los Twitteros que dieron pie a esta iniciativa y Odio Mucho al equipo de Mariano Rajoy. Si nos va a censurar hasta en las redes sociales. ¿Qué nos espera después del 20-N, cuando inevitablemente gane y entonces su rostro, su maldito rostro, sea de verdad nuestro fantasma, nuestro dolor de cabeza y nuestra vergüenza?
Elija su propia muerte
Elijan su propia muerte y muéstrensela al mundo entero porque ahora es más fácil que nunca. Sí, es más fácil que nunca mostrar el rostro de los muertos, sus propios rostros ensangrentados, sí, y conviértanse en noticia, conviértanse en la maldita foto de portada de algunos periódicos del mundo: gusanos, pus, balas en el cráneo, moscas, mierda, asco, mucho asco, conviértanse en imagen incensurable, conviértanse en el fondo de objetivo de impúdicos periodistas morbosos, hagan de su carne pútrida la noticia, hagan de sus huesos rotos la noticia, hagan públicos los últimos segundos de su vida, grabados en un iPhone, tétricos, para apenar al mundo.
Porque eso es todo lo que se me venía a la mente después de ver casi en directo la espantosa imagen de la muerte de Gadafi: si esto es noticia, si ver sufrir/morir/aterrorizarse a un hombre (por muy malo que haya sido) tan descaradamente es parte ya de nuestro día a día… ¿hasta dónde vamos a llegar? Supongo que se trata de una cuestión muy subjetiva de escrúpulos, o algo parecido, y por eso prefiero no escandalizarme, simplemente me cuestiono la validez de estas imágenes, el deterioro, o no, del periodismo (cada vez más parecido a una película snuff que a un espacio para la información y el debate), o la importancia o valor que pueda tener una vida hoy en día.
No sé. Soy consciente del exhibicionismo brutal de la sociedad, y soy más consciente aún de mi propio exhibicionismo (Facebook, los blogs, twitter). Sin embargo también creo en los límites, y en la profesión, y, sobre todo, en el respeto al color rojizo-oscuro de la sangre de los muertos.
“El despertar político de la sociedad civil”
Con unas zapatillas ¿robadas? de alguna tienda moderna de Madrid y su bigote algo descuidado, Ernesto Castro patea las calles de la capital con unas ideas muy claras en la cabeza: “No me considero activista político. He participado en el proceso constituyente abierto por la ciudadanía crítica desde el 15-M hasta el día de hoy, como un igual entre iguales”. Sin embargo, desde que el movimiento comenzara (le he preguntado tontamente por sus motivos reales a la hora de Salir A La Calle y me ha puesto un emoticono raro como diciendo, ay, Luna, que nos sobran las razones) Ernesto ha sido de los que han dado caña, no sólo con su grito en el asfalto, también con su palabra escrita trabajando de forma intermitente en el Grupo Economía-Sol, esbozando un diagnóstico del panorama actual con su ensayo recientemente publicado, Contra la postmodernidad, y llevando a cabo una investigación sobre el concepto de “indignación”.
Pero todo esto no es suficiente porque aún quedan demasiadas cosas por hacer, pues 15-M o 15-O, no son más que fechas que, según Ernesto, debemos olvidar: “el 15-O pone el listón muy alto. Muestra la capacidad de convocatoria de los nuevos agentes políticos. Es un ejercicio de fuerza, un aviso”, me dice por el chat de Facebook.
Y luego está el 20-N, aunque eso ya es un tema aparte de política ruin y titular barato. Gane quien gane, ganarán los de siempre, por lo que es más preciso que nunca que el movimiento resista. Y ante la pregunta de si estamos asistiendo a un cambio global y generacional, Ernesto Castro responde: “mi respuesta es sí, estamos asistiendo a algo así como un despertar político de la sociedad civil”.
No volvamos, entonces, nunca, a cerrar los ojos.
Señoras que denuncian a Agustín
Érase una vez un señor llamado Agustín Fernández Mallo. Ese señor escribía libros –Nocilla Algo- que vendían mucho y que consiguieron animar y encender el debate literario entre 2007 y 2011. Mallo era muy odiado y muy querido. Los suplementos, las revistas de tendencias, los blogs… todos hablaban de él y de la supuesta generación que le acompañaba. Pero en 2011 Mallo decidió dejar atrás la Nocilla y volver a escribir otras cosas, como haría anteriormente en sus poemarios: y creó entonces el homenaje a ese gran autor que todos conocéis, don Borges. Mallo creó El hacedor de Borges, Remake, editado por Alfaguara. Una edición muy bonita, un libro en el que el autor recupera, versiona y revisa lo que más le gusta de don Borges. Un acto fundamental de la literatura, vaya. Lo que hace aquí Mallo, entonces, es recuperar el juego preferido de don Borges, pues él fue de los primeros en tontear con las versiones, las identidades, Pedro Menardo (héhé), etc.
Pero qué vueltas da la vida, me digo, cuando de pronto, como en cualquier cuento malo de Disney, una madrastra sin corazón llamada María Kodama (la mujercita de don Borges) decide denunciar a Mallo por plagio, porque se está lucrando, porque Mallo es malo, muy malo, porque Mallo quiere aprovecharse de don Borges, sí, ya, cielito santo.
Algunos temíamos la muerte del libro con la llegada de Amazon, sin embargo la muerte del libro está aquí. En este ejemplo. En las manos de una persona que a pesar de haber compartido su vida con uno de nuestros Grandes, no tiene ya ni idea de lo que es la literatura.
El dinero y el ego van antes. Sabedlo: la cultura después.
2004-2011: nos hemos vuelto tristes
Adiós José Luis Rodríguez Zapatero. Adiós Toros en Barcelona. Adiós Cortes. Adiós Socialismo. ¿Socialismo? ¿Qué es eso? Democracia. ¿Democracia? ¿Qué es eso? Adiós Minoría Absoluta. Adiós Libro Analógico. Adiós 15-M. Adiós Puerta del Sol. Adiós Aviones Jumbo. Adiós Educación Pública, Buena, Necesaria. Adiós Real Madrid. Adiós Señorita Sinde. Adiós Series Yonkis. Adiós Droga del Barça. Adiós Jumbo. Adiós José Tomás. Adiós Opinión Pública. Adiós Periodistas Decapitados. ¿Periodistas Decapitados? (No, no me refiero al ERE, no). Adiós Narcos Decapitadores. Adiós Indígenas. Adiós Evo. Adiós Rey. Adiós Disidentes del Régimen. Adiós EP3. Adiós, Países Revolucionarios. Adiós Periodistas de Calidad. ¿Periodistas Decapitados? Adiós Coherencia al Escribir. Adiós Minúsculas Estúpidas. Que hoy hay que Gritar para que a uno le escuchen bien. Adiós a las Estocadas. Adiós a los Ocho Goles. Adiós a los Títulos Universitarios. Adiós Papa. Adiós Juventudes Cristianas. Adiós Drogas Blandas. Adiós Festivales de Música. Adiós al Adeu. Adiós al Nacionalismo. Adiós Cambio Climático. Adiós José María Aznar. Adiós a la Dignidad en este Pueblo. Adiós a este País Soltero. Adiós Fidelidad. Adiós Amor. ¿Amor? ¿Qué es eso? Adiós a Todas Las Cosas que nos gustan, que nos disgustan. Adiós porque Todo Deviene Repugnante. Porque el Verano se acaba y con él El Sudor. Sin sudor qué somos. Sin sudor a qué olemos. Adiós Humanidad. Adiós Nobel de la Paz. Descansa en Paz Periódico de Izquierdas. Descansa en Paz Oficio Estúpido. Hoy no quiero que me entienda nadie. Adiós, tristeza. No sabes cuánto nos detesto.
11-R
A veces uno tiene que decidir qué se puede contar y qué no sobre el trabajo o empresa a la que pertenece. A veces uno tiene que arriesgarse: ¿que le corten la cabeza o la verdad por encima de todo? Pero siempre ocurre: somos unos cobardes y no decimos lo que sentimos, lo que pensamos, lo que realmente nos asquea: pero es que tampoco nos dejan espacio, tampoco podemos gritar a nuestras anchas (el mundo nos oprime la garganta, el mundo es un solo tuit ¿y qué vamos a contar en un tuit?), mejor ser cobarde, mejor guardarte el secreto, como cuando éramos niños y en la clase olía a pedo, “¿quién se lo ha tirado?”, nos preguntábamos agitados; y en seguida la trampa “¡ha sido el que tenga las manos rojas!”, ¿quién, entonces, en este mundo, a la hora de la verdad, será el primero en este país en levantar las palmas, aterrorizado y culpable?
Os diré que aquí todos tenemos las manos rojas. Que todos formamos parte de este pedo ficticio que se hace llamar Prensa, que está en ruinas, y que no deja de decepcionarnos día tras día. Os diré también, a riesgo de parecer una insensible, que el 11-R perdón… el Once Ese me da igual en este preciso instante. Está pasado de moda. El dolor neoyorkino, el dolor del Siglo, el dolor de las conspiraciones de esos tíos está desfasado porque el verdadero dolor está aquí, en las flatulentas aulas de Periodismo. Aulas sin futuro, sin suplementos, sin revistas, sin periódicos (¿¡qué está pasando!?), sin un duro, sin criterio, sí, Toda la Prensa está así y tenemos que buscar una solución porque a veces uno no puede decir lo que siente, aunque sí puede actuar, trabajar, buscar una nueva fórmula, que no será peor, ni mejor, pero que hará de nuestro trabajo y devoción algo tan hermoso y digno.
Juego de Votos
Mis amigos han conseguido que me enganche a Game of Thrones. Iba a decir que me gustaría que el mundo fuera como en esa ficción (quién no quiere ser un enano rico, una reina que soporta a su marido infame, una prostituta que soporta al infame del marido de la reina, un escudero fiel, o un Guardián de la Noche dispuesto a que le corten la cabeza bestias extrañas…), pero luego lo he pensado mejor y resulta que el mundo, o al menos el mundo político en España, no es tan distinto como parece. El rollo medieval lo veo claro: el machismo, la sumisión a un dios, la suciedad por todas partes, los reyes/políticos y sus consejeros (los que más miedo dan, sí, aquellos que mueven los hilos por detrás) gordos y corruptos, con sus chanchus de dinero, esas monedas gruesas de oro que bien podrían sustituir al Mortal Euro; es tiempo de intercambiar gallinas, o bien “reformulemos los mercados, no vaya a ser que nos quedemos sin caballos”. Y así, como en Juego de Tronos, los reyes se vuelven locos: la locura de quien siempre, siempre, siempre tiene lo que quiere menos la simpatía del pueblo, o, en este caso, los Preciados Votos de Noviembre.
¿Piensa el zombi político Zapatero más en su futuro personal que en ninguna otra cosa, y desde luego más que en el futuro político de su partido?, se preguntan Antoni Domènech y Gustavo Búster en un interesante artículo de la revista Sin Permiso. Porque, efectivamente, aunque en Juego de Tronos pretendan asustarnos con los Caminantes Blancos que acechan al otro lado del Muro, los que más asustan son los Caminantes Zombis que nos gobiernan, que nos quieren gobernar… y en su hipocresía nos hunden poco a poco en el fango.








