Hoy termino “Con un par”. Lo he escrito porque no creo que “el deporte más importante para una chica es casarse” como declaró en “El año de la mujeres” (1998) el Presidente de
la Federación Internacional de Atletismo (Primo Nebiolo); porque María Antonia Trujillo (siendo ministra de gobierno paritario) me dijo, en una conferencia de Solbes, que no le preguntara porque seguro que lo hacía sobre economía y eso “es cosa de hombres”; porque la directora del Instituto de
la Mujer (Rosa Peris) los fines de semana pone lavadoras ejemplificando la estadística (dedicamos el triple de tiempo que ellos a las labores del hogar); porque, como me dijo Cayetana Guillén Cuervo, también estoy harta de “los que tocan el violín, leen a Proust y van de progres” para luego alardear de “qué buen polvo tiene esa” o de si se follaron a la otra; porque, aunque a Verónica Sánchez cuando era una desconocida y trabajaba asustando en el pasaje del terror le dijeran “tía buena, maciza; yo sí que tengo algo que te va a dar miedo”, a mí no me lo dan y, además -como no-, porque Aznar me metió un bolígrafo en el escote y eso da coartada.
De él (exlíder de media España) podría escribir otro anecdotario ya que, desde entonces, tengo imán para sus hazañas: que si en un mitin en un ataque de chulería pidió que le midieran los genitales; que si en campaña electoral se jactó, delante de los periodistas en el bar del hotel, de que se iba a la habitación “a darle a Ana lo suyo”; que si le contaba chistes a Schröeder (con traductora presente de por medio) tan verdes fosforito que el alemán se avergonzaba por ella…
En fin, que para mí la ley de Igualdad era más que necesaria y que aunque, como me dijo Magdalena Álvarez, las leyes no sirven de nada si la sociedad no está preparada, creo que la nuestra lo está y, partidismos aparte, más de la mitad.
PD: Gracias a todas.
Luis Ángel de
la Viuda, siendo director gerente de Antena3TV, afirmó el 18 de abril de 1988 en el programa de Radio Nacional de España “Aquí te espero”: “la ley de televisión privada, no nos engañemos, es como las mujeres: está hecha para ser violada”. Ese año se salvó de llevarse el premio Estropajo, por aquello, porque coincidió con la famosa sentencia de la minifalda; esa en la que se justificaba una violación por llevar falda corta.
Por cierto, a Ana García Lozano, la presentadora de televisión que trajo los talk-shows a este país, hoy locutora de Punto Radio, le dijo un directivo delante de todo su equipo, después de visionar un número cero de “El Programa de Ana”, que no iba a funcionar porque se había puesto para la grabación minifalda y, como las mujeres son las peores enemigas de si mismas y el programa era para señoras, ya estaba sentenciada. Ana cuenta que presentó aquel formato durante seis años en Telemadrid y en Telecinco y que, el día que se despidió, lo hizo embarazada de nueve meses, con un 48% de audiencia (muchísima) y con una falda muy corta. Esa fue su pequeña venganza que, aunque se sirve en plato frío, no siempre lleva sólo sobras.
Sobre vestuario, la presentadora Nuria Roca me confesó que se ha llegado a probar cincuenta estilismos distintos para que le aprobaran uno. Está convencida de que los presentadores no pasan por esto y que ningún jefe se plantea que la audiencia dependa de lo que se ponga un hombre.
De propina la anécdota sin complejos de Rosario Pardo, (la actriz andaluza de Crónicas Marcianas). Le dijo a uno de “Los del Río” en directo (después de que él declarara que las mujeres tenían que estar en casa con la pata quebrada): “Tú lo que eres es un gilipollas”. Según Rosario, el presentador se quedó blanco pero ella después de explicarse, tenía muy buen color y estaba tan contenta.
A Mayra Gómez Kemp (archiconocida presentadora del UN DOS TRES) en una Gala de los premios TP, un realizador de TVE -de cuyo nombre no se acuerda aunque sí de su lengua- al ir a saludarle con los típicos dos besos, le metió lo que recuerda en la oreja. Para evitar un lío delante de los fotógrafos, sólo le soltó unos cuantos improperios en flojito y se fue a su casa a esperar a que apareciera este anecdotario. Además, en los ochenta, estando a punto de entrevistar en directo, otro señor realizador -de alguna manera hay que llamarlo- estuvo diez minutos explicándole como tenía que poner el pie al cruzar la pierna. Ella, con la tensión del momento, no entendía por qué eso era tan importante. Hasta que se dio cuenta de que, colocando el pie como el susodicho pedía, se le veía casi hasta la entrepierna. Isabel Gemio presentaba “Sorpresa, Sorpresa” en la etapa de mayor éxito del programa y una noche el actor Mickey Rourke era la estrella invitada. Llegó, digamos, contento. Yo le vi, entre bastidores, darse un golpe inexplicable en toda la cara, con un extintor rojo que colgaba de una pared desnuda blanca a la altura de sus ojos. Claro que, llevaba unas gafas oscuras enormes (¡menuda resaca!). Tanta que, aún con todo lo que había cobrado por dejarnos verle el careto, al director no le pareció mal que se las dejara. En realidad, eso fue lo de menos, porque en el directo enseguida apareció entre ellos una gran tensión, no precisamente sexual aunque recordara a “Nueve semanas y media”. Isabel intentó darle de comer fresas mientras le preguntaba, en alusión a las acusaciones que le señalaban como maltratador, si prefería dar o que le diesen. Mickey no se lo pensó, le dio la vuelta y, mientras ella preguntaba para qué, él la convirtió en la gran sorprendida de la noche dándole unos azotes en el culo en directo para media España.
La actriz Alicia Borrachero (“Periodistas”, “Hospital Central”, etc) denuncia que la mayoría de los taxistas de Madrid no paran si vas con un carrito de bebé aunque diluvie, nieve o te cuezas y confirma que resulta bastante enervante ver cómo las luces verdes encendidas pasan de largo y, más aún, cuando a través de sus ventanillas salen cuerpos que gritan: “¡Con carrito no!”. Para redondear su testimonio sobre el gremio añade que cuando alguno se apiada y quiere montarla –en el taxi– lo hace sin mover ni un dedo; ni se bajan del vehículo que constituye la república independiente de su casa.
Aitana Sánchez Gijón, otra actriz maravillosa, cuenta que, saliendo del teatro en el que acababa de actuar, con un gran ramo de flores en las manos, se subió a uno de estos estados tan particulares y que el tipo se dio la vuelta a lo Humphrey Bogart para declararle mirándole a los ojos: “Pues no está usted tan buena como piensa mucha gente”; dejándole sin palabras.
La que sí que encontró que decir fue Pilar Bardem, que se topó con uno al que le gustaba y que le decía: “¡Cómo me estás poniendo de cachondo!”. Y ella le siguió el juego: “Pues anda que tú con ese cogote…”. Aquel rey del asfalto se desconcentró con tanto piropo y se metieron una pequeña galleta. Pilar remató la faena al bajarse con un: “Eso te pasa por dar la brasa a las mujeres, so peseta.”
El que molestó a Victoria Abril pretendía llegar aún más lejos. Ocurrió en París y bastante tarde. Ella no iba precisamente vestida de colegiala y, aunque llevaba encima un abrigo enorme, el taxista pensó que se la podía beneficiar. Así que, para que le dejara en paz, Victoria le prometió que le enseñaría algo al llegar a casa. Cuando pasaron por
la Plaza del Arco del Triunfo se bajó del coche aliviada porque había gente y cumplió con su palabra: de propina ácida le dejó un calvo.
Isabel Coixet, (directora de cine y de publicidad), me cuenta que uno de sus primeros anuncios fue de una conocidísima marca de detergentes y que, estando en el set diciendo cosas que dicen los directores, como “¡corten!” o “¡acción!”, llegó el presidente de la empresa contratante. Ella continuó con lo suyo hasta que una mano le tocó en el hombro. Era el superpresi en persona que dijo: “Oye, nena, ¿dónde está el director?” Y la nena contestó: “Supongo que soy yo” y siguió como si nada. El superhombre no se disculpó nunca e Isabel le recuerda con un cariño insignificante.
Y, si la publicidad, hace sólo unos años, estaba así de mal, ¿cómo estaría la moda? Según Antonia dell’Atte ese mundillo estaba montado para que los play-boys “se tirasen” a las modelos. Ella no iba a determinadas reuniones y recomendaba a sus compañeras que tampoco asistieran. Los de la agencia, cual proxenetas, la extorsionaban por desobedecer y por malmeter a las demás.
Si esta fuente parece poco fiable tengo otra: Verónica Blume, que, además de gran modelo es mujer discreta. Declara que se ha quedado, por accidente, con los senos al aire en pleno desfile un montón de veces. Y que siempre que ha ocurrido, impepinablemente, ésa y no otra ha sido la foto de portada. En la profesión esto es vox pópuli; cuando a una le tocan transparencias o vestidos peligrosos el comentario del resto es: “¡Qué! ¡Vas a por la portada! ¿Eh?”
Otra de la que se han publicado cosas que no le gustan nada es la cantante Chenoa que, cuando fue novia de David Bisbal, se hartó de leer que el piso que pagaba con el sudor de sus cuerdas vocales se lo había puesto el famoso cantante. Una vez, acompañó a su ex novio a recoger el Grammy Latino en Miami y al día siguiente se hartó de leer “la mujer de” cuando en realidad había ido a Miami a grabar su segundo disco.
Llum Barrera (periodista, actriz y humorista) consiguió una beca en el Abc, allá por el 90, cuando estudiaba periodismo en Barcelona. El jefe de redacción era Francisco Marhuenda, hoy director de La Razón. De lo primero que se acuerda es de esta conversación con él:
“–¿Qué sección quieres?–Deportes.–¡Ni hablar! Ya tenemos para eso hombres”.
También recuerda las visitas del director, Luis María Ansón. Al cual había que recibir en minifalda. Ella se rebeló, argumentando que 16.000 pesetas al mes no le llegaban para un traje de chaqueta que enseñara la rodilla (el uniforme idóneo para ocasiones tan señaladas) y se salvó. Pero, desde entonces, sufre la maldición de la escueta falda. Como actriz ha sido seleccionada en muchas ocasiones para personajes que, de repente, alguien decidía que tuvieran 25 años, estuvieran bien buenas y siempre tuvieran tanto calor como para, ni en invierno en plena ventisca, dejar de ser minifalderas.
Sobre el público español dice que en 2001, trabajando en el programa de televisión Nada Personal, que presentaba en Telecinco Nuria Roca, se dio cuenta de que todavía no está preparado para que las mujeres digamos las mismas burradas que ellos. Su papel era el de “una liberal a lo Loles León, pero sin ser de Almodóvar”. Recibió cartas con lindezas como: “Tú lo que necesitas es un buen rabo” o “No entiendo tu humor ni por qué te dejan salir en televisión siendo así de chabacana”… Con todo este material didáctico, Llum llegó a la conclusión de que las cosas que las mujeres seguimos sin poder decir por televisión son: “Me tiré un pedete”, “me daría un revolcón” o “me tengo que cambiar de bragas”. Parece que el televidente prefiere seguir pensando que las mujeres no defecamos, no deseamos mantener relaciones sexuales y tampoco olemos mal cuando no nos pasamos por agua.
Soledad Mallol, una de las dos Virtudes que todos hemos visto en Matrimoniadas en Telecinco (de nada sirve negarlo; esa audiencia no surge por generación espontánea) me ha contado que en los ochenta en los pueblos de Madrid eran muy brutos. Tanto, que en más de una ocasión tuvieron que abandonar el escenario entre gritos como: “¡Bolleras!”. Según ella, provocaban esas reacciones sólo por tener un discurso feminista llevando minifalda.Una vez, después de que las echaran, el que las había contratado las tranquilizó diciendo: “Tranquilas chicas que es que aquí lo que gusta es la suelta de vaquilla en la disco y el boxeo femenino en top-less”. No muy distinto a lo que este mismo año han organizado en San Pedro de la Viña (Zamora) por las fiestas patronales en horario infantil y en plena calle: “Chica lava tractor” y “Lucha en chocolate”. Así que, de aquellos polvos estos lodos; eso sí, mucho más dulces.
A las archiconocidas Supremas de Móstoles –si las has visto una vez, te has quedado con su rollo y, si no, seguro que has oído hablar de ellas–, no hace tanto, las abuchearon por llevar minishorts en el cartel y actuar con pantalones largos, “que también se llevaban”, subraya una de ellas (Vicky). Susi, además, apunta con el dedo al articulista Antonio Burgos por haber escrito en Abc que eran unas “gordas calentonas” y añade: “Yo no me he acostado con ese señor. Así que no sabe si soy calentorra o no”.
Carolina Noriega, una monologuista cómica y guionista que no tiene nada que ver con el que enseñó el culo en el anuncio de una fanta (ya le gustaría a ella), me contó que el dueño de un local en el que actuó, a la hora de cobrar le dijo: “Tengo la mitad del cuerpo de hombre y la otra de anaconda ¿con cuál quieres hablar?” A lo que debió contestar algo parecido a: “Si no fuera porque me debes dinero,con ninguna”
Paz Vega estudió en un colegio de monjas y, como era antiuniforme, acortaba la falda remangándosela en la cintura –que, digo yo, que qué tendrá que ver estar en contra de ir uniformada con enseñar más cacha–. El caso es que un día, la hermana Josefina, le descosió en medio de la clase todo el bajo. A pesar de las continuas quejas de Paz: “Mire hermana. Si la falda está doblada por la cintura”. La monja se limitó a ordenarla: “Y ahora te vas a tu casa y que tu madre te la cosa”. O sea, que o estaba sorda y ciega o, además de pretender humillarla, quiso castigar a su progenitora con una sesión de aguja, hilo y dedal por permitir que su hija fuera tan fresca (sinónimo de guarra de la época).
Las del cole de Mariví Bilbao (Aquí no hay quien viva…) tampoco parece que fueran de las que se ganaron el cielo. Eran unas “hijas de puta y unas asquerosas”, según Mariví. Supongo que esta definición está teñida por el odio que aún profesa a la que le quitó una cajita de Heno de Pravia en la que guardaba sus fotos de Clark Gable. La monja justificó así la incautación: “Por esto no estudias. Vas a ser peor que bailarina”. Y la verdad es que, como actuar estaba por debajo de bailar en el ranking de la época, monja buena no parece que fuera pero, desde luego, sí que era buena pitonisa.
Rosa María Sardá era oficinista y, cuando dejó lo fijo para dedicarse de lleno a la interpretación, una tía suya publicó a los cuatro vientos: “¿Sabéis que Rosa ya no trabaja? ¡Ahora es actriz!”. Pero no fue sólo con las mujeres de la familia con las que tuvo encontronazos. También recuerda que, estando de gira, se le acercó un gerifalte con su esposa. La señorona, ni corta ni perezosa, le mangó las gafas que llevaba. La Sardá, con la misma soltura, le quitó las bragas, allí mismo, ante la perplejidad de los presentes. Con un par (hoy capicúa).
En 1997, don Guillermo Quintana (un catedrático de Psicología de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid) fue apartado de la docencia porque se le ocurrió convertir en libro toda su doctrina, y el papel, como el algodón, no engaña. Nada tiene de sorprendente ni de denunciable que un profesor obligue a sus alumnos a aumentar las ventas de sus libros. Lo que sus alumnos denunciaron fue lo que contenía su obra maestra La psicología y sus trastornos: “Las mujeres son conformistas, pasivas, débiles, inestables, coquetas y refinadas en el odio y el rencor”. Pero hay para más gente: los negros “inferiores a los blancos”; los orientales “lentos, torpes y carentes de imaginación” y Felipe González, Jordi Pujol y Xavier Arzalluz, “paranoicos”.¿Para qué metió estás enseñanzas en el plan de estudios de la especialidad de Música? Ni idea. Lo que sí sé es lo que logró: un revuelo mediático que le cambió la vida… Mientras el rector le mantenía apartado de las aulas, él presentaba una baja por enfermedad detrás de otra y tuvo que pedir a su editorial, Central Catequística Salesiana (CCS), la retirada del mercado de las polémicas 463 páginas. Mis fuentes no han podido confirmar si, en este caso, la editorial sabía lo que publicaba.También en 2002, otra pluma suelta pagó las consecuencias. Santiago López Castillo, director y presentador del programa Parlamento de TVE, desde hacía cinco años, fue destituido por el escándalo que generó lo que escribió en el periódico Guadalajara Dos Mil bajo el título El país más progre del mundo: “Leire Pajín, la joven socialista, ‘morritos Jagger’, que exhibe algunos atributos respetables pero insuficientes para compensar su cacumen o inteligencia”. Gobernaba el PP y fue ella misma quien me contó orgullosa el final de esta historia.
En 2002 se denunció al autor del libro La mujer en el Islam (con una tirada de 2.800 ejemplares). El imán de Fuengirola, Mohamed Kamal Mostafa escribió:“Algunas de las limitaciones a la hora de recurrir al castigo físico son: nunca se debe pegar en una situación de furia exacerbada y ciega para evitar males mayores”. O sea pégale pero no la mates.“Los golpes se han de administrar a unas partes concretas del cuerpo, como los pies y las manos, debiendo utilizarse una vara no demasiado gruesa, es decir, ha de ser fina y ligera para que no deje cicatrices o hematomas”. O sea pégale pero que no se note. “Los golpes no han de ser fuertes y duros, porque la finalidad es hacer sufrir psicológicamente”. O sea pégale pero sólo para torturarla.El revuelo fue enorme, las consecuencias no tanto.En el juicio alegó que sólo había traducido El Corán. La fiscalía lo negó. Jadicha Candela, portavoz del Congreso de Mujeres Islámicas, declaró: “Ese señor calumnia al profeta. Le paga Arabia Saudí y es un sicario de la ideología ultraintegrista wahabí, imperante en ese país”. (En Arabia Saudí, el 1 de abril de ese año, la Corte de Casación de Emiratos Árabes Unidos, el máximo órgano judicial, dictaminó que “un marido tiene derecho a pegar a su mujer con el objeto de disciplinarla, mientras los golpes no sean tan severos que lleguen a dañar sus huesos o deformar su cuerpo”).
Al final sólo estuvo en prisión tres semanas. El juez decidió excarcelarle a cambio de que hiciera un curso sobre derechos humanos y la Constitución española –seguro que con eso cambió de opinión–. La Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas lo aplaudió porque “la actitud más noble es el perdón”. Eso: ¡cerremos las cárceles!