Jazz y ZP en la misma frase
Las cosas coinciden. El otro día tuve que acompañar a Chus a ver Chicago. Nunca había ido a ver un musical y la verdad es que no me decepcionó, pero acostumbrada a ser una chica de lo audiovisual, algunos momentos de la representación me parecieron bastante cutres. No sé. Quizá fuera el ambiente. El olor de aquel sitio. El aspecto del público cuya media de edad no bajaría de los cincuenta. Las señoras emperifolladas y horteras creyendo aparentar algo muy glamouroso para luego comportarse como niñas de doce años y gritar ¡guaaaapo! al protagonista de ‘Amar en tiempos revueltos’. No sé. Ya digo. Quizá fuera la purpurina en el aire. No sé, no sé. Lo que si sé es que los musicales son como la política. No sólo por lo kitsch, también por sus seguidores, cuya media de edad no bajará de los sesenta.
Esta mañana escuchaba la radio en el autobús y los locutores de un programa musical se burlaban de ZP por su reciente pérdida de popularidad. Entonces las cosas coincidieron en mi mente. Me acordé de Chicago e imaginé al presidente bailando claqué en la celda de una cárcel de la que sólo se puede salir embobando a la prensa y a los espectadores con mentiras y frases fáciles. Esta cárcel se llama Crisis. Esta cárcel se llama Quiebra. Esta cárcel se llama Caída y esta es la cárcel en la que estaremos todos presos hasta que esos inútiles dejen a un lado victimismos y la culpa la tienes tú y no, que la tienes tú tú tú y yo tengo la solución pero no te la digo HáHáHá. Y entonces el mundo se llena de risas malévolas a la espera recochinear puestos. De ser las primeras en un ficticio hall of fame. De ser las mejores en mover un esqueleto de lentejuelas y plumas que a mí tan poco me interesa.
INSERSO RULES
Ya está bien de que los viejos del mundo se pasen la vida en los banquitos de la plaza. Que trabajen, joder, que trabajen. ¿Qué es eso de jubilarse a los sesenta y cinco? Cuánto me avergüenzo de ti, abuela: con lo buena mujer y profesora que eras y ahora estás ahí, malgastando tu tiempo, haciendo como que descansas. Si trabajaste durante más de cuarenta años ¿qué te impide hacerlo otros diez? ¿No te das cuenta de que los jóvenes somos unos desganados que jamás vamos a querer ocupar tu plaza? ¿No os dais cuenta, sesentones vagos, de que entre carreras, Erasmus, posgrados e híper-alargadas-y-pesadas-formaciones-profesionales, no habremos terminado los estudios ni cuando tengamos vuestra edad?Sólo vosotros controlaréis el devenir del mundo. O eso queremos nosotros, los políticos más previsores. Queremos presidentes octogenarios. Queremos panaderos y camioneros arrugados, diabéticos y con ceguera. Queremos profesores que se comporten como señores, tan respetables, con bastón para pegarnos en la cabeza a quienes no les atendamos.Imserso rules. Yeah. Pasodobles en el autobús (se acabó Kiss FM). Hans Topo el conductor. Muerte a los Ni Ni. Viva lo senil. “Hijita querida, cuida tú a mi nieto que yo esta tarde tengo reunión de empresa y no le puedo llevar al parque”. Geriátricos deshabitados: porque cuanto más trabajemos menos tiempo para enfermar nos quedará. El mundo al revés. Ancianos grafiteros en patines. Los gamberros de la boina. Trabajar hasta el fin de nuestros días. Y agradezcamos esta maravillosa medida. Y recemos al señor por llegar a los cien años, para, quién sabe, poder tener entonces un poquito de paz; una pensión digna.
GENERACIÓN SIMPSON
Uno de los próximos libros que quiero leer es ese sobre la filosofía y Los Simpson. Reconozco que soy seguidora de la familia amarilla desde que recuerdo. Muchos piensan que es una serie muerta, que los capítulos repetidos son insufribles y que ya han perdido toda su gracia. Aún así quiero sumarme a la celebración de sus veinte años en nuestras pantallas. Los Simpson, ahora, representando a mi generación. Es cierto que hay ocasiones en las que los chistes no suenan tan divertidos como la primera vez, pero si el hombre es el único capaz de tropezar dos veces con la misma piedra, también es capaz de reírse dos veces, o cien, con alguna de las ocurrencias del semidiós Homer. ¿Cuántas veces hemos soñado ser como él? ¿Cuántas: quedarnos en casa, rascarnos, beber cerveza, tragarnos los programas más odiosos de la tele, eructar, dormir siestas eternas, comer bandejas de dulces y dulces y dulces… sin acabar con una indigestión? Es posible. Se puede ser así. O eso nos dicen los medios y los que proclaman esta, nuestra generación Simpson, más bien como una generación Ni-Ni de vagos sin sueños, sin ganas de hacer nada, sin aspiraciones, apáticos y gruñones. Qué miedo, ¿no? ¿Qué tipo de futuro nos espera? ¿O a qué tipo de futuro nos dejan, en muchos casos, aspirar? No confío en los vagos aunque los envidio. Pero menos confío en aquellos que acusan idiotas a los jóvenes que no tienen iniciativas, si bien cuando alguno de nosotros la tiene, nos tachan como “demasiado jóvenes”, “no válidos”, “listillos”. ¿Qué va a pasar ahora, amigos? No lo sé. Como dice el poeta Javier Moreno en Renacimiento: “Oh, dios, Simpsonízame”.
WANTED
Se busca. Se busca a Gaspar Llamazares por idear el atentado más impactante y terrible de la historia. (Se busca su rostro arrugado, su pelo cano, despeinado, su cara de malísimo). Se busca la dignidad de Aminatou Haidar frente a la presión que la policía marroquí ejerce sobre ella cada vez que quiere visitar a su familia y a sus amigos. Se busca el pijama de Herman Tertsch. Se busca a los ciudadanos fantasma de Torrejón de Ardoz, se buscan sus datos, sus papeles, su derecho a pertenecer a un lugar. Se busca a los xenófobos, a los intolerantes, a los que no saben convivir. Se busca a Bonnie y se busca a Clyde. Pero, sobre todo, lo más necesario, lo que más importa ahora es encontrar otra cosa: ayuda para los supervivientes en Haití. No nos valen sentencias bíblicas ni soluciones disparatadas que sólo se basan en echarle la culpa a los que sí que están haciendo algo. Porque el terremoto de Haití sí es un problema y no hay cosa más importante ahora que tratar de salvar a todas esas vidas en juego. No vamos a ponernos a discutir ahora cuál de nosotros es mejor, o qué país es más guay en su misión de ayuda. Mientras algunos en la televisión se ceban con los políticos y con las Naciones Unidas la naturaleza sigue arrasando la isla caribeña con nuevos seísmos y más miedo. Sin embargo, y afortunadamente: Se Busca. Y se sigue buscando. Y a veces, aunque yo nunca haya creído en esa palabra, ocurren “milagros” y los servicios de rescate continúan encontrando pequeñas vidas entre los escombros. Alegrémonos por cosas como ésta y dejemos apartadas, al menos un minuto, las guerras y las conspiraciones.
A partir de la semana que viene trasladamos la columna “Mundo Fantasma” a los martes. Muchas gracias.
Desdeñosa
Entre el aborto y las bodas gays nos vamos a quedar muy solitos, ¿no, Benedicto? Entre el aborto, los gays, la Crisis Mundial, la falta de ayudas para el embarazo, el precio de los pañales, el de las sillitas para el coche, el precio, en general, de toda una vida. Nos vamos a quedar muy solitos y con muy poca fe. De qué se extraña, amigo, Dios los crea y ellos se juntan: ellos con ellos, ellas con ellas, y adiós al Ser Humano. Piense que a lo mejor el Creador, como todo artista, haya querido revisar sus primeros planos universales y publicar una nueva edición de éstos en los que el ciudadano pueda ser libre de amar a quien él elija. Piense que quizá el Creador, como todo dios, se haya cansado ya de su molesta creación y esté de acuerdo en asumir el riesgo de vernos desaparecer; y llorará, no lo dude, al despedirse, éramos tan bellos.Llorará, como yo lo hice tras la muerte de Lhasa de Sela, una de las cantantes-poeta más visceral y maravillosa del panorama. ¿Sabe, Benedicto, que esta mujer murió hace pocos días, con treinta y siete años, víctima de un cáncer de mama? ¿Cree que no es terrible para La Creación que una artista de este calibre nos deje tan joven? ¿Cree que no éramos felices quienes oíamos su música? ¿Cree que no son felices igualmente esas parejas que deciden compartirlo todo y a los que usted discrimina? ¿Le importa más su secta que la felicidad de las personas?“Desdeñosa, semejante a los dioses”, su voz, repitiéndose. Porque, amigo Benedicto, lo único que pone en peligro al mundo, es esta tristeza tan grande que siento cuando sé que algo tan hermoso se ha ido, mientras usted y su esencia biológica no dejan de soltar sandeces caprichosas.
La culpa es de los padres
“La culpa es de los padres que las visten como putas” es una frase-hit del cine, de los blogs y de las letras de algunos grupos tontipop. Leo “la culpa es…” y primero me río. Es gracioso, claro, pensar en esos padres que visten a sus nenas con minifaldas de color rosa durante toda su infancia y preadolescencia. Nenas que luego crecen y deciden exponer sus voluptuosidades en los Fotologs y Tuentis que Dios les ha dado, con fotos semidesnudas en cuartos de baño y espejos pixelados. Después vendrán los comentarios cerdos, las proposiciones obscenas de otros usuarios, las agresiones lingüísticas. La culpa, entonces, no es solo de los padres sino también de ellas y de sus voyeurs: porque hay que saber respetarse a una misma para que los demás te respeten. Hay que saber utilizar el cuerpo, pues muchos creen que no es un elemento válido.
Leo esa famosa frase y también me acuerdo de la ironía de Itziar Ziga en el ensayo Devenir Perra al decir que “hay minifaldas demasiado cortas antes que hombres demasiado violentos”. Con esta cita quiero señalar que todavía hoy se toman demasiadas cosas de la libertad femenina para tachar a las mujeres de putas o de provocadoras; para decir “si ella solita se lo ha buscado”; para sentenciar “esta noche te violan”. ¿Por qué tener miedo? ¿Por qué no poder mostrar lo que una quiere? ¿Por qué soy una guarra al hablar de esto o de aquello? No digo que todos los hombres sean unos seres malotes, ni que todas las mujeres estemos concienciadas de esto. Pero se me ocurre este tema a raíz de la entrada del nuevo año y de la ya estrenada lista del maltrato de género… ¿De nuestra educación? ¿De este país nuestro feo, católico y sentimental? ¿De nuestros padres? La culpa es de todos, por comportarnos como idiotas.
La gran borrachera
Podríamos ponernos sensibles por ser el fin del año: en este día viejuno uno siempre tiende a hacer memoria –histórica y acaba mirando con ojos tristes el platillo de las doce uvas “pero, ay! cómo pasa el tiempo ¿ya estamos aquí reunidos de nuevo? ¿Otra vez la sonrisa de Ramón García? ¿Otra vez la botella de Sidra el Gaitero como preludio de esa borrachera Estatal?”… Todos los años lo mismo. Aunque también podríamos hacer “algo diferente y original”, algo como “una campaña para que la gente rece mucho” porque qué cosa mejor puede hacer un humano que rezar. Podríamos imitar a Luis Fernando Pérez Bustamante y en vez de crear una esquela por cada niño y niña víctima del aborto, hacerla por cada una de las injusticias que este 2009 nos ha traído. Aprovechemos entonces, los que no entendimos quién era quién, o quién robaba cuánto en el caso Gürtel, para comprender mejor el mundo gracias a los resúmenes de voces e imágines de archivo. Aprovechemos para recordar por qué sufrimos tanto, por qué fuimos tan pobres, por qué estuvimos tan enfrentados. Pero eso sería demasiado fácil. Acordarse de lo feo es siempre mucho más fácil que acordarse de lo bueno. De todos modos, ¿a quién le interesa lo bueno si hasta en los días supuestamente hermosos como éstos seguimos discutiendo sobre lo pecaminoso del aborto, sobre la incomprensible pena de muerte en las grandes potencias mundiales, sobre el terror y el pánico ante la Gripe A, que, bah, al final no era tan grave? La Noche Vieja se hizo para olvidar. Porque yo tampoco recuerdo las cosas que nos hicieron reír, me emborracharé esta noche, como el resto del país, para ver si al despertar, tan resacosos, el 1 de enero de 2010 fuera capaz de traernos algo distinto.
Señoras
Se me ha estropeado el ordenador, y sin él no soy nadie. Ya no puedo entrar a Facebook para hacerme fan de “Señoras que se ponen bolsas del Mercadona en la cabeza cuando llueve” o “Señoras que se tiñen el pelo de lila”, o “Señoras que envuelven el mando de la tele en plástico”… No. Se acabó el ocio. Prometo pasar unas navidades familiares, y sin ordenador. Prometo ver el discurso del rey en alta calidad, porque éste no es un discurso para cualquiera: éste es el discurso de una monarquía panorámica y moderna. “Señoras que pelan gambas mientras disfrutan del nuevo formato televisivo de la Casa Real”. Venga. Y el año que viene un holograma. Para sentirlo más cerca y que exprese su orgullo susurrando en nuestra oreja.
Pero la navidad, para muchos, no va a ser tan hermosa. Si no te ha tocado El Gordo. Si el pavo es demasiado pequeño. Si tu compañía de aviones te deja en tierra y manda tu esperado viaje a hacer cometas, y entonces te quedas tirado en la Terminal, y te pones en huelga de hambre porque parece que a uno le tienen que sonar las tripas para que le hagan caso. Si te resfrías por el frío siberiano y tu doctor no te da la baja porque así a él le pagan un poquito más. Si te despiertas y no tienes ordenador, o has recibido una carta en la que se te deniega aquella beca, o los precios del salmón, que han subido, y la marca de mantecados de este año tiene un nombre tan cutre que da risa… ¿dónde queda esa imagen, Rey Mago Nuestro, de un país panorámicamente moderno? “Señoras que lloran porque no pueden comprarle un juguete chulo a sus nietos, señoras con el espíritu festivo cada vez más pobre… Señoras que pasan las Navidades solas”. Juro no hacerme fan.
WE ARE MONSTERS
Ya ni siquiera hace falta concursar en programas como Gran Hermano para hacerse famoso. Si quieres miles de fans en Facebook sólo tienes que meterle un cate al presidente corrupto y populista de turno. Me siento vieja, de pronto, por pertenecer a esa generación en la que decíamos: “te voy a meter dos yoyas”, pues los jóvenes de hoy en día sólo sabrán expresar sus síntomas de violencia diciendo: “te voy a pegar dos Tartaglias que te vas a enterar”. Aprovechando el Tartagilismo reciente, en los medios sólo se encuentra la palabra agresión. Que se lo digan al pobre Wyoming. Estoy segura de que cualquiera de estos días Esperanza Aguirre se atreverá a declarar que como aquél que propinó una paliza a Tertch, el agresor de Berlusconi también era espectador de El Intermedio, porque claro, todos sabemos cómo es ese terrible programa que incita a las personas a agredir a quienes no piensan como ellos.
Decir que vivimos en un mundo de idiotas no es aportar nada nuevo. Decir que nos cansan las guerrillas de medios, los protagonismos absurdos, las mentiras de un lado para otro: ping-pong de la falacia… Decir que a veces hay que tomarse las cosas con humor, y que nunca entendemos el sarcasmo, no tiene sentido. Irónicamente mañana se estrena “Donde viven los monstruos”, la última película de Spike Jonze basada en el cuento de Maurice Sendak. Resulta curioso cómo autor y cineasta deciden retratar a esos monstruos como uno seres entrañables que no dan nada de miedo. Somos nosotros, entonces, y nuestro mundo, los verdaderos monstruos. Además, pensándolo bien, hasta el Yeti es más simpático que Silvio Berlusconi.
Cumbre borrascosa
De pronto, la alarma. Como si Dante’s Peak fuera a estallar de nuevo. Pero nadie sabe nada del cambio climático, que es muy grave, que si los polos se derriten como helados en agosto, que si los que más emisiones nocivas lanzan van a seguir fastidiando… Lo cantaba Kortatu: “Mañana hará el tiempo que a mí me dé la gana”. Porque el mundo nos importa de cumbre a cumbre, de tratado a tratado, y más tarde nos olvidamos de que todo se va a la mierda. A la gente no le importa lo que vaya a ocurrir de aquí a 2100, ni si sus biznietos habrán de olvidar el significado de la palabra bufanda o tendrán que llevar mascarillas o escafandras por culpa de la polución. Dicen que es grave, que es muy grave, el fin del mundo.Aunque lo que sí me parece terrible es que el cambio climático también vaya a acabar con la poesía, pienso: y cuando las estaciones del año sean una sola, siempre calurosísima y árida, ¿quién comprenderá los antiguos haikus dedicados a la primavera, quién hablará de la nieve grisácea en sus versos, quién verá a Anna Ajmátova morir con la llegada del otoño? Qué catástrofe. Si contra el cambio climático ya intentan luchar nuestros políticos en esta Cumbre del Clima en Copenhague, deberíamos pedirles que combatan, por favor, la muerte literaria del paisaje y su meteorología. Si ya no hay nada que describir, si ya no hay sensaciones térmicas de las que hablar y el mundo se vuelve aburrido, es porque nos lo merecemos. Cómo nos gusta destrozar, qué poco sensibles somos, cuánto gaseamos. Ultimátum a la tierra. Ya lo cantaba Kortatu: “El hombre del tiempo ahorcado”.